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Full text of "Pablo y Virginia"

VR JNO B v'TEBB IKP, 







to jf^sw/aMijs 



PABLO 



VIRGINIA, 

FOTt JACOBO BERNARDINO HENRIQUE 
DE SAINT-PIERRE. 



TRADUCIDO EN ESPANOL FOR 



DON JOSEF MIGUEL ALE A. 



.JVliserls succiirrere disco. 

Enei. lib. 1. 



PHILADELPHIA: 

EN LA IMPRENTA DE M. CAREY. 

1808. 



£Bfl 




PROLOGO DEL AUTOR. 



Me he propuesto grandes designios en esta 
obrita, en la qual he procurado pintar un suelo, 
y producciones diferentes de las de nuestra 
Europa. Harto tiempo han estado en pose- 
sion nuestros poetas de poner a reposar sus 
amantes a las orillas de los arroyuelos, en las 
praderias, y a la sombra de las hayas. Yo he 
querido sentarlos en las riberas del mar, al pie 
de los penascos, a la sombra de los cocoteros, 
de los platanos y limoneros en flor. No faltan 
a la otra parte del mundo sino Theocritos y 
Virgilios para que tengamos descripciones 
tan interesantes, a lo menos, como las de nues- 
tro pais, Se que algunos viageros de gusto 
nos han hecho pinturas encantadoras de muchas 
islas del mar del Sur, pero las costumbres de 
los habitantes, y aun mas las de los Europeos 

que 



( w ) 

que aportan a ellas, afean y desfiguran por lo 
regular estos quadros. Yo he deseado reunir 
a la belleza de lanaturaleza, entre los tropicos, 
la belleza moral de una sociedad poco nume- 
rosa, proponiendome al mismo tiempo demos- 
trar grandes verdades ; entre otras : " que 
" nuestra felicidad consiste en vivir segun las 
" leyes de la naturaleza y de la virtud, diri- 
" gidas por las infalibles verdades del evan- 
" gelio." 

Para pintar familias felices, no he neceskado 
inventar una novela. Puedo asegurar que las 
de que voy a hablar, han existido realmente, 
que su historia es verdadera en sus principales 
acontecimientos, certificados en mi presencia 
por muchos colonos, a quienes he conocido en 
la isla de Francia. No he hecho mas que ana- 
dir algunas circunstancias indiferentes, que 
siendome por otra parte personales, tienen, 
hasta en esto, cierta especie de realidad. 
Quando forme, algunos aiios ha, un diseno 
muy imperfecto de esta especie de pastoral, 
procure leersela a una dama que freqiientaba 
lo que se llama el gran mundo, y a personas 
graves que vivian muy apartadas de el, a fin 
de prever el efecto que produciria su lectura 
en gentes de caracteres tan diversos, y tuve la 
satisfaccion de verlos a todos derramar lagri- 
mas. Este fue el unico jucio que pude for- 

mar 



( v ) 

mar de la obra, y esto era cabalmente lo que 
yo deseaba ver comprobado. 

Mas como, por lo comun, la presuncion es 
un vicio compafiero de la cortedad del talento, 
cai en la vanidad, con tan buen suceso, de inti- 
tular mi obra : Pintura de la natiiraleza. Pero 
habiendo reflexionado despues, por dicha mia, 
quan distante estoy de conocer el clima en que 
naci, quan rica, variada, amable, magnifica 
y misteriosa se presenta la naturaleza en aquel- 
los paises, donde no he visto sus produc- 
ciones, sino de paso ; y por ultimo, quan age- 
no me hallo de poseer aquella sagacidad, ex- 
presion y gusto que se requieren para cono- 
cerla y retratarla, volvi en mi y agregue este 
debil ensayo a mis Estudios de la naturaleza, 
que el publico ha acogido con tanta benigni- 
dad, a fin de que recordandole este titulo mi 
incapacidad, merezca como hasta aqui la con- 
tinuacion de su indulgencia. 



a 2 



PABLO 



VIRGINIA. 



E 



i n la ladera oriental del monte que se eleva 
a espaldas de Puerto-Luis, en la isla de Francia, 
se ven, en un terreno antiguamente cultivado, 
las ruinas de dos pequenas chozas, situadas 
casi en el centro de una ensenada rodeada de 
escarpadas rocas, y con sola una entrada al 
norte. A la parte izquierda de este sitio, se 
descubre la montana llamada el morro de la 
Descubierta, que es la atalaya desde donde se 
senalan las naos que aportan a la isla, y al pie 
de ella, la ciudad nombrada Puerto-Luis ; 
sobre la derecha el camino, que va de Puerto- 
Luis al arrabal de las Pamplemusas, en seguida 
la iglesia de este nombre, que se eleva, con 
sus avenidas de bambues 6 cafias, en medio 
de una espaciosa llanura ; y mas alia un bosque 

que 



* PABLO Y VIRGINIA. 

se extiende hasta las extremidades de la isla. 
Enfrente se distingue la bahia del Sepulcro en 
la playa del mar ; un poco mas sobre la dere- 
cha el Cabo desgraciado ; y despues del cabo, 
el anchuroso oceano, donde aparacen, a flor 
de agua, varios islotes inhabitados, entre otros 
el llamado Mira, que parece un baluarte en 
medio de las olas. 

A la entrada de esta especie de ensenada, 
desde donde se descubre tanta variedad de 
objetos, los ecos del monte repiten sift cesar 
el zumbido de los vientos que agitan los bos- 
ques inmediatos, y el susurro de las olas que 
se estrellan a lo lejos en los arenales y pefiascos. 
Mas al pie de las chozas, no se siente ningun 
ruido, ni se descubren en todo su contorno 
mas que enormes riscos, escarpados a manera 
de murallas, a raiz de los quales, en sus 
grietas, y hasta en sus cimas, crecen grupos 
de arboles donde se detienen las nubes. Las 
Uuvias atraidas por sus picos, retratan muy a- 
menudo en las verdipardas lomas del monte los 
colores del Iris, y proveen de agua las fuentes 
de que se forma en la falda el pequeno rio 
nombrado de los Lataneros. 

En su circunferencia, reyna un profundo 
silencio, y todo es apacible, el ayre, la luz y 
las aguas. El eco apenas repite alii el murmul- 
lo de las palmeras, que crecen en la eminencia, 

cuyas 



PABLO Y VIRGINIA. 3 

cuyas largas hojas, rematando en forma de fle* 
cha, se ven continuamente agitadas por los 
vientos. Una apacible claridad ilumina el fon- 
do deeste recinto, adonde no penetra el sol 
hasta el media dia ; pero desde que apunta la 
aurora, banan sus rayos toda la cumbre, cuyos 
elevados picos, sobrepujando a las sombras del 
monte, paracen de oro y purpura sobre el azul 
de los cielos. 

Gustaba yo de freqiientar este sitio donde 
se goza a un tiempo la vista de un inmenso 
horizonte, y la soledad mas profunda. Estan- 
do pues tentado un dia al pie de estas chozas, 
examinando sus ruinas, paso no lejos de mi 
un hombre de avanzada edad, descalzo, con 
calzon largo y chaqueta, segun la costumbre 
de los antiguos habitantes del pais, y un caya- 
do de ebano en la mano en que se apoyaba. 
Eran sus cabellos blancos como la nieve, y su 
fisonomia magestuosa y noble. Saludele con 
respeto, y el me correspondio con el mismo ; 
y habiendose parado a mirarme con atencion 
un breve rato, se dirigio adonde yo estaba, y 
se sento a mi lado. Animado yo con esta de- 
mostracion de confianza, le dirigi la palabra 
en estos termmos. - 

" ^ No me direis, buen amigo, a quien han 
u pertenecido estas chozas?" Y el me respon- 
dio : u Estos escombros, sen or, y este terre- 



10 PABLO Y VIRGINIA. 

V no inculto, fueron habitados, ahora veinte 
" afios, por dos familias que habian encontra- 
" do aqui la felicidad. Su historia es de las 
" mastiernas; pero en esta isla, que esta al 
" transito para las Indias orientales, l que 
" europeo puede interesarse en la suerte de 
" algunos particulares obscuros ? i Quien 
" querria vivir aqui feliz, pero ignorado y po- 
" bre ? Los hombres solo desean saber las 
" historias de los grandes y poderosos de la 
" tierra, que acaso no son de tanto prove- 
" cho," 

" Ya conozco, amigo, le conteste, en vues- 
44 tro semblante y modo de expresaros, que 
u poseeis gran caudal de razon y de experien- 
u cia, y asi, si no estais de prisa, os ruego 
" me digais todo lo que sabeis acerca de los 
" antiguos moradores de esta serrania : y 
u creed que el hombre, aun el mas depravado 
" con las preocupaciones del mundo, se com- 
u place en oir hablar de la felicidad que pro- 
*' porcionan la naturaleza y la virtud, dirigidas 
" por la religion." 

Entonces el anciano, despues de haber te- 
nido aplicada breve rato la mano a la frente, 
como en ademan de quien procura traer a la 
memoria diversas circunstaricias de algun he- 
cho, me refirio lo siguente. 

En 



PAULO Y VIRGINIA. li 

y^ En el ano de 1726, un joven natural de 
Norrtiandia llamado Mr. de la Tour, despues 
de haber solicitado, aunque imitilmente, en- 
trar en el servicio del rey de Francia, y los 
auxilios necesarios de su familia para este fin, 
determino pasar a esta isla con el objeto de 
mejorar su suerte. Traiaen su compaiiiaa 
una hermosa joven, a quien amaba con ter- 
nura, y era igualmente correspondido de ella, 
con la qual se habia casado en secreto y sin 
ninguna dote ; porque siendo ella de una rica 
y antigua casa y familia de su provincia, se ha- 
bian opuesto al casamiento los parientes, con 
el pretexto de que Mr. de la Tour no era de 
noble linage y caballero. Dexola en Puerto- 
L.uis a pocos dias de su llegada, y se embarco 
para Madagascar, con la esperanza de com- 
prar en aquella isla algunos negros, y volverse 
prontamente a hacer aqui un establecimien- 
to. En efecto, desembarco en Madagascar a 
mediados de Octubre, que es alii la estacion 
mas peligrosa ; y a pocos dias de haber des- 
embarcado, murio de las fiebres piitridas, que 
reynan en aquella isla casi los seis meses del 
ano, y que impediran siempre a las naciones 
europeas formar en ella establecimientos 
fixos. 

Todos sus efectos fueron disipados, despues 
de su fallecimiento, como ordinariamente su- 

cede 



12 PABLO Y VIRGINIA. 

cede a los que mueren lejos de su patria. Su 
muger se hallo sola en Puerto-Luis, viuda, en 
cinta, y sin mas bienes propios que una ne- 
gra, en un pais extrano, sin credito, ni reco- 
mendacion alguna. Decidida en tan triste 
situacion, a no mendigar favores de ningun 
hombre, despues de la muerte del unico a 
quien tiernamente habia amado ; e inspiran- 
dole valor su misma desgracia, determino 
cultivar con su esclava, una corta porcion de 
terreno, a fin de adquirirse su subsistencia 
con el sudor de su frente. 

En una isla, casi desierta, cuyo suelo estaba 
a discrecion del primero que Uegaba, no quiso 
esta pobre viuda elegir los parages mas feraces, 
ni los mas proporcionados para el comercio, 
sino que buscando alguna quebrada de monte, 
algun asilo encubierto donde poder vivir des- 
conocida y sola, se encamino a estas breiias, 
para guarecerse en ellas como en un nido. 

Es como una especie de instinto, comun a 
todos los seres sensibles y afligidos, el refu- 
giarse a los sitios mas asperos y desiertos ; 
como si los penascos fuesen baluartes contra 
el infortunio, 6 como si la tranquilidad de la 
naturaleza pudiese calmar la inquietud y zo- 
zobras del animo conturbado. Pero la pro- 
videncia, que viene en nuestro auxilio quando 
solo buscamos los bienes necesarios, tenia re- 

servado 



PABLO Y VIRGINIA 13 

servado uno a madama de la Tour, que no dan 
ni pueden dar el poder y las riquezas. I Y 
qual era este bien ? Una amiga. 

Un aiio habia que habitaba en este mismo 
sitio una buena muger, activa y sensible, 11a- 
mada Margarita. Era natural de la Bretaiia, 
hija de unos pobres labradores, que la ama- 
ban como a las ninas de sus ojos, y la hubieran 
hecho feliz, si ella incauta no hubiera tenido 
la flaqueza de dar credito a las insinuaciones 
amorosas de un caballero de su vecindad, ase- 
guradas con la promesa de futuro matrimonio. 
Mas este inhumano, habiendo saciado su libi- 
dinosa pasion, la abandono con crueldad, y 
aim se nego a asegurarle una subsistencia pa- 
ra el fruto que ya llevaba en sus entrafias. Ella 
entonces, persuadida de su desgracia, se resol- 
vio a dexar para siempre el iugar de su naci- 
miento, y venir a ocultar su fragilidad a las 
colonias, lejos de su patria, donde habia per- 
dido la unica dote de una doncella honrada y 
pobre, la reputacion. Un negro, ya de edad, 
que Margarita habia adquirido con algun dine- 
ro prestado, cultivaba con ella una ripconada 
de este terreno, (y vivian felices). J^ 

Madama de la Tour, seguida de *sa negra, 
hallo en este sitio a Margarita, que estaba dan- 
do de mamar a su hijo ; y alegrandose extraor- 
dinariamente de encontrar a una muger en 
b situacion 



U PABLO Y VIRGINIA. 

ttituacion tan parecida a la suya, le significo eii 
pocas palabras su estado antiguo y sus necesi- 
dades actuales. Inmediatamente que oyo Mar- 
garita la relacion de madama de la Tour, 
quedo penetrada de compasion acia ella ; y 
queriendo merecer su confianza, mas biem que 
su estimacion, le confeso, sin disimularle na- 
da, la imprudencia que habia cometido, afia- 
diendo : Yo si que he merecido la suerte que 
mecabe; pero vos, sefiora.... sin culpa ydes- 
graciada ! Y despues de esto le ofrecio con 
lagrimas su choza y amistad. 

Madama de la Tour penetrada de gratitud al 
ver tan tierna y generosa acogida, le dixo 
estrechandola entre sus brazos : " J Ay buena 
amiga ! sin duda quiere el cielo poner ter- 
mino a mis crueles penas, pues os inspira 
mucha mas compasion acia mi, siendo co- 
mo soy para vos una persona extrafia, que 
la que he hallado hasta ahora en mis deudos 
mas cercanos ! 5> 
Yo conocia a Margarita, y la visitaba como 
amiga, pues aunque vivo legua y media de 
aqui en el bosque que esta de la otra parte de 
la montaiia-larga, me consideraba como veci- 
no suyo. En las ciudades de Europa, una 
calle, un simple muro impiden a los miem- 
bros de una misma familia juntarse y comu- 
nicarse anos enteros ; pero en las nuevas colo- 

nias 



PABLO Y VIRGINIA. l.> 

nias se miran como vecinos aquellos que solo 
. viven separados por alguna montana 6 bosque. 
En aquel tiempo con particularidad, en qu 
esta isla apenas tenia comercio con las Indias. 
la simple vecindad era un titulo para la amistad, 
y la hospitalidad con los extrangeros una obli- 
gacion y un placer. 

Quando supe que mi vecina tenia compa- 
iiera, vine a visitarla para ofrecerle mis servi- 
cios y ser de alguna utilidad a entrambas. 
Halle en madama de la Tour una muger de 
una fisonomia atractiva llena de dignidad y 
melancolia, y en dias de parir. Yo les dixe 
que convenia (por el interes de sus hijos, y 
particulamiente por evitar que otro colono se 
apoderara del terreno) partiesen entre si el 
fondo de este valle, cuya extension es de cerca 
de veinte yugadas. 

Ellas se pusieron en mis manos para esta 
division, y yo forme dos porciones casi iguales. 
La una contenia la parte superior de este re- 
cinto, desde la extremidad de esos peiiascos 
cubiertos de nubes, donde tiene su nacimien- 
to el riodelosLataneros hasta aquella abertura 
escarpada que veis^en lo alto del monte, llama- 
da la Cureiia, porque efectivamente se se- 
meja a una cureiia de canon. El fondo de 
este suelo es un puro pedregal, por el qual 
apenas se puede caminar; pero no obstante, 

produce 



16 PABLO Y VIRGINIA. 

produce frondosos arboles, y esta manando 
en fuentes y arroyuelos. 

En la otra portion entraba toda la parte in- 
ferior, que se extiende a lo largo de las maf- 
genes del rio de los Lataneros hasta esta gar- 
ganta donde nosotros estamos, desde la qual 
comienza a correr el rio entre dos colinas hasta 
el mar. Ya alcanzais a ver desde aqui aquellos 
listones 6 faxas de prados ; y un terreno bas- 
tante igual y llano ; pero ni por eso es mejor 
que el otro, porque en lioviendo se vuelve 
pantanoso, y en tiempo de sequedad duro co- 
mo un guijarro. 

Verificadas estas divisiones, persuadi a las 
dcs, echaran suertes sobre su propiedad. 
Cupo en suerte la parte superior a madajna de 
la Tour, y la inferior a Margarita, quedando 
una y otra contentas con su parte ; pero me 
pidieron que no me alejara de estas inmedia- 
ciones, con el fin de que pudieramos vernos 
a menudo, ayudarnos y valernos mutuamente 
en nuestras cuitas. ^ 

Pero todavia se necesitaba una habitacion 
particular para cada una. La de Margarita es- 
taba situada en medio del llano, precisamente 
en los confines de su terreno. Determine, 
pues, construir otra igual, alii inmediato, en 
los lindes del de madama de la Tour para su 
habitacion ; por manera que estas dos amigas 

vivian 



PABLO Y VIRGINIA. W 

vian vecinas una de otra, en la propiedad res- 
pectiva de sus familias. Yo mismo corte las 
maderas en el monte, y conduxe de la ribera 
del mar las hojas de los lataneros, para levantar 
esas dos chozas que teneis a la v^ta sin puer- 
tas ni tejado. Ay de mi triste ! demasiados 
vestigios existen todavia para tormento de mi 
memoria ! El tiempo que con tanta rapidez 
reduce a polvo los monumentos de los impe- 
rios, parece que respeta en este lugar solitario 
los de la amistad, para perpetuar mi dolor hasta 
el fin de mis dias ! 

Apenas habia yo concluido la segunda choza, 
quando madama de la Tour dio a luz una 
niiia; y como yo habia sido padrino delhijo 
de Margarita, que se Uamaba Pablo, me rogo 
madama de la Tour, lo fuese tambien de su 
hija, juntamente con su amiga. Esta puso por 
nombre a la recien nacida, Virginia, y dixo : 
41 Ella sera virtuosa y feliz : yo no conoci la 
u desgracia hasta que me extravie del camino 
,; de la virtud." 

Luego que madama de la Tour hubo conva- 
lecido de su parto, empezaron a tomar incre- 
mento estas dos pequeiias posesiones, con el 
auxilio que yo de tiempo en tiempo les presen- 
taba, y principalmente con el trabajo continuo 
de sus esclavos. El de Margarita, llamado 
Domingo, era un negro todavia robusto, bien 
b2 que 



18 PABLO Y VIRGINIA. 

que ya de dias, lleno de experiencia, y dotado 
de un entendimiento bastante despejado. Cul- 
tivaba indiferentemente los dos terrenos, segun 
le parecian mas 6 menos feraces, sembrando 
en ellos las simientes para que eran mas pro- 
porcionados. Jb,n las tierras medianas sem- 
braba mijo y maiz ; algo de trigo en las buen- 
as ; arroz en las pantanosas ; y a raiz de las 
pefias, pepinos, calabazas y cohombros, que 
tienen la propiedad de trepar, serpeando hasta 
lo mas encumbrado de ellas. En los terrenos 
secos plantaba batatas, donde se dan dulces 
como la miel ; el arbol del algodon en las emi- 
nencias ; canas de azucar en las tierras recias ; 
el cafe en las colinas, cuyo grano sale muy 
menudo, p^ro de excelente calidad ; en las 
margenes del rio, y al rededor de la habitacion 
bananas, que dan varias veces al ano abundan- 
te frutay deliciosa sombra ; y finalmente, algu- 
nospies de la planta del tabaco para divertir 
con la pipa sus propios cuidados y los de sus 
buenas amas. Iba al monte a cortar leiia para 
la lumbre, componia y allanaba los caminos 
fragosos con las piedras que arrancaba de esta 
y de la otra parte ; y executaba todas estas 
obras con inteligencia y actividad, porque las 
Jiacia con zelo. 

Queria mucho a Margarita, y no menos a 
madama de la Tour, con cuya negra se caso 

quando 



PABLO Y VIRGINIA. 10 

nacio Virginia. Amaba apasionadamente a su 
muger, que se llamaba Maria, y era nativa de 
Madagascar, de donde traxo alguna industria, 
como la de hacer canastillos de junco y telas de 
yerbas silvestres. Era Maria hacendosa, lim- 
pia, sumamente fiel, manosa para hacer de 
comer, criar gallinas, e ir a vender de tiempo 
en tiempo a Puerto-Luis el sobrante de las dos 
familias, que ya veis quan poco seria. Si a 
esto agregais dos cabras criadas para dar leche 
a los hijos, y un mastin que guardaba de 
noche las posesiones, tendreis una idea cabal 
de toda la riqueza y menage de estas dos pe- 
quenas caserias. 

Ocupabanse las dos amigas en hilar algodon, 
desde por la rnanana hasta la noche, de cuyo 
trabajo sacaban lo mas preciso para susten- 
tarse a si y a sus familias ; pero por otra parte 
carecian de las demas comodidades de la vida, 
siendo tal su pobreza, que solo se ponian za- 
patos los dias festivos para ir a oir misa muy 
de madrugada, a la iglesia de las Pamplemu- 
sas, que veis alia abaxo. Verdad es que hay 
mucha mas distancia desde aqui a la citada 
iglesia que a Puerto-Luis ; pero ellas iban muy 
rara vez a este ultimo pueblo, por evitar el 
desprecio de las gentes, viendolas vestidas de 
tosco coton azul de Bengala, que es la tela or- 
dinaria de que aqui se visten los esclavos. 

Pero 



N 520 



PABLO Y VIRGINIA. 

jr'ero, en buenos terminos, i la opinion y 
estimacion de las gentes pueden equivaler ja- 
mas a la felicidad domestica ? Si estas buenas 
mugeres pasaban un poco de mortificacion 
fuera de su casa, encontraban en ella a la vuel- 
ta tanta mas satisfaccion y consnelo. Apenas 
las alcanzaban a ver Domingo y Maria desde 
esta altura, por el camino de las Pamplemusas, 
baxaban al punto muy alegres hasta la falda, 
para ayudarles a subir ; y leyendo ellas en los 
ojos de sus esclavos el gozo que tenian en ver- 
las volver, hallaban en sus casas el aseo, la 
franqueza, y los bienes que unicamente debian 
a sus propias fatigas, y a las de unos criados 
como los suyos penetrados de verdadero zelo 
y carino. Ellas mismas, unidas por las mismas 
necesidades e infortunios, dandose mutua- 
mente los dulces nombres de amiga, hermana 
y companera, no tenian mas que una volun- 
tad, un interes y una mesa, siendo todo co- 
mun entre las dos. Una religion pura acorn- 
panada de costumbres castas e irreprehensi- 
bles, dirigia su espiritu acia la vida fiitura, 
como la llama que vuela acia el cielo, quando 
le lldta pabulo sobre la tierra. 

El desempeno de las obligaciones de la na- 
turaleza aumentaba la felicidad de su sociedad, 
y su amistad mutua se redoblaba a la vista de 
sus hijos, fruto de unos amores igualmente 

malo- 



PABLO Y VIRGINIA. 21 

malogrados. Se complacian en lavarlos en un 
mismo bano, en acostarlos en una misma cu- 
na, y en cambiarles a veces de pecho ; y en 
semejantes ocasiones solia decir madama de la 
Tour, a Margarita: "Amiga, cada una de 
" nosotras tendra dos hijos, y cada uno de 
" nuestros hijos dos madres ." Ambas recli- 
nadas sobre las cunas de sus hijos, hablaban 
ya de su cas&miento ; y esta perspectiva de fe- 
licidad conyugal, con que ellas enganaban sus 
propias penas, remataba comunmente por ha- 
cerlas llorar, acordandose la una de que sus 
males le habian sobrevenido por haber mirado 
con descuido el himeneo, y la otra por haberse 
sometido a sus leyes ; aquella por haber que- 
rido elevarse sobre su estado, y esta por haber 
baxado de el. Pero en medio de estas consi- 
deraciones, se consolaban con la dulce idea de 
que sus hijos, mas felices que ellas, gozarian 
algun dia de los puros y sabrosos placeres del 
amor conyugal, y la venturosa paz que resulta 
de la igualdad en los matrimonios. 

En efecto, nada era comparable al amor que 
los dos niiios empezaban a tenerse. Si Pablo 
Se quejaba, le presentaban a Virginia, y al 
punto que la veia, se sonreia y callaba. Si 
Virginia se hallaba en algun apuro, inmediata- 
mente se advertia por los gritos de Pablo ; pe- 
ro esta amable nina disimulaba al instante qual- 

quiera 



£2 PABLO Y VIRGINIA. 

quiera desazon, por que el no participara de 
ella. Nunca llegaba yo a estas chozas que no 
los encontrase abrazados en medio del campo, 
sosteniendose uno a otro por debaxo de los 
brazos, quando apenas podian tenerse de pie, 
bien asi como suele representarse en el cielo, 
la constelacion de Geminis. i Quantas veces 
me he deleytado en verlos tendidos en el suelo, 
profundamente dormidos y sonando, hasta te- 
ner que despertarlos para libertarlos de la pesa- 
dilla de los suenos, que regularmente pertur- 
ban la imaginacion de los muchachos ! 

JLuego que empezaron a hablar, los prime- 
ros nombres que aprendieron a darse, fueron 
los de hermano y hermana, que son los mas 
dulces que conoce la infancia. Su educacion 
no hizo mas que redoblar su amistad, dirigien- 
dola acia sus necesidades'reciprocas. Virginia 
se hallo muy temprano en estado de gobernar 
la casa, cuidar de su aseo y disponer una co- 
mida campestre, siendo elogiada siempre por 
su hermano en todo lo que hacia. Pablo todo 
el dia en continuo movimiento cavaba en el 
jardin con Domingo, 6 le seguia al monte con 
una hachuela en la mano ; y si por el camino 
avistaba una hermosa flor, alguna fruta rara 6 
un nido de pajaritos, aun quando estuviera en 
la cima de un arbol, trepaba a el para cogerle 
y Uevarsele a su hermana. 

^a Quando 



PABLO Y VIRGINIA. 23 

Quando se le encontraba a el uno en algun 
parage, era seguro que el otro no estaba lejos. 
Un dia que yo baxaba de la cumbre de ese 
monte, divise a Virginia al extremo de la huer- 
ta, que corria acia casa con el zagalejo por enci- 
ma de la cabeza, para defenderse del agua de 
una nube pasagera. De lejos la crei sola ; pe- 
ro habiendome acercado para conducirla de la 
mano y ayudarla a caminar, vi que llevaba del 
brazo a Pablo, casi todo tapado con el zagale- 
jo, y muy ufanos los dos de verse a cubierto 
del aguacero, debaxo de aquel para-aguas de 
su invencion. Los dos graciosos niiios, cobi- 
jados con el ahuecado zagalejo, me hicieron 
acordarentonces de los hijos de Leda, encerra- 
dos en una misma concha. 

Todo su estudio le ponian en complacerse 
uno a otro, y ayudarse mutuamente. No sa- 
bian leer ni escribir, eran ignorantes como los 
criollos, y no vivian inquietos por averiguar lo 
que habia pasado en tiempos remotos 6 lejos 
de ellos, ni se extendia su curiosidad mas alia 
de este monte. Creian que el mundo no pasa- 
ba de las extremidades de su isla, y no se figu- 
raban que hubiese cosa buena ni apetecible 
donde ellos no estaban. Su afecto mutuo y 
el de sus madres ocupaban toda la actividad 
de sus almas. Ignoraban lo que era robo, por- 
que todo era comun entre ellos ; no conocian 

la 



24 PABLO Y VIRGINIA. 

la mentira, porque no tenian verdades que di« 
simular ; ni menos la gula y la intemperancia, 
porque tenian a su discretion manjares simples 
e inocentes. Sus religiosas madres les habian 
ensenado a temer y amar a Dios, inspirandoles 
una sublime idea de sus atributos ; y venera- 
ban a la divinidad en la iglesia, en su casa, en 
los campos, y en los bosques ; levantando a to- 
das horas al cielo sus manos inocentes, y un 
corazon penetrado del amor de sus madres. 

Asi se paso su primera infancia, como una 
bella aurora, que anuncia un dia mucho mas 
hermoso y apacible. Ya llego el tiempo de 
aliviar a sus madres en el cuidado de los nego- 
cios domesticos. Inmediatamente que el can- 
to del gallo anunciaba la venida de la aurora, 
se levantaba Virginia, iba por agua a la 
vecina fuente, y volvia con ella a casa para 
disponer el desayuno. De alii a poco, luego 
que el sol doraba con sus rayos de fuego las 
cimas de este recinto, se pasaban Margarita y 
su hij o a la choza de madama dela Tour, 
donde daban gracias a Dios todos juntos antes 
de ponerse a almorzar. Comunmente se de- 
sayunaban a la puerta de casa, sentados sobre 
la verde alfombra de fragante yerba, debaxo 
de los frondosos banan< s, que a un mismo 
tiempo les suministraban manjar preparado en 
su sabrosa fruta, y delicado mantel en sus an- 
chas y lustrosas hojas. Un 



PABLO Y VIRGINIA. 2j 

Un alimento abundante y saludable contri- 
buia a que medraran rapidamente los dos 
jovenes, y una education dulce pintaba en 
su fisonomia la pureza y contento de sus al- 
mas. Virginia no tenia mas que doce aiios, 
y su estatura era ya mas que mediana. Sus 
largos y rubios cabellos le sombreaban la 
frente, y sus ojos azules y labios de coral 
brillaban con apacible esplendor sobre la blan- 
ca y fresca tez de su semblante. Las ninas 
de sus ojos se sonr^ian de concierto siempre 
que hablaba ; mas quando estaba callada, su 
obliqiiidad natural acia el cielo, les daba toda 
la expresion de una sensibilidad extremada, y 
aun de una ligera melancolia. 

En Pablo se descubrian ya todos los carae- 
teres de un hombre en medio de las gracias de 
la adolecencia. Su estatura era mayor que la 
de Virginia, el color de su rostro mas atezado, 
su nariz mas aguilefia, y sus ojos, que eran 
negros como el azabache, tendrian algun tanto 
de altivez, si las largas pestaiias, que a manera 
de pinceles brillaban en contorno de ellos, no 
les hubieran comunicado la mayor apacibili* 
dad y dulzura. Aunque todo el dia estaba en 
continuo movimiento, se sosegaba al instante 
que veia a su hermana, y iba a sentarse a su 
lado. En la mesa apenas se decian una pala- 
bra; y en su silencio, en la naturalidad de 
c sus 



20 PABLO Y VIRGINIA. 

sus posturas, como en la hermosura de sus 
pies descalzos, me parecia estar viendo varias 
veces uno de aquellos grupos antignos de mar- 
mol bianco, que represents algunos de los 
hijos de NiobeX^ 

Aunque madama de la Tour observaba con 
complacencia el aumento de las gracias y 
atractivos de su hija, sentia sin embargo cier- 
ta inquietud secreta, igual a su ternura, que 
le hacia decirme algunas veces : " I Que seria 
" de la pobre Virginia, si yo faltase ?" 

Tenia en Francia madama de la Tour una 
tia, de distinguido nacimiento, rica, vieja y 
solterona, la qual se habia negado cruelmente 
a socorrerla, quando se caso en secreto, y a 
quien desde entonces habia jurado no recurrir 
en su vida, aunque se viese reducida a la ulti- 
ma miseria. Pero desde que fue madre, ya 
no temio el sonrojo de ser desatendida. 

Escribiole a su tia la inesperada muerte de 
su marido, el nacimiento de su hija, y la triste 
situacion en que se hallaba en un pais tan dis- 
tante del suyo, sin amigos ni parient.es, y con 
la nueva carga de una niiia ; pero no tuvo res- 
puesta. A pesar de este desayre, y de ser 
madama de la Tour de un caracter firme y 
elevado, no temio humillarse y exponerse a 
las injurias de su tia, que nunca le habia per- 
donado el haberse casado con un hombre que, 

aunque 



PABLO Y VIRGINIA. 27 

aunque honrado, era de nacimicnto inferior al 
suyo; y asi continuo escribiendole, siempre 
que hallaba ocasion, a fin de excitar su com- 
pasion a favor de Virginia. Pero se pasaron 
algunos aiios sin recibir de ella la menor serial 
de reconciliacion. oL^* 

Ultimamente en 1738, a los tres afios de 
haber llegado a esta isla su gobernador, Mr.de 
la Bourdonais, supo Madama de la Tour que 
este senor tenia para ella una carta de su tia. 
Corrio al instante a Puerto-Luis, sin reparar 
en aquella ocasion en presentarse mal vestida, 
haciendola superior a todos los respetos mun- 
danos la alegria maternal que la alentaba. 

El contenido de la carta de la tia se reducia 
a decira la sobrina : " Que era merecedora 
u de la suerte que tenia, por haberse casado 
4 ' con un aventurero libertino ; que las pasiones 
" llevaban en pos de si el castigo ; que la 
" muerte prematura de su marido era uno de 
" los mas justos del cielo ; que habia hecho 
u muy bien en pasar a las islas, antes que 
u deshonrar a su familia en Francia ; final- 
cc mente que estaba en buena tierra, donde 
" todo el mundo hacia fortuna menos los 
u holgazanes." 

Despues de haberla vituperado de este mo- 
do, concluia alabandose a si misma, y dicien- 
do : " Que ella, para evitar las conseqiiencias, 

" casi 



28 PABLO Y VIRGINIA. 

u casi siempre funestas del matrimonio, no 
" habia querido casarse jamas." Pero la ver- 
dad del hecho es, que como tenia una ambi- 
cion desordenada, no habia intentado casarse 
sino con un hombre de muchas circunstan- 
cias ; mas a pesar de sus grandes riquezas, y 
de que en la corte todo se mira con indiferen- 
cia, menos el dinero, no hubo quien quisiera 
tomar por esposa a una muger tan fea, y de 
entraiias tan crueles. 

En post-data anadia : " Que sin embargo 
" de todo lo dicho, la habia recomendado 
" eficazmente a Mr. de la Bourdonais." Y 
en efecto lo habia hecho asi ; pero segun la 
costumbre demasiado recibida hoy dia, que 
hace a un protector mas temible que un ene- 
migo declarado. El caso es, que a fin de 
justificarse para con el gobernador de la cruel- 
dad con que habia tratado a su sobrina, la 
habia calumniado, aparentando compadecerse 
de clla. 

Madama de la Tour, a quien qualquiera otro 
hombre indiferente no hubiei a podido mirar 
sin interes y respeto, fue recibida con mucha 
frialdad de Mr. de la Bourdonais, prevenido 
de antemano contra ella ; y solo contexto a 
patetica exposicion que le hizo de su triste 
situacion y de la de su hija, con estas enfaticas 
y duras expresiones, propaladas interrumpida- 

mente: 



PABLO Y VIRGINIA. 29 

mente: " Yo vere... discurriremos.... con el 
" tiempo....i son muchos los necesitados!... 
w ^porque disgustar a una tia respetabte?... 
" vjds sois la que teneis toda la culpa. 'V^ 

Volviose madaraade La Tour a su choza, 
con el corazon anegado en sentimiento, y tras- 
pasado de amargura. Inmediatamente que 
entro en casa se sento, arrojo la carta de su tia 
sobre la mesa, y exclamo a su amiga ; " ! He 
" aqui el fruto de once aiios de paciencia V* 
Pero como ninguno sabia leer sino ella, volvio 
a tomar la carta, y se la ley 6 a Margarita a 
presencia de sus hijos. 

Apenas hubo acabado, quando Marganta le 
dixo con desenfado : " < Que necesidad tene- 
" mosnosotras de vuestros parientes ? < Nos 
" ha abandonado Dios por ventura ? El solo 
" es nuestro padre. } Nohemos vivido felices 
" liasta el dia de hoy ? Pues i porque os an- - 
" gustiais? i vaya, que no teneis valor ! " Y 
viendo que lloraba madama de La Tour, se 
arrojo a su cuello, y estrechandola entre sus 
brazos, exclamo : " Querida amiga mia ! que- 
rida amiga !" Pero sus propios sollozos no ie 
permitieron articular otra palabra. 

Al ver esto Virginia^ derramando copiosas 

lagrimas, apretaba alternativamente las manos 

de su madre y de Margarita contra su boca y 

corazon ; y Pablo, con los ojos iaflamados de 

c 2 colera, 



30 PABLO Y VIRGINIA. 

colera, gritaba, apretaba los puiios y pateaba, 
sin saber a quien atribuir la culpa de lo que 
pasaba. Acudieron a las voces Domingo y 
Maria, y no se oia en toda la casa mas que es- 

tos acentos de dolor : " Ay, senora ! ay, 

" ama de mi vida !..... madre mia no 

"lloreis". 

Estas demostraciones tan tiernas de afecto, 
mitigaron la pesadumbre de madama de La 
Tour, la qual, tomando en sus brazos a Pablo 
y Virginia, les dixo con semblante placentero : 
" Hljos mios, vosotros sois la causa de mi 
44 afliccion, pero tambien lo sois de mi alegria. 
44 O amados hijos mios ! la desgracia no me ha 
44 venido de cerca, sino de lejos ; la felicidad la 
44 tengo al rededor demi. " 

Pablo y Virginia no la comprehendieron : 
pero asi que la vieron contenta y sosegada, 
empezaron a sonreirse y hacerle caricias. Asi 
continuaron todos siendo felices, no habiendo 
sido aquel accidente, sino como un turbion en 
uo dia sereno y despejado de prima vera. 

Cada dia manifestaban mas y mas estos dos 
jovenes la bondad natural de sus corazones. 
Un domingo, al rayar el alba, habiendo ido sus 
madres a la primera misa a la iglesia de las 
Pamplemusas, se presento una negra marrona 
debaxo de los bananos que cifcundaban la ca- 
sj^, la qual parecia un esqueleto de puro flaca, 

y no 



PABLO Y VIRGINIA. 31 

y no llevaba mas ropa sobre su cuerpo, que un 
pedazo de arpillera al reded or de la cintura. 
Se echo la negra a los pies de Virginia, que 
estaba disponiendo de almorzar para la familia, 
y le dixo : 

" Caritativa sefiorita mia, compadeceos de 
" una pobre esclava fugitiva, que hace un mes 
" anda errante y quasi muerta de hambre por 
*• estas sierras, y a veces perseguida de los ca- 
" zadores y de sus perros. Vengo huyendo 
" de mi amo, que es un colono rico de las ri- 
" beras de Rio-negro, el qual me ha tratader 
" como veis." Y al mismo tiempo le mostro 
su cuerpo, surcado de arriba abaxo de cicatri- 
ces y costurones, efecto de los fuertes latiga- 
zos que habia recibido de su amo. 

Virginia, toda condolida y>penetrada de las- 
tima, exclamo : iC ; Animate, pobrecita negra ! 
u come, come." Y le dio el almuerzo que 
tenia dispuesto para los de casa. La esclava 
lo devoro todo en breves instantes ; y viendo- 
la Virginia harta y satisfecha, volvio a excla- 
mar : 

" J Pobrecita, pobrecita esclava ! impulsos 
" me dan de ir a pedir a tu amo que te perdo- 
u ne, pues en viendote, no.es posible que dexe 
" de mqverse a compasion. i Quieres guiar- 
" me adonde eltiene su morada ?" 

u Angel 



32 PABLO Y VIRGINIA. 

" Angel del cielo, replico la negro, por lo 

que a mi toca estoy muy pronta a seguiros 
" adonde querais ; pero la posesion de mi 
" amoesta distante de aqui." 

"Noimporta, no importa," respondio Vir- 
ginia, con una viveza hija de la ternura de 
sus entranas. Y en esto llamo a Pablo, y le 
rogo que la acompanara. 

La esclava los fue conduciendo por sendas 
muy fragosas, atravesando selvas y escarpa- 
dos. montes, que treparon con mucha dificul- 
tad, y yadeando rios profundos, hasta que 
iinalmente llegaron, cerca de medio dia, a 
la colina, que esta sobre la ribera de Rio- 
negro, desde donde descubrieron una casa 
bien construida, gmndes plantios, y una ca- 
terva de esclavos ocupados en todo genero de 
trabajos. Su seiior, que andaba paseandose 
por medio de ellos, con una gran pipa en la 
boca y un latigo en la mano, era un hombre 
alto, seco, amulatado, de ojos hundidos y 
cejijunto. 

Virginia, toda inmutada y asida al brazo de 
Pablo, se acerco al colono, y le suplico que 
por amor de Dios perdonara a su esclava, que 
quedaba un poco mas atras. Al pronto no hizo 
mucho caso el colono de los dos muchachos 
viendoles pobremente vestidos ; pero habien- 
do observado despues el delicado talle de Vir- 
ginia 



PABLO Y VIRGINIA. $ 

ginia, y sus hermosos cabcllos rubios que le 
salian por debaxo del panuelo azul que llevaba 
al rededor de la cabeza, y oido el metal de su 
dulce voz que le temblaba, como todo su 
euerpo, al tiempo de pedirle por la esclava ; 
se quito la pipa de la boca, y levantando el 
latigo en alto> y prorrumpiendo en una execra- 
ble maldicion, prometio perdonarla, no por el 
amor de Dios, sino por Virginia. Fuera de 
si, la muchacha con esta gracia, hizo sefia a 
la esclava para que se acercara a su amo ; y en 
esto echo a correr aceleradamente, siguiendo- 
la Pablo. 

Volvieron a subir el monte por donde ha- 
bian baxado, y llegando a la cumbre, se sen* 
taron al pie de un arbol, muertos de cansancio, 
de hambre y de sed, despues de haber andado 
en ayunas al pie de cinco leguas. Hallandose 
de aquella manera fatigados, dixo Pablo a Vir- 
ginia : 

44 Hermana mia, ya son mas de las doce, y 
u tu tienes hambre y sed. Aqui es imposible 
" que hallemos de comer; y asi mejor sera 
" que volvamos a baxar a la ribera, y pidamos 
u al amo de la esclava nos de alguna cosa para 
u desayunarnos." 

Ay ! eso no, Pablo, respondio Virginia ; 
todavia estoy temblando con el susto que he 
pasado al hablarle ! Acuerdate sino de su figu- 
re, 



3£ PABLO Y VIRGINIA. 

ra, y de aquello que suele decir mamar El 
pan del malo, llena la boca de arena. 
" l Pues que hemes de hacer ?" replico Pablo : 
" estos arboles no producen ninguna fruta 
11 buena, y por aqui ni siquiera se deseubre 
" un tamarindo 6 un naranjo, para poder re- 
" frescarlaboca." 

" Dios se compadecera de nosotros," con- 
texto Virginia, " pues oye el piar de los paxa- 
'? rillos, que le piden de comer." 

Apenas hubo dicho estas palabras r quando 
sintieron el ruido de una fuente, que caia de 
lo alto de un penasco inmediato. Corrierone 
alia, y despues de haber apagado la sed en sus 
aguas mas puras que el cristal, cogieron un 
manojo de berros de los que crecian en sus 
bordes > y comieron de ellos. 

Enesto, como anduviesen de una parte a 
otra> por ver si encontraban mas susbtancioso 
alimento, descubrio Virginia entre la espesura 
de los arboles, una palmera nueva. El cogollo 
6 cebolleta que arroja este arbol junto a los 
arranques de las ramas r es de muy buen co- 
mer ; pero aunque el tronco apenas era mas 
grueso que un muslo r tenia mas de sesenta 
pies de elevacion. Por otra parte, bien que la 
madera de este arbol sea un texido de filamen- 
tos 6 hebras delicadas, su.nucleo 6 corazones 
tm duro, que rechaza y embota las mejores 

hachas. 



PABLO Y VIRGINIA. 

hachas, y Pablo ni siquiera llevaba una mala 
navaja. fOcurriole, pues, pegarle fuego al pie, 
pero se hallo con la nueva dificultacl de que le 
faltaba eslabon ; y por otro lado no creo que 
en esta isla, que es toda ella un puro penascal, 
se encuentre un solo pedernal. 

La necesidad es madre de ia indu stria, y por 
lo comun, las invenciones mas utiles se han 
debido a los hombres mas miserables. Resol- 
vio Pablo sacar lumbre al modo de los negros ; 
y a este fin hizo un agugerito con la punta de 
una piedra-en una rama muy seca, y aguzando 
despues, con el corte de la misma piedra, un 
palito igualmente seco, pero de arbol de espe- 
cie diferente, sujeto la rama entre las rodillas. 
Hecho esto, introduxo el palito en aquel agu- 
gero, y dandole vueltas entre las manos, como 
quien bate chocolate, no tardo en ver salir 
chispas yhumodel punto de contacto. Jun- 
tando entonces yerbas y ramas secas de ar~ 
boles, encendio una hoguera al pie de la pal- 
mera, la qual en breve tiempo dio consigo en 
tierra con grande estrepito. 

El fuego le sirvio tambien para despojar la 
cebolleta de las largas hojas lenosas y picantes 
en que esta envuelta; y habiendo comido el 
y Virginia parte de la cebolleta cruda, y parte 
asada en el rescoldo, fue pai'a su paladar el 
manjar mas sabroso y delicado. Hicieron 

aquella 



8ft PABLO Y VIRGINIA. 

aquella comida frugal con la mayor alegria, 
acordandose de la buena accion que habiaii 
practicado por la manana ; pero les turbaba 
su alegria el recuerdo de la pena que tendrian 
susmadres por su larga ausencia de casa, y 
Virginia hablaba de esto a cada instante. Pero 
Pablo, sintiendose mas reforzado, le asegur^ ** 
que no tardarian en sacaiias de aquel cui- 
dado. 

Despues de haber comido, se vieron de 
nuevo embarazados, pues les faltaba quien les 
ensefiara el camino para volverse a su casa. 
Mas Pablo, a quien nada de este mundo aco- 
bardaba, dixo a Virginia : " Nuestra posesion 
cae al sol de medio dia ; nosotros debemos 
atravesar, como esta manana, la cumbre de 
aquella sierra que ves alia abaxo con sus tres 
piqos. Vamos, pues, Virginia, echemos a 
andar." 

Positivamente, la sierra 6 montafla que decia 
Pablo, era la de los Tres Pechos, asi nombra- 
da por los tres picos que sobresalen en ella, en 
figura de pechos. Baxaron por consiguiente 
al morro 6 collado de Rio-negro de la parte 
del norte, y llegaron, de alii a una hora, a la 
orilla de un rio que les cortaba el paso. 

Esta gran parte de la isla, cubierta de selvas 
y malezas, es, aun en el dia, tan poco cono- 
cida, que muchos de sus montes y rios carecen 

de 



PABLO Y VIRGINIA. 37 

de nombre propio. El que ellos encontraron 
corre despeiiado entre rocas, y el ruido de su 
corriente, asusto de tal modo a Virginia, que 
no se atrevio a.vadearlo. Pero Pablo, toman- 
dola en sus hornbros, paso asi cargado por 
los resvaladizos guijarros del rio, a pesar del 
impetu de sus aguas. 

" No tengas que temer, Virginia," le decia, 
" que no me pesas nada, antes me siento mas 
" animoso contigo a cuestas. Si el colono de 

Rio-negro te hubiera negado el perdon de la 
" esclava, las hubiera habido conmigo esta 
" manana." 

" Como ! exclamo Virginia: l con aquel 
" hombre tan alton y de genio tan malo ? 
" Jesus ! a lo que te expuse. Valgame 
" Dios! i quan dificil es hacer bien, y quan 
u facil lo contraiio !" 

Quando Pablo llego a la orilla opuesta, 
quiso continuar el camino cargado con su 
hermana, lisongeandose de que podria subir 
asi la montafia de los Tres Pechos, que veia 
enfrente, coSno a media legua de distancia. 
Pero faltandole las fuerzas a poco rato, se 
vio precisado a baxarla de sus hombros y sen- 
tai^se a descansar a su lado. 

Virginia le dixo entonces- u Hernia: el 

" dia comienza ya a declinar: tu tbc i 

" tienes fuerzas para caminar ; y a mi me iu» 

d u tan. 



3$ PABLO Y VIRGINIA. 

" tan. Dexame aqui, y vete tii solo a casa, 
" para tranquilizar a nuestras madres." 

" Irme yo solo ! exclamo Pablo : no, no 
" me apartare de ti, hermana. Si nos coge 
" la noche en esta serrania, encendere lumbre, 
" denibare con ella otra palmera, tii comer as 
" el cogollo ; y yo te hare con las hojas un 
" ajupa para que duermas al abrigo." 

Entretanto Virginia, habiendo descansado 
un poco, cogio algunas hojas de escolopendra 
de una rama de este arbol, que pendia sobre el 
rio, y se las ajusto a las piernas, a manera de 
borceguies, porque las piedras del camino de 
tal modo le habian lastimado Ios pies, que le 
corrian sangre ; pues con la precipitacion y de- 
seo de ser litil, se le habia olvidado calzarse. 
Y sintiendose mas consolada con la frescura de 
las hojas, arranco una caiia de bambii, y se 
puso en camino, apoyada una mano a la caiia, 
y otra al hombro de su hermano. 

Asi iban caminando paso entre paso por 
medio de las selvas, quando la altura de los 
arboles y la espesura de sus hojas, les hicieron 
perder de vista la montaiia de los Tros Pechos, 
que era el punto de su direccion, y aun el sol 
que iba ya a tocar al termino de su carrera. 
De alii a poco rato se extraviaron, sin adver- 
tirlo, de la senda trillada que hasta entonces 
habian seguido : y se encontraron metidos en 

un 



PABLO Y VIRGINIA. 39 

un laberinto sin satida de arboles, de breiias 
y matorrales. En tan gran conflicto, dixo Pab- 
lo a su hermana que se sentara, y el empezo 
a correr de una parte a otra, como fuera de si, 
buscando arbitrio como salir de aquella espesu- 
ra ; pero se fatigo en valde. Subiose a lo ul- 
timo de un arbol muy alto para descubrir a lo 
menos la montana de los Tres Pechos ; pero 
no vio al rededor de si mas que las cimas de 
otros arboles mas elevados, algunos de los 
quales estaban iluminados por los ultimos rayos 
del sol casi traspuesto. 

A este tiempo la sombra de los montes cu- 
bria ya los bosques y arboledas de los valles ; 
el ayre iba calmando poco a poco, como suele 
acontecer al ponerse el sol ; un profundo silen- 
cio reynaba en aquellos paramos, y solo se oian 
los bramidos de los ciervos, que iban a buscar 
sus madrigueras noctumas entre la espesura de 
aquellos tan yermos lugares. Pablo con la es- 
peranza de que algun cazador pudiese oirle, 
grito entonces con todo su vigor : " \ Venid, 
venidal socorrode Virginia ! " Pero los ecos 
del monte fueron los unicos que respondieron 
a su voz, repitiendo otras tantas veces : Vir- 
u ginia.... Virginia." 

Baxose en esto del arbol muy acongoxado, 
y comenzo a buscar medios de pasar la noche 
en aquel sitio ; pero no habia ni fuente, ni pal- 

mera, 



40 PABLO Y VIRGINIA. 

mera, hi aun lena seca con que hacer lumbre. 
Entonces conocio por propia experiencia la 
debiiidad de sus recursos, y se puso a llorar. 

Virginia le dixo : "Nollores, Pablo, si no 
" quieres afligirme mas : yo soy la que tengo 
" la culpa de todas tus penas, y de la que a 
" estas horas estaran sintiendo nuestras ma- 
"dres; nada se debe hacer, ni aun el bien, 
" sin consultar a los padres : i que impruden- 
" cia la mia !".... Y en esto echo tambien a 
llorar. 

Mas de alii a poco rato, dixo a Pablo : 
" encomendemonos a Dios, hermano, y se 
" compadecera de nosotros." Y apenas ha- 
bian acabado su oracion, quando oyeron ladrar 
un perro. 

4 ' Sin duda," dixo Pablo," este es perro de al- 
" gun cazador, que viene por la noche a matar 
" cierv^os alacecho." Los ladridos se aumen- 
taron de alii a poco. Me parece," dixo Vir- 
ginia, " que es Leal, el mastin de nuestra 
u casa.... si.... le conozcoen el ladrar.. ..si esta- 
" remosya en nuestra posesion." 

En esto se presento a su pies Leal, ladrando, 
ahullando y comiendoselos a caricias. Ellos 
estaban fuera de si viendo a su mastin, y las 
fiestas que les hacia, sin acertar a salir de aquel 
sobresalto. En este intermedio avistaron a 
Domingo, que coria acia ellos ; y a la 

Uega- 



PABLO Y VIRGINIA. 41 

llegada de este buen negro, que lloraba de 
gozo, echaron a llorar ellos tambien sin poderle 
decir una palabra. 

Luego que Domingo tomo un poco de alien- 
to, exclamo : " j Ah, hijos mios ! *i que sen- 

timiento tienen vuestras madres! i como se 
" quedaron sorprehendidas, quando al volver 
" de la iglesia adonde yo las habia acompana- 
" do, no os encontraron en casa ! Maria no 
" les supo decir adonde habiais ido, porque es- 
" taba trabajando en un rincon de casa. Yo 
" andaba de aqui para alii sin saber donde bus- 
" caros, hasta que ultimamente tome vuestra 
" ropa vieja, y se la di a oler a Leal; y el 
" pobre animalito, como si me hubiese enten- 
u dido, inmediatamente empezo a rastrear 
" vuestras pisadas, y me conduxo, dando sin 
" cesar a la cola, hasta Rio-negro, donde me 
" dixo un colono que le habaias llevado una 
"negra, a quien por vuestros ruegos habia 
"concedidoel perdon. Pero, iqueperdon! 

Alii me la mostro atada a un madero, con 
" una cadena al pie, y un collar de yerro a la 
" garganta con tres escarpias. Desde alii, se 
" dirigio Leal, rastreando siempre, a la mon« 
" tafia de Rio-negro, donde se detuvo algun 
u tiempo, ladrando con la mayor fuerza en el 
" borde de una fuente, junto a una palmera re- 
u cien caida, y cerca de una hoguera que to- 
d 2 davia 



42 PABLO Y VIRGINIA. 

" davia humeaba. Finalmente, acaba de 
" traerme aqui, que es la falda de la mon- 
" tafia de los Tres Pechos, y todavia faltan 
" quatro leguas largas hasta nuestra posesion. 
"Vaya, vaya: corned ahora, y tomad ani- 
<( mo." 

Y diciendo esto saco una torta de pan, 
varias frutas, y una gran calabaza llena de un 
licor compuesto de agua, vino, zumo de ci- 
dra, azucar y nuez moseada, que sus madres 
habian preparado para darles refrigerio y 
confortarlos. 

Virginia suspiraba, acordandose de la pobre 
esclava, y de la inquietud de sus madres ; y re- 
petia muchas veces, " ; que dificil es hacer 
"bien!" 

Mientras los dos tomaban alimento, saco 
lumbre Domingo, y habiendo buscado una 
especie de madera tortuosa, Uamada de arder, 
hizo un hachon, y le encendio, porque era ya 
noche. Pero se hallo sumamente embarazado, 
quando se trato de ponerse los tres en ca- 
mino. 

Pablo y Virginia no podian dar un pa$o, por- 
que tenian los pies muy hinchados y de color 
de sangre. El pobre Domingo no sabia si vol- 
verse a casa a buscar auxilio para los ninos, 6 
pasar alii la noche con ellos ; y en aquel con- 
flicto exclamaba : u . j Adonde se ha ido aquel 

" tiempo 



PABLO Y VIRGINIA. 43 

u tiempo en que yo os llevaba a los dos junti- 
" tos en mis brazos ! Pero ahora vosotros ya 
" sois grandes, y yo viejo." 

Estando asi perplexo, se aparecio una qua- 
drilla de negros marrones a corta distancia de 
ellos, y acercandose el caudillo a Pablo y Vir- 
ginia, les dixo : " No os asusteis, mis buenos 
" nifios blancos : esta maiiana os vimos pasar 
u con una esclava de Rio-negro, y sabemos 
" que habeis ido a pedir perdon para ella a su 
" mal amo ; y asi en reconocimiento de .tan 
r< generosa accion, nosotros os conduciremos 
" a vuestra posesion ennuestros propios horn- 
" bros." Y a una senal suya, quatro negros 
de los mas robustos formaron al instante una 
especie de andas de ramas de arboles, entre- 
texidas con lianas 6 enredaderas ; colocaron 
en ellas a los dos muchachos, y precediendoles 
Domingo con su hacha de viento, partieron de 
alii, en medio de repetidos gritos de jiibilo de 
todala quadrilla, que les colmaba de bendi- 
ciones. Virginia, enternecida, dixo a Pablo : 
u iO hermano mio! nunca dexa Dios sin 
u gal^rdon una accion buena.?^ 

Llegaron a media noche al pie de su mon- 
tafia, cuya cumbre estaba iluminada con vaiias 
hogueras ; y al tiempo de subir oyeron que 
les gritaban y decian : " I Sois vosotros hijos 
a mios ? J> Y ellos responuieron auna con los 

negros : 



44 PABLO Y VIRGINIA. 

negros : " i Si, seiioras, nosotros somos, no- 
44 sotros somos!'^ 

Acercaronse mas, y vieron a sus madres y 
a Maria, que les salian al encuentro con teas 
encendidas. " l De donde venis, hijos cuita- 
dos?" exclamo madama de la Tour. 
u Venimos," respondio Virginia, " de Rio- 
negro, de pedir el perdon para una esclava, 
a quien he dado esta maiiana todo el desay- 
uno de la familia, porque la pobrecita estaba 
cayendose muerta de hambre ; y estos negros 
reconocidos, nos han traido en hombros has- 
ta aqui." 

Madama de la Tour abrazo a su hija sin 
poder articular palabra ; y Virginia que sentia 
humedecerse sus mexillas con las lagrimas que 
corrian por las de la madre, le dixo : " Vos 
44 me indemnizais con exceso, madre mia, de 
44 los trabajos que hoy he pasado." 

Margarita enagenada de gozo, estrechaba a 
Pablo entre sus brazos, y le decia : 44 ^ Y tii 
44 tambien, hijo mio, has hecho una buena 
i4 accion?" 

Luego que llegaron con sus hijos a casa, 
dieron bien de comer a los negros, los quales 
se volvieron a las selvas^ deseandoles toda 
suerte de prospenaades. 

Todos los dias eran paraestas familias, dias 
de dicha y de paz inalterable. La envidiani 

la 



PABLO Y VIRGINIA. 45 

la ambicion no las atormentaban. No desea- 
ban una vana reputacion exterior que da la 
intriga, y quita la calumnia; bastabales ser 
ellas mismas los testigos y jueces de sus ac- 
ciones. En esta isla, donde ( como en todas 
la colonias europeas ) solo se desea saber anec- 
dotas malignas, sus virtudes, y aun sus nom- 
bres, eran ignorados y desconocidos. Solamente 
quando algun pasagero preguntaba, desde el 
camino de las Pamplemusas, a los habitantes 
del llano : H} i Quien vive en aquellas dos cho- 
u zasqueestan alia en el alto ?" Estos res- 
pondian sin conocerlas : " Son unas buenas 
" gentes." A este modo las violetas ocultas 
entre zarzas y espinos exhalan a lo lejos aro- 
mas suaves. 

Ellas habian desterrado de sus eonversa- 
ciones la maledicencia y la murmuracion que 
socolor de justicia, dispone necesariamente el 
corazon a la simulacion 6 al aborrecimiento ; 
porque es poco menos que imposible dexar de 
aborrecer a los hombres, si se piensa mal de 
ellos, y vivir con los malos, si no se les oculta 
el odio con falsas apariencias de benevolencia. 
De aqui es que la maledicencia nos obliga a 
estar mal con nuestros semejantes, 6 con no- 
sotros mismos. 

Pero madama de la Tour y su compaiiera, 
sin juzgar a los hombres en particular, solo se 

ocupa- 



46 PABLO Y VIRGINIA. 

ocupaban en buscar los medios de hacer bien 
a todos en general, y aunque esto no estaba en 
su mano, tenian a lo menos una voluntad con- 
stante de hacer bien, que les inspiraba una 
benevolencia dispuesta siempre a extenderse a 
todos. Por consiguiente, viviendo en la sole- 
dad, lejos de ser feroces e intratables, se hi- 
cieron mas compasivas y humanas. 

Si la historia escandalosa de la sociedad no 
suministraba materia a su conversacion, la de 
la naturaleza arrobaba sus almas en dulces ex- 
tasis. En este reducido espacio admiraban con 
respeto y reconocimiento el poder de una pro-, 
videncia que por sus manos, habia derramado, 
en medio de la aridez de estos peiiascos, la 
abundancia, las gracias y los placeres siempre 
puros, y siempre. renacientes. 

Pablo a la edad de doce aiios, mas robusto 
y mas inteligente que los europeos a la de 
quince, hermoseaba por sus manos lo que Do- 
mingo no hacia mas que cultivar. Iba con el 
a los vecinos montes a desarraygar el tierno 
limonero, el naranjo, el tamarindo, cuya coro- 
nilla es de un verde muy hermoso, y el ctt£CCU_ 
cuya fruta, llena de una substancia azucarada, 
despide de si la fragancia del azahar. Tras- 
plantaba estos arboles, ya crecidos, al rededor 
de este recinto, y sembraba las simientes de 
otros que, al segundo afio llevan flores 6 

frutos, 



PABLO Y VIRGINIA. 47 

frutos, como el agatio, al rededor del qual pen- 
den en figura circular, a manera de colgantes 
de arana de cristal, largos racimos de flores 
blancas ; el lila de Persia, que eleva vertical- 
mente sus girandulas de color morado ; el 
papayo, cuyo tronco sin ramas, en forma de 
claveteada toda de melones verdes, remata en 
un capitel de muy anchas hojas parecidas a las 
de la higuera. V 

Tambien habia sembrado varias pepitas y 
huesos de arboles, como mangles, guayavos, 
paltos, jaceros y jamberos, de los quales la 
mayor parte daban ya sombra y fruta a su 
joven amo, cuyas laboriosas manos derrama- 
ron la fertilidad hasta en los parages menos 
fecundos de esta quebrada. Diversas especies 
de aloes, la raqueta cargada de flores amarillas 
matizadas de encamado, los cirios espinosos, 
se elevaban sobre las negras cimas de los penas« 
cos, y parecia que querian competir y enlazarse 
con las largas lianas de flores azules y escarlata- 
das, que pendian aca yalla portodo el repecho 
de la montaiia. 

Habia distribuido y colocado con tal orden 
aquellos vegetales, que se podia gozar de su 
vista a la primer ojeada ; porque en el centro 
estaban las plantas que se elevan poco, despues 
los arbustos, luego los arboles medianos ; y 
ultimamente los grandes en toda la circunferen- 

cia. 



43 PABLO Y VIRGINIA. 

cia. Por manera que este vasto circuito, mira- 
do desde el centro, presentaba a la vista un 
anfiteatro de verdor, de frutas y de flores, que 
contenia al mismo tiempo hortalizas, praderias, 
y campinas de aiToz y trigo. 

Pero Pablo sujetando los vegetales a su 
plan, no se apartaba del de la naturaleza, antes 
per el contrario siguiendo sus lecciones, plan- 
taba en las eminencias aquellos, cuyas semillas 
son volatiles, y a la orilla del agua los que l^s 
tienen propias para sobrenadar. De esta ma- 
nera cada vegetal crecia en su sitio proporcion- 
ado, y cada sitio recibia del vegetal su adorno 
natural. Las aguas que baxan de la cumbre de 
estos montes, formaban en el fondo del valle, 
aqui fuentes, alii estanques, que a manera de 
espejos, en medio de la frondosidad, dupliea- 
ban en el cristal de su corriente, los arboles 
en flor, las rocas y el azul de los cielos. 

A pesar de la enorme desigualdad del teire- 
no, todos aquellos plantios eran, por la mayor 
parte, tan accesibles al tacto, como a la vista. 
Bien es que todos nosotros le ayudabamos con 
nuestros consejos y trabajc, para llevar al cabo 
sus empresas. El practice una senda tcdo en 
rededor de este recinto, de la qual muchos ra- 
males llegaban ya de la circunferencia al centro; 
y por otra parte supo sacar partido de los pa- 
rages mas fragosos, y conciliar, con la mas 

feliz 



t'ABLO Y VIRGINIA. 49 

Jeliz armonia, la comodidad del paseo, con la 
aspereza del suelo, y los arboles domesticos 
con los silvestres. De la enorme cantidad de 
piedras rnovedizas que embarazan estos cami- 
nos, como la mayor parte del terreno de esta 
isla, formo aca y alia piramides, en cuyas 
bases, rellenas de guijo y tierra, planto rosales, 
poinciana y otros arbustos, que se criaii bien 
entre peiias ; y a poco tiempo estas piramides 
iiiformes y de sombrio aspecto, se cubrieron 
de verdor y del esmalte de las flores mas bellas. 

Las hondonadas y barancos guarnecidos de 
arboles antiguos, cuyas ramas inclinadas sobre 
los bordes, formaban como bovedas subterra- 
neas, impenetrables al calor, eran lugares de 
asilo contra los rayos del sol, donde tomaban el 
fresco por el dia las dos familias. Un vereda 
condueia a un soto de arboles silvestres, en 
cuyo centro crecia, al abrigo de los vientos, 
un arbol domestico cai^gado de fruta. Aqui 
habia una mies, alia un vergel : por esta calle 
se descubrian las cabanas, por aquella las cimas 
inaccesibles de la montaiia. Habia un bosque- 
cito tan espeso de tacamacos extretexidos con 
lianas 6 enredaderas, que no se distinguia en 
el ningun objeto en la mayor fuerza de la luz 
del dia. 

Desde la extremidad de ese gran peiiasco, 

que sale del monte, se descubrian todos los ob- 

e jetos 



50 PABl^O V VIRGINIA. 

jetos de este recinto, con el mar a los lejos, 
donde apareciade quando en quando alguna 
nave que venia de Europa 6 regresaba a ella ; 
y ahi era donde se juntaban las dos familias al 
caer el dia, y gozaban en reposo de la frescura 
del ayre, de la fragancia de las flores, del mur- 
mullo de las fuentes, y de las ultimas armonias 
de la luz y de las sombras. 

Hasta los nombres de la mayor parte de los 
encantadores sitios de este laberinto, eran los 
mas agradables y expresivos. El pefiasco de 
que acabo de hablaros, desde donde a larga 
distancia me veian venir, se llamaba la atalaya 
de la Amistad. Pablo y Virginia, en uno de 
sus inocentes entretenimientos, discurrieron 
plantar alii un bambu, en cuya cima enarbola- 
ban un panuelito bianco para anunciar mi llega- 
da luego que me avistaban, a la manera que en 
la montana inmediata se enarbola una bandera 
quando se divisa alguna nave en el mar. 

Vinome un dia a la idea grabar una inscrip- 
tion en la corteza de aquel bambu, pues siem- 
pre han sido tan de mi gusto las inscripciones, 
que por mucho placer que haya tenido en mis 
viages, al ver una estatua 6 monumento de la 
antigliedad, os aseguro que no es comparable 
con el que me causa en leer una inscripcion 
bien hecha. Entonces me parece que una 

mano 



PABLO Y VIRGINIA. 51 

mano humana sale de la piedra, se hace oir per 
entre los siglos, y dirigiendose al hombre que 
habita en los desiertos, le dice que no es el so- 
lo, y que otros semejantes suyos han sentido, 
pensado y padecido como el en aquellos mis- 
mos lugares. Y si la inscripcion es de alguna 
nacion antigua, que ya no existe, hace que se 
dilate nuestra alma por los campos de lo infini- 
to, y le comunica el sentimiento de su inmor- 
talidad, mostrandole que un pensamiento ha 
sobrevivido a la ruina de todo un imperio. 

Escribi, pues, en el bambu de Pablo y Vir- 
ginia estos versos de Horacio : 
Fratres Helena, lucida sidera, 
Ventorumque regat pater, 
Obstrictis aliis, prater iapyga. 

" Que los hermanos de Helena, astros bril- 
" lantes como vosotros, y el padre de los 
" vientos, dirijan vuestros pasos, y no per- 
" mitan os sople otro que el zefiro blando." 

En la corteza de un tacamaco, a cuya som- 
bra solia sentarse Pablo para contemplar desde 
lejos el mar agitado, grabe este verso de Vir- 
gilio : 

Fortunatus et ille deos qui novit agrestes ! 

" Dichoso tii, hijo mio, en no conocer mas 
11 que las divinidades campestres !" 

Y este otro encima de la puerta de la cabana 
de madama de la Tour : 

At 



si PABLO Y VIRGINIA. 

At secura quies, et nescia fallere mta. 

" Aqui habita una buena consciencia, y una 
" vida que no sabe enganar." 

Pero Virginia, que no aprobaba mi latin, de* 
cia que el que yo habia puesto en el bambu 6 
veleta de senales, era demasiado largo y eru- 
dito. Yo hubiera preferido, anadio la mu- 
chacha : 

Siempre agitada, pero constante. 

Y habiendole contestado yo : " Esa divisa 
" convendria mas bien a lavirtud," se puso 
sonrosada con mi reflexion. 

Estas venturosas familias, extendiendo la 
sensibilidad de sus almas a quanto las rodeaba, 
habian dado los nombres mas tiernos a los 
objetos que parecian mas indiferentes. Un 
vallado de naranjos, de bananos y de jamberos, 
plantados entorno de una explanada de cespe- 
des, donde solian baylar Pablo y Virginia, se 
llamaba la Concordia. El arbol antiguo, a 
cuya sombra se contaron mutuamente sus des- 
gracias madama de la Tour y Margarita, tenia 
por nombre las Lagrimas enjugadas. Llama- 
banse Bretana y Normandia dos rinconadas 
sembradas de trigo, fresas y guisantes ; y a 
imitacion de sus amas, Domingo y Maria, de- 
seando traer a la memoria los lugares de su 
nacimiento en Africa, dieron los nombres de 

Angola 



PABLO Y VIRGINIA. 53 

Angola y Fouille-pointe, a dos terrenos que 
producian losj uncos de que hacianlos canas- 
tillos, y donde habian sembrado un calabazar. 
Asi que, con la vista de las producciones de 
sus climas respectivos, conservaban estas fa- 
milias expatriadas las dulces ilusiones de su 
pais, y suavizaban en cierto modo la pena de 
vivir en una tierra extrana. Ay de mi triste ! 
yo he visto animarse con mil denominaciones 
encantadoras los arboles, las fuentes y las rocas 
de este recinto delicioso, en otro tiempo quan- 
do Dios queria, y actualmente tan desfigurado 
y destruido que semejante a un campo de la 
Grecia, no ofrece mas que nombres tiernos, 
escombros y tristes ruinas. 

Pero de quantas situaciones deliciosas ofrecia 
este circuito, ninguna igualaba a lo que se 11a- 
maba el recreo de Virginia. Al pie del pe- 
fiasco de la Atalaya de la Amistad hay una 
concavidad de donde sale una fuente, que a 
pocos pasos de su nacimiento forma una espe- 
cie de laguna en medio de un prado de yerba 
fina. Quando Margarita dio a luz a Pablo, le 
regale un coco de Indias que me habian da- 
do, y ella sembro sus pepitas a la orilla de las 
aguas, con el fin de que el arbol que produxe- 
ran, sirviese de epoca algun dia al nacimiento 
de su hijo ; y madama de la Tour, siguiendo 
el exemplo de Margarita, planto alii otro con 
e 2 el 



54 PABLO Y VIRGINIA. 

el mismo intento, quando pario a Virginia. 
Nacieron, en efecto, dos cocoteros que com- 
ponian los linicos archivos de la familia, y se 
llamaba el uno cocotei o de Pablo, y el otro de 
Virginia. Crecieron uno y otro casi en la 
misma propoi cion que sus inocentes duenos. 
y aunque no perfectamente iguales en la altura, 
excedian ya a los doce aiios a la de las cabanas 
de sus madres ; y entretexiendo mutuamente 
sus palmas, dexaban colgar sus tempranos raci- 
mos de cocos sobre la misma taza de la fuente. 
A excepcion de los dos cocoteros, todo lo 
demas de la caverna conservaba el mismo ador- 
no que le habia dado la naturaleza, brillando 
en sus dos lados humedos y pardioscuros, an- 
chos culantrillos con verdinegraflor en figura de 
cstrellas. Espesas matas de escolopendra fluc- 
tuaban en unas partes, a merced de los vientos, 
suspendidas en el ayre a manera de listones de 
color verdepurpura ; y en otras crecia en abun- 
dancia la pervinca 6 verba doncella, cuya flores 
muy parecida a la del clavo, 6 a la de los pimi- 
entos de corteza color de sangre, y mas brillante 
que el coral. En su circunferencia la yei ba bal- 
samina, cuyas hojas vienen en figura de cora- 
zon, y los basiliscos del olor de la pimienta, 
exalaban la mas dulce fragancia. Del repecho 
de la montana pendian las lianas 6 enredaderas, 
a manera de undosos tendederos de ropa, y 

formaban 



PABLO Y VIRGINIA. 55 

ibrmaban en lo escarpado de las rocas dilatadas 
cortinas de verdor. Las aves de mar, atraidas 
de la apacibilidad de aquella caverna, iban a 
pasar la noche en ella ; y al poner del sol se 
veian volar acia alii a lo largo de la ribera el 
cuervo y la congujada marinos, y en lo alto 
de los ayres la negra fragata y el paxaro bianco 
del tropico que, como el astro del dia, abando- 
naban las soledades del oceano indiano. 

Tenia Virginia sumo deleyte en ir a reposar 
en la margen de aquella fuente, decorada con 
una pompa magnifica y silvestre a un mismo 
tiempo. Muchas veces lavaba en ella la ropa 
de la familia a la sombra de los dos cocoteros, 
y otras llevaba a pacer alii las cabras, y se en- 
tretenia mientras preparaba los quesos con su 
leche, en verlas levantarse en dos pies para 
rozar las hojas del culantrillo, y sostenerse, co- 
mo en el ayre, en las cornisas de las peiias, 
haciendo hinca-pie en ellas como sobre un pe- 
destal. ^^ 

Viendo Pablo que aquel sitio era el privile- 
giado de Virginia, llevo alii del bosque inme- 
diato, nidos de toda especie de paxaros, cuyos 
padres atraidos del amor de sus hijuelos, fueron 
al instante a establecerse en aquella nueva co- 
lonia, donde Virginia les echaba, a ciertas 
horas, granos de arroz, de maiz y mijo. De 
modo, que luego que ella se presentaba, los 

mirlos 



53 PABLO Y VIRGINIA. 

mirlos silvadores, los bengalies, cuyo gorgeo 
es tan delicioso, los cardenales de plumage 
color de fuego, dexaban los zarzales ; los pa- 
pagayos verdes como esmeraldas, baxaban de 
los lataneros inmediatos, las perdices corrian 
por entire la yerba, y mezclados unos con otros 
llegaban, como si fuesen gallinas, hasta sus 
mismas plantas. Ella y Pablo se entretenian, 
por lo regular, en observar sus juegos, sus in- 
clinaciones y sus amores. 

Amables nifios ! vbsotros pasabais asi los 
primeros dias en la inocencia, exercitandoos 
en hacer bien ! i Quantas veces vuestras ma- 
dres estrechandoos tiernamente en sus brazos 
en este mismo sitio, bendecian al cielo por el 
consuelo que preparabais a su vejez, viendoos 
entrar en la vida, baxo de tan felices auspicios ! 
Quantas, a la sombra de estos penascos, he 
participado con ellas de vuestras comidas cam- 
pestres, que a ningun animal habian costado la 
vida ! Caiabazas Uenas de leche, huevos frescos, 
tortas de arroz en hojas de banano, cestos col- 
mados de batatas, de ambas, de naranjas, de 
granadas, de bananas, de ananas y de atas, nos 
ofrecian a un mismo tiempo los manjares mas 
saludables, los colores mas alegres, y los xugos 
mas substanciosos. 

La conversacion que tenian era tan inocente 
y agradable como los mismos manjares de que 

usaban 



PABLO Y VIRGINIA. 57 

usaban en estos festines. Por lo comun, Pab- 
lo no hablaba en ellos, sino de lo que habia 
trabajado aquel dia, y de lo que tenia que tra- 
bajar el siguiente ; y continuamente estaba pen- 
sando en algun trabajo util para la comunidad. 
" Aqui, segun el, las sendas no son comodas: 
" alia los asientos no estan del todo blandos ; 
" estos nuevos emparrados no dan la sombr* 
"necesaria; Virginia estara mejor alii. 55 Y 
otrasreflexiones a este tenor. 

En tiempo de Uuvias pasaban el diatodos 
juntos en casa, ocupados amos y criados, en 
hacer esteras de yerbas, y canastillos de hojas 
de bambu. En las paredes se veian colocados 
con el mejor orden, rastrillos, hachas, haza- 
dones ; y al lado de estos instrumentos de agri- 
cultura, las producciones correspondientes a 
cada uno de ellos, como sacos de arroz, 
gavillas de trigo y cuelgas de bananas, tan de- 
licado todo, como abundante. Virginia, ensena- 
da por su madre y por Margarita, aprovechaba 
estas temporadas en hacer compotas, licores y 
bebidas cordiales con el xugo de las cafias de 
azucar, de limon y de acimbogas. 

Por la noche, cenaban a la luz de una lampa- 
rilla, y despues de cenar solia contar madama 
de la Tour 6 Margarita la historia de varias 
caminantes extraviados en los bosques euro- 
peos, infestados por la mayor paite dp ladrones, 

6 el 



58 PABLO Y VIRGINIA. 

6 el naufragio de alguna nave arrojada por la 
tempestad contra las rocas de una isla desierta y 
y con aquellas relaciones se inflamaban mas y 
mas las almas sensibles de sus hijos, y rogaban 
al cielo les otorgase la gracia de poder exercitar 
algun dia la hospitalidad con semejantes desgra- 
ciados. A cierta hora se despedian las dos fa- 
milias, para ir a reposar ; mas siempre con la 
impaciencia de volver a verse al dia siguiente. 
Algunas veces se quedaban dormidos al ruido 
de la Uuvia que se degajaba a mares sobre el 
techo de sus cabanas, 6 de los vientos impe- 
tuosos que le traian desde lejos el murmullo 
de las olas estreiladas contra los penascos de la 
ribera ; y en tales casos bendecian al autor de 
la naturaleza por la seguridad de sus personas, 
siendo tanto mayor su reconocimiento, quanto 
se consideraban mas distantes del peligro. 

De quando en quando leia madama de la 
Tour en comunidad algun pasage tierno de la 
historia del antiguo 6 nuevo testamento, y se 
enardecian sus almas con la contemplacion de 
las cosas celestiales. Su moral no era especula- 
tiva, sino practica como la del evangelio ; no 
habia entre ellos dias destinados para la alegria, 
ni para la tristeza : sino que todos eran iguaL 
mente llenos y festivos para sus corazones. La 
naturaleza entera era para ellos un templo 
augusto donde admiraban sin cesar una inteli- 

gencia 



PABLO Y VIRGINIA. 50 

gencia infinite, omnipotente y amiga de los 
hombres ; y este sentimiento de confianza en 
el poder supremo los llenaba de consuelo respe- 
to de lo pasado, de valor para lo presente, y de 
una dulce esperanza para lo venidero. Asi es 
que estas mugeres, precisadas por los infortu- 
nios a seguir el orden de la naturaleza, hallaron 
en si mismas, y excitaron en sus hijos estos 
sentimientos que inspira en todos la misma na- 
turaleza para preservarnos de que seamos des- 
graciados. 

Pero, como mochas Veces en las almas mas 
bien acondicionadas y de mejor temple suelen 
levantarse nubes queperturban su serenidad, 
quando alguno de lafamilia se mostraba triste, se 
reunian todos a fin de distraer su ammo, y no 
paraban hasta conseguirlo, mas bien con obras 
que con reflexiones, empleando cada qual en 
esto su caracter particular : Margarita su ale- 
gria y viveza natural : madama de la Tour, 
una moral dulce : Virginia, tiernas caricias : 
Pablo, franqueza y cordialidad ; y hasta Do- 
mingo y Maria contribuian por su parte con- 
tristandose con el que veian llorar. A este 
mismo modo las plantas debiles entretexen 
unas con otras sus ramas, para oponer mas 
resistencia al impetu de los huracanes. 

En tiempo sereno iban a misa todos los dias 
festivos a la iglesia de las Pamplemusas, cuya 

torre 



G9 PABLO Y VIRGINIA. 

torre veis alia abaxo en el llano, adonde con- 
currian colonos muy poderosos, conducidosen 
hombros de esclavos, algunos de los quales se 
empenaron varias vecesen tener conocimiento 
y trato con aquellas familias tan unidas, convi- 
dandolas a diversiones y partidas de campo. 
Pero ellas desecharon siempre sus ofrecimien- 
tos con cortesania y respeto, persuadidas de 
que los ricos solo buscan a los pobres para te- 
ner complacientes, y que es imposible ser com- 
placiente sino adulando las pasiones de otro, 
buenas 6 malas. Por otra parte evitaron con 
no menor cuidado la familiaridad con los colo- 
nos medianamente acomodados, por lo comun, 
envidiosos, murmuradores y groseros. Al 
principio pasaron por timidas en el concepto 
de los primeros, y por aitaneras en el de los se- 
gundos ; pero su conducta reservada, estaba 
acompaiiada de tales demostraciones de urba- 
nidad y atencion, particularmente para con los 
miserables, que iasensiblemente se conciliaron 
el respeto de los ricos, y la confianza de los 
pobres. 

Comunmente al salir de mis^ iban a buscar- 
las las gentes desvalidas para que exercieran 
con ellas algun oficio de cai idad ; y ya se pre- 
sentaba un afligido pidiendoles consejo, ya un 
nino que les rogaba con lagrimas pasasen a 
visitor a su rnadre enferma en alguna de las 
* aldeas 



PABLO Y VIRGINIA Cl 

aldeas de la comarca. A este fin llevaban siem- 
pre consigo varias recetas de remedios caseros, 
los mas acomodados para la curacion de las 
enfermedades del pais, y las distribuian con 
aquel agrado que da tanto precio a los meriores 
servicios. Sobre todo, tenian particular talento 
para disipar las penas e inquietudes del animo, 
tan insoportables en la soledad y en un cuerpo 
enfermo. Madama de la Tour hablaba con 
tanta confianza de la divinidad, que oyendola 
discurrir asi los pacientes, les parecia que la 
tenian alii presente. Virginia volvia comun . 
mente de aquellas visitas con los ojos arrasados 
de lagrimas, pero con el corazon penetrado de 
alegria, porque habia tenido ocasion de hacer 
bien. Ella era la que disponia de antemano los 
remedios necesarios para los enfermos, a los 
quales se los administraba con indecible afabi- 
lidad y buen afecto. 

Despues de estas visitas de caridad, alargaban 
a veces su camino por el valle de la Montaiia- 
larga hasta mi posesion, donde yo las esperaba 
a comer a las orillas del riachuelo que pasa por 
las inmediaciones, y para aquellos casos pro- 
curaba tener reservada alguna botella de vino 
aiiejo, a fin de aumentar la alegria de nuestras 
comidas indianas, con estas dulces y pectorales 
producciones de la Europa. Otras veces nos 
citabamos para la playa del mar, ; en $ la de-sem- 
p s bocadura 



03 PABLO Y VIRGINIA. 

bocadura de algun rio de los que en esta isla 
solo merecen el nombre de grandes arroyos, 
adonde llevabamos de nuestra casa provisiones 
vege tales que juntabamos a las que el mar nos 
suministraba en abundancia ; en cuyas riberas 
pescabamos barbos, salmonetes, pulpos, lan- 
gostas, esquines, cangrejos, ostras y mariscos 
de toda especie. Muchas veces los sitios mas 
terribles por su naturaleza, nos proporcionaban 
los placeres mas tranquilos. Sentados por lo 
comun sobre un penasco a la sombra de un 
sauce, veiamos venir desde muy lejos las olas 
del mar a estrellarse a nuestros pies con hor- 
rible estrepito. Pablo que por otra parte nada- 
ba como un pez, se internaba a veces en la 
playa, saliendo al encuentro a las olas ; y quan- 
do estas se acercaban huia acia nosotros, de- 
lante de sus grandes volutas 6 roleos espumo- 
sos y bramantes, que le perseguian gmn trecho 
tierra adentro. Pero Virginia toda inmutada al 
ver aquello, daba agudisimos chillidos, y decia 
que semejantes juegos le causaban mucho 
sobresalto. 

A nuestras comidas se sucedian los canticos 
y danzas de los dos jovenes. Virginia canta- 
ba la felicidad de la vida campestre, y las des- 
gmcias de los marineros, a quienes incita la 
codicia a navegar sobre el furioso elemento, 
en lugar de dedicarse al cultivo de la tierra que 

da 



PABLO Y VIRGINIA. 60 

da apaciblemente tantos bienes. A veces exe- 
cutaba con Pablo alguna pantomima al modo 
de los negros. La pantomima es el primer 
lenguage del hombre, conocida de todos los 
pueblos, y tan natural y expresiva, que los 
hijos de los blancos suelen aprenderla, a poco 
que la vean practicar a los de los negros. Vir- 
ginia, trayendo a la memorialas historias leidas 
por su madre que mas impresion le habian 
hecho, representaba con mucha naturalidad 
los principales sucesos de ellas. Unas veces al 
son del tambor de Domingo, se presentaba en 
la era de su casa con un cantaro vacio en la 
cabeza, y se acercaba con timidez a la fuente 
inmediata, en ademan de ir a coger agua. Do- 
mingo y Maria, haciendo el papel de los pas- 
tores de Madian, se oponian a su paso, y 
asiendola del brazo, aparentaban que la echa- 
ban de alii. Llegaba en esto Pablo de repente 
a su defensa, contenia a los pastores, llenaba 
el cantaro de Virginia, y poniendosele en la 
cabeza, ceiiia su frente con una corona de per- 
vinca 6 yerba doncella, que daba nuevo realce 
a la blancura de su rostro. Entonces prestan- 
dome yo a sus juegos, me encargaba de hacer 
el personage de Raquel, y concedia a Pablo 
mi hija Sephora en matrimonio. 

En otras ocasiones representaba a la infeliz 
Ruth, quando volvio viuda y pobre a su pais, 

donde 



54 PABLO Y VIRGINIA. 

donde despues de una larga ausencia se vio 
tratada como forastera. Domingo y Maria, 
representaban los segadores : Virginia figuraba 
que iba recogiendo detras de ellos las espigas 
dexadas aqui y alii , y Pablo imitando la gra- 
vedad de un patriarca, le hacia varias pregun- 
tas, a que ella respondia como temblando de 
miedo. Movido al fin de compasion concedia 
asilo a la inocencia y hospitalidad al infortunio : 
llenaba el delantal de Virginia de toda suerte 
de provisiones, y la conducia a nuestra presen- 
cia, como ante los ancianos del pueblo, decla- 
rando que la elegia por esposa a pesar de su 
indigencia. , V" 

Madama de la Tour, representandosele vi- 
vamente con esta escena el abandono de sus 
mismos padres, su viudez, y el buen recibi- 
miento que habia tenido de Margarita, acom- 
panado a la sazon de la esperanza de un di- 
choso himeneo entre sus hijos, no podia dexar 
de Uorar ; y este confuso recuerdo de males y 
de bienes, nos hacia derramar a todos lagrimas 
mezcladas de gozo y de sentimiento. 

Se representaban estos dramas con tanta 
propiedad, que yo me creia transportado a 
los campos de la Syria 6 de la Palestina. Ni 
faltaba la decoracion, iluminacion y orquestra 
conveniente a semejante espectaculo ; pues el 
lugar de la escena era, por lo comun, en ei 

centro 



PABLO Y VIRGINIA. C5 

centro de un bosquecito, cuyas entradas for- 
maban al rededor de nosotros, muchas galerias 
de frondosidad y de foliage, donde pasaba- 
mos la mayor parte del dia resguardados del 
calor. Mas quando el sol se aproximaba al 
orizonte, sus rayos refractados en los troncos 
de los arboles, se hacian divergentes entre las 
sombras de la floresta, en largos manojitos lu- 
minosos que producian el efecto mas apacible 
y magestuoso. Algunas veces presentandose 
su disco entero al extremo de una calle, la 
hacia parecer toda ella como de fuego. Las 
hojas de los arboles iluminadas por la parte in- 
ferior con sus rayos azafrartados, brillaban a 
manera del topacio y la esmeralda : y sus par- 
dos y mohosos troncos parecian como conver- 
tidos en colunas de un bronce antiguo. Las 
avecitas retiradas en silencio, debaxo de la 
frondosa hoja, para pasar alii la noche, sorpre- 
hendidas de volver a ver una segunda aurora, 
saludaban todas auna al astro del dia con mil y 
mil cantares diferentes. . 

La noche nos sorprehendia muy a menudo 
en estas fiestas campestres ; pero la pureza del 
ayre y lo templado del clima nos permitia dor- 
mir en medio del campo, debaxo de un arbol, 
sin el menor recelo de ladrones, ni alii, ni en 
nuestras casas, adonde volviendo cada uno el 
dia siguiente, la hallaba como la habia dexado, 
j 2 Tal 



66 PABLO Y VIRGINIA. 

Tal era en aquel tiempo la buena fe que rey- 
naba en esta isla sin comercio, que las puertas 
de la mayor parte de las casas no se cerraban 
con Have, y una cerradura era un objeto de cu- 
riosidad para muchos criollos. 

Pero en el discurso del ano habia dias para 
Pablo y Virginia del mayor regocijo, que eran 
los del cumple-aiios de sus madres. Virginia 
no dexaba de amasar, y cocer la vispera tortas 
de flor de harina para las pobres familias de 
aquellos blancos nacidos en la isla, que no ha- 
biendo probado jamas pan europeo, desti- 
tuidos de todo auxilio por parte de los negros, 
y reducidos a alimentarse de la yuca en medio 
de las selvas, no tenian parasobrellevar la mi- 
seria, ni la estupidez companera de la esclavi- 
tud, ni el valor que inspira la educacion. Estas 
tortas eran el unico regalo que la situacion de 
su familia le permitia hacer a Virginia ; pero 
las repartia con tal agrado, que les aiiadia un 
precio y condiment^ extraordinario. Pablo 
era el que se encargaba de llevarselas a sus 
mismas habitaciones ; y las pobres familias re- 
conocidas, prometian, al tiempo de recibirlas, 
ir a pasar todo el dia siguiente en casa de 
madama de la Tour y Margarita. Alii era 
ver llegar i«na madre con dos 6 tres hijos ama- 
rillentos, descarnados, y tan timidos que ape- 
nas osaban levantar los ojos. Pero Virginia al 

punto 



PABLO Y VIRGINIA. 67 

punto los collocaba comodamente, y les servia 
ciertos refrescos, cuya bondad reiJzaba ellapor 
alguna circunstancia particular, que en su con- 
cepto, acrecentaba su valor, diciendoles : 
" Este licor lo ha hecho Margarita : este 
" otro mi madre : mi hermano ha cogido 
" por su misma mano esta fruta en la cima de 
" un arbol." Y otras cosas a este modo. V 

Despues ineitaba a Pablo a que les hiciera 
baylar, y no se apartaba de su lado mientras no 
los veia satisfechos y contentos. Todo su em- 
peno em que estuvieran alegres con la alegria 
desufamilia, y decia : " No es posible hacer 
" la felicidad propia, sin ocuparse en la de los 
" demas." Y asi quando se habian de volver 
a sus habitaciones, les ofrecia aquel miieble 6 
muebles a que los habia visto inclinados desde 
el principio, cubriendo la necesidad de que 
agradecieran sus dadivas, con el pretexto de su 
singularidad 6 extraneza. Si los veia muy 
andrajosos, escogia algunas de sus ropas vie- 
jas, y mandaba a Pablo las fuese a poner se- 
cretamente a la puerta de sus casas, con el 
permiso de su madre. De este modo hacia el 
bien, a exemplo de la divinidad, mostrando 
el beneficio, y ocultando la mano bienhechora. 

Vosotros los europeos, cuya alma se Uena 
desde la infancia de tantas preocupaciones con- 
trarias a la felicidad, no podeis concebir que la 

naturaleza 



68 PABLO Y VIRGINIA. 

naturaleza sea capaz de proporcionar tantas 
luces y placeres. Vuestro espiritu cenido a 
una estrecha esfera de conocimientos, toca 
bien pronto al termino de sus gustos artifi- 
ciales ; pero la naturaleza y el corazon son 
inagotables. Pablo y Virginia no tenian re- 
loxes, ni almanaques, ni libros de cronologia, 
de historia ni de filosofia. Los periodos de 
su vida se arreglaban por los de la naturale- 
za ; conocian las horas del dia por la sombra 
de los arboles : las estaciones por el tiempo en 
que dan sus fiores 6 frutos ; y los aiios por el 
numero de sus cosechas. Estas dulces ima- 
genes hacian muy delicioso su modo de ex- 
presarse : " Ya es hora de comer, decia Vir- 
" ginia a los suyos, pues a los bananos les da 
" la sombra a los pies : se acerca la noche por- 
" que los tamarindos cierran sus hojas..*. 
" I Quando vendras a vernos, le preguntaban 
" algunas amigas de las inmediaciones ? Para 
" las canas del azucar, respondia Virginia. 
u Tu visita, contestaban las muchachas, sera 
" para nosotras tanto mas gustosa y apre- 
" ciable." 

Quando le preguntaban su edad y la de 
Pablo, respondia: " Mi hermano tiene los v 
u mismos aiios que el cocotero alto, y yo que 
li el mas baxo ; los mangles han dado doce 
u veces su fruto, y los naranjos veinte y qua^- 

u tro 



PABLO Y VIRGINIA. 69 

" tiro veces la flor desde que estoy en este 
" mundo." De suerte, que su vida parecia 
que estaba indentificada con la de los arboles, 
como la de las Driadas y Faunos. No cono- 
cian mas epocas historicas, que las de las vidas 
de sus madres, otra cronologia que la de sus 
vergeles, ni mas filosof ia que el hacer bien a 
todos, y resignarse a la voluntad de Dios. 

Pero, de buena fe l que necesidad tenian estos 
niiios de ser sabios y ricos al modo que nosotros 
lo somos ? Sus mismas necesidades e ignorancia 
aumentaban en cierto modo su felicidad, y no 
habia dia para ellos en que no se presta^en uno 
a otro oficios de la mas tierna amistad. Ellos 
crecian en edad y experiencia, siguiendo fiel- 
mente las leyes de la naturaleza y de la religion, 
sin que ningun cuidado arrugara su frente, nin- 
guna intemperancia corrompiera su sangre, 
ninguna pasion funesta depravara su corazon. 
El candor, la inocencia, la piedad y el amor 
desplegaban de dia en dia la belieza de sus al- 
mas en gracias inefables, expresadas en todas 
sus acciones, actitudes y movimientos. 

En medio de esta felicidad que gozaban los 
dos jovenes, empezo Virginia a experimental* 
succesivamente una especie de melancolia. La 
edad de las pasiones produce en el hombre una 
metamorfosis 6 transformacion extraiia, que 
causa tantos bienes 6 tantos males, segun el 

impulso 



70 PABLO Y VIRGINIA. 

imp also y direction de las circunstancias. 
Virginia era victima de si misma, sin conocer- 
lo ; y en aqnel estado ni sabia a que atribuir la 
inquietud interior que experimentaba, ni sentia 
aquella alegria, que desde la ninez la habia 
acompanado. Sus ojos se marchitaron insen- 
siblemente, la palidez fue cubriendo su rostro, 
y una languidez y desmadejamiento universal 
acabaron de apoderarse de todo su cuerpo. 

Bien penetraba la madre la causa del mal de 
su hija, pero como prudente y experimentada, 
e decia : " Dirigete a Dios, hija mia, que 
1 es quien dispone a su arbitrio, de la sa- 
1 lud y de la vida de los mortales r y quiere 
c experimentar hoy tu constancia para premi- 
1 arte manana : acuerdate, de que no hemos 
' venido a este mundo, sino para exercitar la 
' virtud." 

En este intermedio los excesivos calores 
que de tiempo en tiempo desuelan las tierras 
situadas entre los tropicos, vinieron a exercer 
aqui sus estragos. Quando el sol toca al signo 
de capricornio a fines de Diciembre, sus ar- 
dientes rayos cayendo verticalmente sobre la isla 
de Francia, la abrasan por espacio de tres se- 
manas consecutivas, causando en toda ella un 
calor extraordinario. Los vapores del oceano 
elevados por la intension de los rayos solares, 
cubrieron un dia toda la isla como un vasto pa- 

rasol, 



PABLO Y VIRGINIA. 7t 

rasol, de resultas de haber calmado el viento 
sudeste, que es el que reynando aqui casi la 
mayor parte del aiio, disipa las tempestades. 
Las cimas de los montes cubiertas de estos 
negros vapores despedian de si globos de fue- 
go ; y los bosques, el llano y los valles resona- 
ban con los horribles truenos de las nubes 
agitadas. Bien pronto, comenzaron a caer 
torrentes de agua, como si de par en par se 
hubiesen abierto las cataratas del cielo. Los 
arroyos espumosos baxaban precipitados por 
las quebradas de este monte, formando un 
mar de todo el valle, una isleta de esta expla- 
nada donde estan las cabanas, y de este valle 
una esclusa por donde salian mezclados indis- 
tintamente con las tumultuosas aguas, los ar- 
boles, las tierras y los penascos. 

Toda la familia intimidada se encomendaba a 
Dios en la cabana de madama de la Tour cuyo 
techo cruxia horriblemente con la violencia de 
los ayres ; siendo tan fuertes y repetidos los 
relampagos que entraban por las rendijas, que 
sin embargo de que todas las puertas y venta- 
nas estaban bien cerradas, se distinguia con el 
resplandor quanto habia dentro de ella. Pablo 
intrepido como el mismo andaba con Domin- 
go de cabana en cabana, a pesar del furor de 
la tempestad, apuntalando aqui una viga, y 
fixando alii una estaca ; y si alguna vez entra- 

ba 



72 PABLO Y VIRGINIA. 

ba en la de madama de la Tour, sola era con 
el fin de consolar a la familia con la esperanza 
proxima de la serenidad deseada. En efecto, 
a la tardecita ceso la lluvia, y tomo su cursO 
ordinario el ligero viento del sudeste ; los nu- 
baiTones tempestuosos corrieron acia el nord- 
este, y aparecio en el orizonte el sol poniente. 

El primer deseo de Virginia fue ir a ver el 
lugar de su recreo. Pablo se acerco a ella con 
cierto ayre de timidez, y le presento el brazo 
para ayudarla a caminan El ayre ya era fresco 
y sonoro, y en las cimas del monte surcado 
en varias partes de la espuma de los torrentes, 
que sensiblemente iban menguando, se eleva- 
ban blancos vapores, anuncios de la sereni- 
dad. Todo el jardin estaba trastornado, desar- 
raygados la mayor parte de los arboles, y los 
prados cubiertos de arena. Solamente los dos 
cocoteros se conservaban verdes e intactos, 
sin que hubiesen quedado en susalrededores, 
ni cespedes, ni emparrados, ni paxaros, a ex- 
cepcion de algunos bengalies que en las extre- 
midades de las vecinas peiias Uoraban la perdida 
de sus hijitos con acento lamentable. 

A vista de tanta desolacion, dixo Virginia a 
Pablo : " Ya ves como el huracan ha quitado 
" la vida a los paxaritos que tii traxiste a este 
u sitio, y como ha destruido el jardin hecho 
" por tu mano. En esta vida no hay cosa que 

no 



PABLO Y VIRGINIA 72 

" sea perecedera, y solo son inmutables las 
"delcielo." 

" Que no tuviera yo para poderte la ofrecer, 
M le contexto Pablo, alguna cosa del cielo ! 
" pero es tanta mi pobreza, que ni siquiera 
poseo la menor prenda de valor sobre la 
tierra." " Bien lo se," replico ella, " me- 
rc dio sonrosada, pero tu tienes la efigie de san 
11 Pablo. 5 ' No bien oyo aquello Pablo, quan- 
do echo a correr en busca del retrato que te- 
nia en casa de su madre, 

El retrato era una especie de miniatura, que 
representaba a san Pablo, primer ermitafio, a 
quien Margarita profesaba particular devocion ; 
y despues de haberle llevado muchos anos al 
cuello, siendo soltera, se le puso a] hijo, luego 
que fue madre. Sucedio tambien que estando 
ella en cinta de Pablo, y viendose desampamda 
de todos, (& fuerza de contemplai^ en la ima- 
gen del santo anacoreta) se le parecia en alguna 
manera su hijo Pablo ; cuya circunstancia la 
habia decidido a ponerle su nombre, y darle 
por patrono un santo que paso su vida aparta^ 
do del mundo y lejos de las hombres, los 
quales despues de haberle seducido, perfida- 
mente le abandonaroiio Virginia al recibir 
aquella efigie de mano de Pablo, le prometio 
no quitarsela del cuello, mientras viviera, ni 
g olvidar 



74 PABLO Y VIRGINIA. 

olvidar que Pablo le habia dado la unica pren- 
da que poseia sobre la tierra. 

En este intermedio instaba Margarita a ma- 
dama de la Tour a que trataran de casar a sus 
hijos, en atencion a la pasion con que se 
miraban, y a la edad que ya tenian pro- 
porcionada para el efecto, evitando de esta 
manera los riesgos comunes a que estaban ex- 
puestos. Pero madama de la Tour, le respon- 
dio : " Todavia son demasiado jovenes y po- 
44 bres para eso. j Que sentimiento no ten- 
44 driamos en ver a Virginia cargada de hijos, 
" que tal vez no podria criar por falta de fuer- 
44 zas ! Vuestro negro Domingo ya esta bas- 
" tante cascado, y Maria enferma : por otra 
44 parte, amiga mia, yo me siento muy debil 
44 y deteriorada, al cabo de quince anos que 
44 vivo en un clima ardiente, como este, donde 
a se envejece mas pronto que en los frios, y 
" mucho mas con los quebrantos y pesares. 
" Pablo es nuestra unica esperanza, y debe- 
" mos aguardar por lo mismo a que medre y 
" adquiera el vigor necesario para que sea ca- 
" paz de sostener nuestra vejez. En el dia 
" bien sabeis que solo tenemos lo necesario 
44 para vivir : dentro de poco dispondremos 
" que Pablo pase a las Indias por cierto tiem- 
''** po, donde adquiera con el comercio la sufi- 
44 ciente cantidad de dinero para comprar un 

" esclavo 



PABLO Y VIRGINIA. 75 

ti esclavo ; y a la vuelta le casaremos con 
" Virginia, pues considero que es el unico 
" hombre que puede hacer feliz a mi amada 
" hija. Mas esto lo consultaremos despues con 
" nuestro vecino." 

En efecto, habiendolo hecho ellas asi, fui 
de su mismo dictamen, y les dixe que los 
mares de la India eran muy bonancibles, par- 
ticularmente sabiendo elegir la estacion propor - 
cionada para el embarco, en cuya navegacion 
se tardaba seis semanas, quando mas, a la ida, 
y casi lo mismo a la vuelta : que yo buscaria 
persona que habilitase a Pablo, pues era esti- 
mado de quantos le conocian; y que aun 
quando no le diesemos mas que algodon en ra- 
ma, del qual no se hace en esta isla ningun uso 
por falta de maquinas para limpiarle ; palo de 
ebano, tan comun aqui que se usa para lalum- 
bre, y algunas resinas que se pierden en nues- 
tros bosques ; todo esto lo venderia en las Indias 
a un precio mas que moderado. Me encargue 
al mismo tiempo de pedir a Mr. de la Bour- 
donais el pasaporte para el viage, y antes de to- 
do quise tratar con Pablo^ este pensamiento. 

Pero me quede absorto de admiracion 
quando este joven me dixo, con una ma- 
durez muy superior a sus anos : u (j, Porque 
" quereis que yo dexe a mi famiiia, por no se 
" que proyecto de fortuna? ; Hay por ven- 

" tura 



76 PABLO Y VIRGINIA. 

" tura en el mundo un comercio mas lucrative 
*' que el cultivo de la tierra que da cincuenta, 
" y aun ciento por uno ? Si queremos comer- 
" ciar l nopodremos hacerlo Uevando a ven- 
" der a Puerto-Luis lo que nos sobre, sin 
" necesidad de que yo vaya a correr las In- 
" dias ? Nuestras madres dicen que Domingo 
" esta viejo y cascado, pero yo soy muchacho, 
" y cada dia me siento mas robusto. Y <si, 
" durante mi ausencia, les sucediese alguna 
" desgracia, particularmente a Virginia, que 
u de algun tiempo a esta parte anda tan triste 
" y desazonada ? Ah ! eso no : no lo penseis ; 
" es imposible que me resuelva a ausentarme 
" de su vista!" 

Esta respuesta de Pablo me puso en la ma- 
yor perplexidad, porque madama de la Tour 
no me habia ocultado la situacion de Virginia, 
y sus deseos de ganar algunos anos mas" sobre 
ios que ellos tenian, separando al uno del otro ; 
cuyos motivos no me atrevia yo a descubrir a 
Pablo, ni era conveniente que aun los llegara 
a sospechar. 

En estas circunstancias, recibio mada- 
ma de la Tour una carta de su tia, por 
una embarcacion que acababa de Uegar de 
Francia. El temor de la muerte, sin el qual 
serian siempre insensibles los corazones du 
ros, se habia apoderado del de aqueila vieja ; 

de 



PABLO Y VIRGINIA. 77 

de resultas de haber salido de una grave enfer- 
medad, la qual, degenerando en extenuacion, 
se hacia incurable por lo avanzado de su edad. 
El objeto de su carta se reducia en subtancia 
a decir a su sobrina : " que se volviese a 
" Francia, 6 que en el caso de no permitirle 
" su salud emprender un viage tan dilatado, le 
" enviara a Virginia, a quien pensaba dar una 
" buena educacion y destino decente en la cor- 
" te, con la posesion de todos sus bienes ; y 
" aun aiiadia, que en el cumplimiento de 
x " aquellas sus ordenes, consistiala continua- 
" cion de sus favores." 

No bien habia acabado de leer madama de 
la Tour la referida carta a la familia, quando 
todos se quedaron suspenses y en la mayor 
consternacion. Domingo y Maria comenza- 
ron a llorar : Pablo, inmobil sin saber lo que le 
pasaba, parecia como dispuesto a enfurecerse ; 
Virginia, con los ojos fixos en su madre, no se 
atrevia a proferir una palabra. En este estado 
dixo Margarita a madama de la Tour : " Sera 
" posible que nos dexeis al cabo de tantos 
"anos!" 

" No, amiga mia, no, hijos mios," excla- 
mo madama de la Tour, " no os abandonare 
" jamas! Yo he vivido con vosotros, y con 
u vosotros quiero morir, porque no , he cono- 
" cido la dicha, sino en vuestra compania. Si 
g 2 (L xru 



7S PABLO Y VIRGINIA, 

" mi salud esta deteriorada, tienen la culpa de 
" ello los antiguos disgustos. Ixi crueldad de 
" mis parientes y la perdida de mi amado espo- 
" so, me penetraron hasta lo mas intimo del 
" alma ; pero despues aca he experimentado 
"mas satisfaccion y consuelo con vosotros 
" debaxo de estas humildes chozas, que quan- 
" tos bienes y felicidades pudieran> ni pueden 
i; prometerme en mi patria las riquezas de mi 
"familia." 

Acabando de decir estas palabras empeza« 
ron todos a verter lagrimas de gozo. Pablo 
arrojandose en los brazos de madama de la 
Tour, le decia : " No me separare jamas de 
" vos, ni ire a las Indias ' todos trabajaremos 
** aqui para vos, amada mama, y nada os fal- 
" tara en nuestra compania." Pero la que 
manifesto menos alegria que los demas, sin 
embargo de que era la que la habia sentido 
mas viva, fue Virginia, la qual se conservo 
lo restante del dia con la misma serenidad, col- 
mandose con esto la satisfaccion de todos. 

A la manana siguiente, al salir el sol, aca- 
bando de encomendarse a Dios en comunidad, 
antes de ponerse a almorzar, segun lo tenian 
de costumbre, les aviso Domingo que un se- 
nor de a caballo, seguido de dos esclavos, se 
acercaba a la posesion, En efecto, el tal ca- 
ballero era Mr. de la Bourdonais, el qual ha* 

biendose 



PABLO Y VIRGINIA. 79 

biendose entrado de improviso en la cabana, 
cncontro a toda la familia almorzando al rede- 
dor de una mesa, donde Virginia acababa de 
servir cafe, arroz cocido en agua, batatas asa- 
das y bananas frescas. La linica vaxilla dc 
que se Servian, eran cascos de calabaza, y por 
mantel hojas de banano. 

Manifesto el gobernador por el pronto su 
sorpresa, viendo la pobreza de aquella familia, 
y dirigiendose despues a madama de la Tour, 
le insinuo que los negocios generales de su 
empleo le habian estorbado algunas veces de 
pensar en los particulares ; pero que ella era 
acreedora a toda su atencion. " Vos teneis, 
" 4 madama, anadio, a una tia muy rica y dis- 
" tinguida en Paris, que os dexa por heredera 
" de todos sus bienes, y os espera quanto an- 
" tes a sulado." 

Contestole madama de la Tour, que su 
salud achacosa no le permitia emprender un 
viage tan expuesto como largo. 

" Pero a lo menos," replico el gobernador, 
" no podreis privar, sin injusticia, de una he- 
" rencia tan crecida, a una hija tan joven y 
" amable, como os ha concedido el cielo. Yo 
u no debo ocultaros que vuestra tia se ha valido 
iC de la autoridad pcira llevarsela, y que a este 
u fin me escribe, use de todasmis facultades 
" en caso necesario. Mas como yo no las 

" exerzo 



80 PABLO Y VIRGINIA. 

" exerzosinopara hacer felices a los habitantes 
44 de esta isla, espero de vuestra voluntad sola 
" un sacrificio de algunos anos, del qual de- 
" penden el establecimiento de vuestra hija, y 
44 vuestro bienestar para toda la vida. i A que 
" se viene a las islas ? no es para enriquecerse 
44 en ellas ? Pues i no sera mejor y mucho mas 
44 gustoso el ir a encontrarlas en su patria?" 
Diciendo estas palabras y mandando a uno de 
sus negros dexar sobre la mesa un gran talego 
de pesos que llevaba, anadio : " Aqui teneis 
" ese dinero que vuestra tia ha destinado para 
44 los preparativos del viage de la chica." 

Despues comenzo a reconvenir con corte- 
sania y atencion a madama de la Tour, porque 
no habia recurrido a el en sus necesidades ; 
aunque elogiando al mismo tiempo su valor 
noble y constante. 

Tomd a esto Pablo la palabra, y dixo a Mr. 
de la Bourdonais : u Sefior gobernador, mi 
4 ( mama ha recurrido a vos, y la habeis reci- 
" bido mal.^ 

" <j Teneis a otro hijo ? n pregunto pronta- 
mente el gobernador a madama de la Tour. 

44 No, senor," contesto ella ; 44 esteesel hijo 
44 de mi amiga Margarita, y a el y a Virginia 
44 los amamos igualmente, y son para nosotros 
"hijoscomuneso" 

44 Nino, 



PABLO Y VIRGINIA. $1 

u Nino," dixoel gobernador, encarandose 
a Pablo, " quando liegues a tener experiencia 
" del mundo, conoceras la desgracia de los que 
V mandan, y la fecilidad con que son engafia- 
" dos, dando al vicio intrigante e impudente, 
" lo que solo pertenece al merito que se 
"ocuita." 

Convido entonces madama de la Tour a 
Mr. de la Bourdonais a almorzar, cuyo con- 
vite acepto el gobernador sentandose a su la- 
do, y tomando cafe mezclado con arroz cocido 
en agua, a la manera de los criollos. EI qual 
quedo tan encantado del orden y aseo de la 
cabana, de la union edificante de las dos fami- 
lias, y hasta del zelo de sus ancianos criados, 
que dixo : " Aqui no hay sino muebles de 
madera, pero se ven rostros serenos, y cora- 
zones de oro." 

Pablo prendado de la popularidad y Uaneza 
del gobernador, le dixo, que deseaba ser su 
amigo, porque era hombre de bien ; y Mr. de 
la Bourdonais recibiendo con gusto aquella 
senal de sinceridad islefia, le dio un abmzo, y 
apretandole la mano, le aseguro que podia 
contar con su amistad. 

Acabado el almuerzo, llamo a paite a ma« 
dama de la Tour, y le dixo que habia ocasion 
en el dia de enviar a su hija a Francia, en un 
navio que estaba pronto a hacerse a la vela : 

que 



12 PABLO Y VIRGINIA. 

que la recomendaria a una parienta suya, que 
iba de pasagera en el mismo buque ; y que no 
era cosa de abandonar una herencia inmensa 
por una satisfaceion de algunos anos. " Vues- 
44 tra tia, anadio al tiempo de partir, no podra 
" vivir mas de dos anos, segun me escriben 
" sus amigos ; miradlo bien, y consultadlo alia 
44 para con vos, pues no todos los dias se 
44 muestra risuena la fortuna. No habra per- 
44 sona de juicio que no piense como yo. " 

Madama de la Tour le respondio, 44 Que 
44 no deseando en este mundo mas felicidad 
44 que la de su hija, dexaria absolutamente al 
44 arbitrio del senor gobernador su pallida 
44 para Francia." 

Como a madama de la Tour no le disgus- 
taba encontrar ocasion de separar, por algun 
tiempo a Pablo y Virginia, para proporcion- 
arles en lo sucesivo su felicidad mutua, llamo 
a parte a su hija de alii a pocos dias, y le hab- 
16 en estos terminos. 

44 Hija mia, ya ves que nuestros criados son 
44 ancianos, que Pablo es muy joven, que su 
44 madre va siendo vieja y que yo estoy muy 
44 achacosa de males : l que seria de ti entre 
44 estas brerias, si yo Uegase a morir ? <? podrias 
44 resistir sola, y sinninguna otra persona que 
44 te ayudase, viendote precisada a trabajar 
" continuamente la tierra, como una muger 

mer~ 



PABLO Y VIRGINIA. IS 

U mercenaria, para ganar el sustento diario ? 
■1 Ah ! esta reflexion, Virginia mia, me tras- 
" pasa las cntraiias de dolor !" 

Al oir esto Virginia, le replico : " Dios nos 
" ha condenado a todos al trabajo, y vos, ma- 
" dre mia, me habeis ensenado a trabajar, y a 
" bendecirle cada dia. Hasta aqui no nos ha 
*! abandonado, ni nos abandonara en adelante J 
* 4 pues su providencia vela particularmente so- 
u bre los infelices, segun millares de veces 
H me lo habeis insinuado. No es posible que 
u yo me determine a dexaros Sf 

Madama de la Tour conmovida con seme* 
j antes razones, le contesto sin detenerse : 
" No creas, hija mia, sea otro mi intento que 
" hacerte feliz, y casarte algun dia con Pablo, 
" que no es hermano tuyo : considera ahorgt 
" que tienes en tu mano su felicidad y la 
<' tuya." 

Como semejante confianza de una madre 
amorosa y compasiva, no tuyo dificultad Vir- 
ginia en abrirle de par en par su corazon, de- 
clarandole sin disfraz ni rebozo, la inclinacion 
hasta entonces secreta de su alma ; y viendo 
que su madre aprobaba, y dirigia a un fin ho- 
nesto con sus consejos, le ofrecio nuevamente 
no apartarse jamas de su lado, y vivir en su 
compania sin agitacion en quanto a lo pre- 
sente, ni temor respecto dc lo future 

Viendo 



84 PABLO Y VIRGINIA. 

Viendo madama de la Tour que su confiaru 
za habia producido un efecto contrario al que 
ella se esperaba, asegurole que no queria vio- 
lentar su inclination, sino que deliberara ma- 
duramente y a su salvo ; pero le encargo que 
ocultase siempre su amor a Pablo, porque, 
como ella decia > " quando el corazon de una 
" doncella esta cautivo, ya no le queda al 
"" amante otro sacrificio que exigir de ella." 

A este tiempo se dexo entrar por la puerta 
el confesor de madama de la Tour, enviado por 
el gobernador para acabar de persuadirla y ha- 
eerie fuerza con sus razones, las quales se 
reduxeron a que era forzoso someterse a los 
ordenes de la providencia que tenia dispuesto 
hacer feliz a Virginia por aquel camino; y 
que supuesto que madama de la Tour no po- 
dia emprender el viage por el mal estado de su 
salud, debia hacerlo sin mas dilation su hija 
Virginia, a fin de complacer a su tia, y mejo- 
rar al mismo tiempo su propia suerte. 

Habiendo oido semejantes razones, la obe- 
diente Virginia, baxo los ojos, y con voz 
desmayada y tremula respondio al confesor : 
" Si asi lo dispone el cielo, a nada me opon- 
a go: hagase la voluntad del seiior, aiiadio, 
" exhalando un profundisimo suspiro." 

En aquel estado, me envio a decir madama 
de la Tour con Domingo, le hiciese el favor 

de 



PABLO Y VIRGINIA. 85 

de pasar a su cabana, pues tenia que consul- 
tarme acerca del viage de Virginia. En efec- 
to, habiendo tratado los dos el asunto, fui de 
opinion que no emprendiera semejante viage. 
Porque habeis de saber que yo tengo por un 
principio cierto de la felicidad humana, que 
son preferibles los bienes de naturaleza a los 
de fortuna, y que no debemos ir a buscar le- 
jos de nosotros lo que tenemos dentro de 
nosotros mismos ; y esta maxima la extiendo 
yo a todas las cosas de este mundo, sin ex- 
cepcion ni diferencia. 

Pero l que eficacia podian tener mis conse- 
jos contra las fundadas esperanzas de una for- 
tuna tan brillante y halagiieiia ? Consiguiente- 
mente madama de la Tour solo me consulto 
por puro cumpliiniento, y ya no fue mas 
duena de deliberar por si, desde el instante 
que oyo el dictamen de los dos personages 
que acabo de nombraros. 

La misma Margarita, quien, a pesar de las 
felicidades que esperaba para su hijo de la 
fortuna de Virginia, se habia opuesto muy 
seriamente a su partida, dexo de insistir so- 
bre ello. Pablo, ignorando el partido que sus 
madres tomarian, estaba admirado de las con- 
versaciones secretas de madama de la Tour 
con su hija, y entregado a los impulsos de la 
tristeza, decia : " Algo se trama contra mi, 
h " quando 



S6 PABLO Y VIRGINIA. 

" quando tanto se recatan de que yo las 
" oyga." 

Al punto que se extendio la voz por toda 
la isla de que la fortuna habia visitado estas 
brenas, treparon a ellas mercaderes de todos 
generos, que desplegaron delante de estas mi- 
serables chozas las estofas mas preciosas de la 
India ; magnificas cotonias de Goudelour, pa- 
iiuelos de Paliacate y Mazulipatan, muselinas 
de Daca, bordadas, lisas, rayadas y transpa- 
rentes como la luz, camisas de Surate muy 
blancas, indianas de todos colores y las mas 
raras, de fondo obscuro con ramos verdes, 
magnificas telas de seda de China ; en suma, 
todas las producciones mas exquisitas del arte, 
que el luxo y la industria han inventado en las 
quatro partes del mundo. 

Quiso madama de la Tour que Virginia 
comprase a su arbitrio lo que mas le agradara, 
y solo se encargo ella de que no la enganasen 
en el precio ni en la calidad del genero. En 
efecto Virginia comenzo a elegir todo aquello 
que le parecia era del gusto de su madre, de 
Margarita y de su hijo, destinandolo todo 
para ellos, y nada para si, y diciendo siempre, 
" esto es muy bueno para muebles, aquello 
" para el uso de Maria y de Domingo." Por 
manera que ya se habia empleado todo el ta- 
lego de pesos, y nada habia comprado de lo 

que 



PABLO Y VIRGINIA. B? 

■ que necesitaba para si, habiendo sido preciso 
sacar la parte que a ella le tocaba de los rega- 
los distribuidos entre los de casa. 

Pablo penetrado de dolor al ver aquellos 
dones de la fortuna que le presagiaban la par- 
tida de Virginia, se presento de alii a pocos 
dias en mi casa, y me dixo con tono desmaya- 
do y lastimero : " Mi hermana sin duda va a 
" partir, pues la veo hacer los preparativos 
" para el viage. Ruegoos paseis a nuestra 
c< posesion, y empleeis todo el ascendiente 
" que teneis sobre el animo de su madre y de 
" la mia, para que no se vaya." Movido yo 
de las instancias del pobre muchacho, me 
preste al punto a sus deseos, aunque bien 
persuadido de que todas mis representaciones 
serian completamente inutiles y desaprobadas. 

Os confieso que si Virginia me habia en- 
cantado hasta entonces, con el vestido de co- 
ton azul de Bengala y el panuelo encarnado 
al rededor de la cabeza, me parecio mucho 
mas hechicera quando la vi engalanada al mo- 
do de las damas de este pais. Llevaba un 
vestido de muselina blanca, forrado de tafetan 
color de rosa, y sus rubios cabellos trenzados 
en dos ordenes a la espalda, hacian la mas 
perfecta armonia con su virginal cabeza. Sus 
hermosos ojos azules rebosaban melancolia, 
y su corazon agitado de una pasion reprimida, 

comu- 



*8 PABLO Y VIRGINIA. 

comunicaba a su rostro un color animado, y a 
su voz dulces y penetrantes sonidos. Hasta 
el contraste de su vistosa gala, que ella Uevaba 
contra todo su gusto, hacia tan interesante su 
languidez y desmadejamiento, que nadie podia 
verla ni oirla sin que se sintiera enternecido y 
encantado. 

Acrecentose con esto la tristeza de Pablo ; 
y afligida cada vez mas Margarita de ver la si- 
tuation de su hijo, determino, por "ultimo 
remedio, descubrirle el secreto que hasta en- 
tonces le habia ocultado. Llamole, pues, a 
parte un dia, y le dixo : 

u I A que fin, hijo mio, alimentarte por mas 
" tiempo de vanas esperanzas, que no habien- 
" do de realizarse nunca, te seran despues 
" tanto mas amargas ? Ya ha llegado el tiempo 
" de que te revele el arcano de tu vida y de la 
" mia. Virginia es parienta, por parte de ma- 
" dre, de una sefiora rica y de alto linage ; y 
" tu no eres mas que el hijo de una pobre al- 
" deana, a quien el amor hizo cometer una 
"■flaqueza, de que tu has sido triste fruto, 
" privandote mi culpa, j fatal memoria ! de 
" tu familia paterna, y mi arrepentimiento de 
" la matema. Ay infeliz ! por mi desventura 
" y la tuya, no tienes mas parientes que yo en 
' c este mundo ! " Y al llegar aqui comenzo a 
derramar copiosas lagrimas. 

Pablo, 



PABLO Y VIRGINIA. 89 

Pablo, abrazando estrechamente a su ma- 
dre, procuraba consolarla diciendole que no 
Uorase, y que pues no tenia mas parientes que 
ella en este mundo, por lo mismo la amaria 
mucho mas en adelante. " Pero ! que secre- 
" to, aiiadio, el que acabais de revelarme ! 
" Ahora entiendo porque hace dos meses que 
" Virginia anda huyendo de mi, y en dia esta 
" resuelta a dexarme ! Ah ! sin duda me des- 
"precialaingrataP' 

Llego entretanto la hora de cenar, y agita- 
dos todos de pasiones diferentes, comieron 
poco, y no hablaron palabra durante la cena. 
Virginia fue la primera que se levanto de la 
mesa, y se encamino a este mismo sitio en 
que estamos, donde se sento. Siguiola Pablo 
prontamente y fue a sentarse junto a ella, guar- 
dando uno y otro un profundo silencio por 
largo rato. 

Era esto en una de aquellas deliciosas no 
ches, tan comunes entre los tropicos, cuya 
belleza no es dado retratar al pincel mas dies- 
tro y amaestrado. La luna parecia que ocu- 
paba el centro del firmamento, rodeada de 
nubes y celages que sus rayos iban disipando 
por grados, dexandose caer insensiblemente 
su luz sobre los picos de los montes de la isla, 
que brillaban con un verde plateado. Los 
vientos retenian su aliento; y solamente se oian 
h. 2 en; 



90 PABLO Y VIRGINIA. 

en los bcsques, en el hondo de los valles, y en 
las puntas de los penascos, las piadas y el dul- 
ce murmullar de las avecillas, que regocijadas 
con la claridad de la noche y la apacibilidad 
del ayre, se arrullaban en sus nidos 6 noctur- 
nas moradas. Todos, hasta los insectos, su- 
snrraban debaxo de la yerba. Las estrellas 
centelleaban en el cielo y reverberaban en el 
hondo del mar, el qual reflexaba sus ipiagene§ 
tremulantes. 

Recorria Virginia con ojos distraidos todo 
el orizonte quando avisto, a la entrada del 
puerto, una luz, y una sombra, que eran el 
fanal y el casco del navio en que habia de em- 
barcarse para Europa, y que dispuesto a ha- 
cerse a la vela se mantenia al ancla, hasta que 
cesaran las calmas. A vista de'esto se le con- 
movieron las entraiias, y volvio la cabeza a 
otro lado, porque no la viera llorar Pablo. 

Madama de la Tour, Margarita y yo, nos 
habiamos sentado a pocos pasos de ellos, de- 
baxo de los bananos ; y con el silencio de la 
HBOche, oimos tan claramente su conversacion^ 
que desde entonces nunca la he olvidado. 

" He oido, Virginia," comenzo Pablo, 
" que te vas dentro de tres dias ; l no temes 
" exponerte a los riesgos de la mar.... de la 
" mar que tanto horror te causa ?" 



PABLO Y VIRGINIA. 01 

" Es forzoso," respondio ella, " que obe- 
" dezca a mi madre, y cumpla con lo que 
'< le debo." 

" Pero l sera posible que nos dexes," re- 
plico Pablo, " por una parienta a quien no has 
" visto jamas ?" 

f t Ay de mi !" exclamo Virginia, " yo 
" queria quedarme aqui toda mi vida, pero 
" mi madre no lo ha tenido a bien. Por otra 
" parte, me ha dicho mi confesor, que es vo- 
" luntad de Dios el que yo parta, y que la vida 
" no es mas que una continua prueba.... Ah ! 
" sin duda que es una prueba muy dolo- 



rosa 



!» 



u Que!" repuso Pablo, u I hallas tantas ra- 
" zones para partir, y ninguna pam quedarte ? 
" Ah ! otra hay que me reservas : el atractivo 
" de las riquezas es lo que te mueve. No 
" dudo que lograras en Francia un himeneo 
" correspondiente a tu nacimiento, y con to- 
" das las demas circunstancias que yo no pue- 
" do ofrecerte ; pero I adonde iras tu que seas 
" mas feliz ? I a que tierra aportaras que te sea 
" mas amada que la en que has nacido ? £ donde 
" encontraras gentes mas amables que las que 
" aqui te idolatran ? I como podras vivir sin 
" las caricias de tu madre, a que estas tan 
u acostumbrada ? I que sera de la pobre vieja, 
;' quando no te vea a su lado ? ni en la mesa, 

ni 



ft PABLO Y VIRGINIA. 

" ni en casa, ni en el paseo donde iba apoyada 
" siempre a tu brazo ? i y que sera de la mia, 
u que te ama tanto como ella ? i que les dire 
" yo quando las vea llorar por tu ausencia ? 
" Ah, cruel ! no quiero hablarte de mi : pero 
" I que hare quando yo no te vea a la manana, 
" ni a la noche en nuestra compania ? Ay, 
" Virginia ! permiteme a lo menos partir con- 
u tigo en el mismo navio, ya que buscas una 
" nueva suerte en un pais extrangero para ti, y 
" otros bienes que los que te produce mitra- 
" bajo. A lo menos te animare en las bor- 
"rascas que temes tanto, y te consolare en 
" medio de las desgracias ; y quando yo te 
" vea en Francia servida y adorada de todo el 
<c mundo, te hare el liltimo sacrificio de mo- 
u rir a tus plantas.'' 

Al llegar aqui le embargaron la voz los sol- 
lozos, y de alii a poco oimos la de Virginia 
que le decia estas palabras, interrumpidas con 
suspiros : 

•- Tii eres precisamente la causa de mi par- 
" tida...» tii, a quien he visto diariamente en-^ 
" corvado baxo del peso del trabajo para 
" sustentar a dos familias enfermas y necesita- 
" das. Si yo he abrazado esta oeasion de ser 
" rica, no es sino para pagarte mil veces los 
14 beneficios que hemos recibido de tu mano : 
" i hay fortuna comparable a la de tu amistad l 

" A que 



PABLO Y VIRGINIA. 93 

" I A que vienes hablarme de tu nacimiento ? 
" Ah ! l si me diesen a elegir un hermano, 
" elegiria otro que a ti ? i Ay, Pablo, Pablo ! 
" cree a tu hermana que te habla con el cora- 
" zon en las manos, y te asegura que si parte, 
" es precisamente por obedecer a su madre, y 
" hacerte a ti feliz." 

44 Yo ire contigo, Virginia, ire contigo, y no 
44 habra quien pueda separarme de ti," excla- 
mo entonces Pablo con gritos muy desafora- 
dos. Corrimos todos a el viendole como fue- 
ra de si, y madama de la Tour le dixo : 
44 <> Que sera de nosotras, hijo mio, si tu 
44 nos desamparas ?" 

Al oiraquello, Pablo repitio, comohorro- 
rizado, estas palabras : hijo mio !... hijo mio I 
»..• y volviendose repentinamente a madama 
de la Tour, le dixo : u l Vos, madre mia, 
" siendo tan inhumana que separais al herma- 
u no de la hermana ? Los dos hemos mamado 
" vuestra leche, nos hemos criado en vuestro 
" regazo, I y quereis ahora separarla de mi ? 
" l quereis enviarla a ese pais barbaro, 
" que os ha negado un asilo en vuestros 
" infortunios, y entre unos parientes que con 
4i crueldad inaudita os han abandonado ? No : 
" Virginia no saldra de aqui sin mi. l Quien 
*' me podra estorvar que yo la siga ? I Acaso 
" el gobernador ? pero no podra impedirme 

44 el 



94 PABLO Y VIRGINIA. 

" 61 que me arroje al mar, y la siga a nado. 
" Para mi no sera mas funesto el mar que la 
" tierra. Que crueldad de madre ! el cielo 
" permita que el oceano a que la exponeis.... 

Y sin acabar de proferir lo que habia co- 
menzado le tomo una especie de arrebato: 
yo le cogi en mis brazos y le vi entera.mente 
enagenado de colera. Sus ojos arrojaban lla- 
mas, y un sudor frio y muy copioso corria 
por todo su rostro inflamado ; temblabanle 
las rodillas, y en su pecho abultado se le sentia 
latir el corazon con palpitaciones dupiicadas. 

Asustada Virginia con aquel espectaculo, 
le dixo : " O amado Pablo! yo te prometo 
" por tus males y los mios, de no vivir sino 
" para ti, si me quedo ; y si parto, de volver 
" algun dia para ser tuya. Sedme testigos to- 
" dos los que habeis dirigido los primeros pa- 
" sos de mi infancia, que disponeis de mi 
" vida, y veis mis lagrimas. Asi lo juro por 
" el cielo que me oye, por ese mar que voy 
" a atravesar, por el ay re que respiro, y que 
" nunca he manchado con la menor mentira." 

A Ja manera que el sol deshace y precipita 
una montafia de nieve de la cumbre del Ape- 
nino, asi ni mas ni menos se disipo la furia 
de Pablo, inmediatamente que oyo la voz del 
objeto de su amor, Su cabeza antes erguitia, 
se inclino sobre el pecho, y un torrente de 

lagrimas 



PABLO Y VIRGINIA. 93 

lagrimas corria de sus ojos. Su madre mez- 
clando las suyas con las del hijo, le abrazaba 
tiernamente sin poder hablar ; y madama de la 
Tour, sin saber lo que le pasaba, me decia : 
4< Ya no puedo sufrir mas.... el corazon se me 
" parte de dolor.... este viage de mis pecados 
"no se verificara ; vecino, procurad llevaros 
u a mi hijo.... ocho dias ha que nadie duerme 
" en estacasa." 

Yo entonces le dixe a Pablo que se sose- 
gase, pues a la maiiana siguiente iriamos a 
ver al gobernador, y hariamos que Virginia se 
quedara: que dexase reposar a la familia, y 
fuese a pasar la noche a mi cabana, pues eran 
ya mas de las doce. Con lo qual se dexo He- 
var sin la menor repugnancia, y despues de 
una noche muy agitada, se levanto al rayar el 
dia y se volvio a su cabana. 

Pero, l que necesidad hay de continuar por 
mas tiempo (me dixo al Uegar aqui el anciano) 
la relacion de este caso ? En la vida humana 
solo hay un lado agradable que conocer, pues 
el otro se presenta obscuro y tenebroso como 
la parte de la tierra que no esta iluminada por 
el sol durante la noche. Asi que, el curso 
rapido de nuestra vida no es mas que un dia, 
y una parte de este dia esta envuelta para no- 
sotros en obscuridades. 

Os 



9G PABLO Y VIRGINIA. 

Os suplico, buen amigo, le conteste, me 
continueis la relacion del caso que habeis em- 
pezado a contarme de una manera tan tierna e 
interesante. Las imagenes de la feiicidad nos 
agradan, pero las de la desgracia nos instru- 
yen. Contadme, pues, el paradero del infelice 
Pablo. 

El primer objeto, continuo el anciano, que 
se presento a los ojos de Pablo al volver de mi 
casa, fue la negra Maria, que estaba sobre un 
peiiasco mirando al mar alto : al punto que la 
descubrio, comenzo a gritarle de lejos : 
" Maria, Maiia! donde esta Virginia ?" 
> La pobre Maria volvio la cabeza acia su 
joven amo, y se puso a Uorar. Inmediata- 
mente que noto Pablo las lagrimas de Maria, 
volvio atras todo desaforado, y se encamino 
al puerto apresuradamente, donde le dixeron 
que Virginia se habia embarcado antes del 
alba, y no se divisaba ya la nave desde la ba- 
hia. Con tan inesperada noticia se volvio a 
la posesion, y la atraveso toda sin hablar a 
nadie. 

Aunque esta cordillera de riscos parece, de 
la parte de alia, que esta casi perpendicular, 
esas explanadas verdes que dividen su altura, 
son como otros tantos pisos 6 gradas por don- 
de se sube, a favor de algunas sendas fragosas, 
hasta el pie de aquel cono inclinado e inac- 

cesible 



PABLO Y VIRGINIA. $7 

cesible Uamado el Police. En la basa de este 
cono 6 piramide, hay un llano cubierto de 
^spesos arboles y tan elevado, que parece co- 
mo un gran bosque suspendido en los ayres, 
y esta rodeado por todas partes de precipicios 
espantosos. Las nubes que la cima del Po- 
lice atrae continuamente al rededor de si, for- 
man alii muchos arroyos que se despenan a 
tal profundidad en el hondo del valle, situado 
a espaldas de esta montaiia, que no se percibe 
desde la eminencia el ruido que hacen al caer 
sus aguas. Desde este llano se descubre una 
gran parte de la isla con sus collados domina- 
dos de varios picachos, entre otros Piterboth 
y los Tres Pechos con tedos sus bosques y 
valles, y enfrente el vasto oceano y la isla de 
Borbon, distante como quarenta leguas al 
ocaso. 

Alii fue a donde Pablo dirigio los primeros 
pasos, desde cuya eminencia diviso en alta 
mar la nao conductora de Virginia, como un 
punto negro en medio del oceano. Asi se 
estuvo la mayor parte del dia sin dexar de mi- 
rarla, figurandosele que la veia, aun quando 
habia desaparecido, hasta que habiendose 
ocultado del todo entre los vapores del ori~ 
zonte, tomo el partido de sentarse en aquel 
sitio agreste y solitario, combatido siempre de 
los vientos, que agitan sin cesar las cimas de 
i Lis 



OS PABLO Y VIRGINIA. 

las palmeras y tacamacos, cuyo susurro sordo, 
pero armonioso, se semeja al ruido de los or- 
ganos tocados a lo lejos, e inspira una profun- 
da melancolia. Alii fue donde yo le halle con 
la cabeza reclinada en un penasco y los ojos 
clavados en la tierra, despues de haber andado 
buscandole desde la salida del sol. Al princi- 
pio me costo mucho trabajo el persuadirle que 
tornara a su cabana ; pero al fin pude conse- 
guirlo a fuerza de instancias. Llegamos a la 
pcsesion de su madre, y lo primero que hizo, 
al ver a madama de la Tour, fue quejarse 
muy amargamente de que ella le habia en- 
gaiiado. 

Madama de la Tour muy contristada, nos 
refirio entonces que habiendose levantado un 
viento favorable entre dos a tres de la manana, 
el gobernador de la isla, acompaiiado de va- 
rios oficiales, y del confesor de quien se hablo 
antes, habia ido a buscar a Virginia en litera ; 
y que, a pesar de sus lagrimas y razones y de 
las de Margarita, se habian llevado a su hija 
mas muerta que viva, protestando el goberna- 
dor y los de su comitiva que aquello lo hacian 
por el bien de toda la familia. 

A lo menos, le contesto Pablo, estaria yo 
ahora mas tranquilo, si me hubiese despedido 
de ella. Yo le hubiera dicho : u Virginia, si 
44 en el tiempo que hemos vivido juntos, se me 

"ha 



PABLO Y VIRGINIA. 99 

" ha escapado alguna palabra que haya podido 
" ofenderte, dime que me la perdonas antes 
" de dexarme para siempre. Le hubiera di- 
41 cho : Ya que estoy condenado a no volver 
" a verte, a Dios, amada Virginia! a Dios I 
" vive contenta y feliz lejos de mi ! " 

Y como en esto viese que su madre y ma- 
dama de la Tour lloraban hilo a hilo : " Bus- 
11 cad ahora," les dixo, " otro que yo que en- 
" xugue vuestras lagrimas ! " Y al mismo 
tiempo, prorrumpiendo en tristes lamentos, 
se ausento de su vista, y comenzo a vagar 
de una parte a otra por la posesion, recorrien- 
do todos los parages que habian sido mas que- 
ridosde Virginia, y diciendo a los corderos y 
cabritillos que le seguian balando : " Que 
" quereis de mi ? ya no vereis mas conmigo a 
<c la que os daba de comer en sus palmas !" 

Se encamino despues al sitio Ilamado el Re- 
creo de Virginia, y viendo a los paxaritos que 
revoloteaban al rededor de el, les decia : " Po- 
" bres avecitas ! ya no vol vereis a poneros a 
" las plantas de la que os echaba migas de pan 
" y granos de trigo, para que no os faltase de 
k< comer." Y viendo a Leal que iba delante 
de el meneando la cola y olfateando por todas 
partes ; dio un suspiro y dixo : " Ah ! no te 
41 canses, pobre aninialito, queya no volveras 
" a eneontrarla jamas." 

Po 



iOO PABLO Y VIRGINIA. 

Por ultimo, fue a sentarse en la peiia don- 
de le habia hablado la noche precedente ; y a 
vista del mar, en que acababa de ver desapa- 
recer el navio conductor de la prenda de sus 
entranas, lloro amargamente su desgracia. 

En este estado, temiendo nosotros alguna 
funesta resulta de la agitacion de su alma, le 
seguiamos a todas partes sin perderle nunca 
de vista. Su madre y madama de la Tour se 
valian de las expresiones mas tiernas y afec- 
tuosas, pa^a que su dolor no degenerase en de- 
sesperacion ; y al fin logro esta ultima tran- 
quilizarle un poco, dandole los nombres mas 
propios para animar sus esperanzas, llaman- 
dole a boca llena su hijo, su amado hijo, su 
yerno, para quien tenia destinada su hija. 

Por aquel medio logro madama de la Tour 
hacerle eritrar en casa, y que tomase algun ali- 
miento. En efecto, se sento con nosotros a 
la mesa, inmediato al sitio que ocupaba antes la 
companera de su ninez ; y como si todavia lo 
ocupara Virginia, le dirigia la palabra y le pre- 
sentaba los manjares que sabia le eran mas 
gratos ; pero inmediatamente que reconocia 
su ilusion, echaba a Uorar muy desconsolado. 

En los dias siguientes anduvo juntando todo 
lo que habia servido al uso particular de Vir- 
ginia, como los iiltimos ramilletes de flores 
que se puso, una taza de coco en que solia be- 

bei\ 



PABLO Y VIRGINIA. 101 

ber, y otros dixes a este tenor; y como si 
aquellas reliqmas de su amiga, fuesen las al- 
hajas de mas precio de la tierra, las besaba y 
las metia en el seno* Finalmente, conociendo 
que su pena aumentaba la de su madre y de 
madama de la Tour, y que las necesidades de 
la familia pedian un trabajo continuado, se pu- 
so a ayudar a Domingo en los reparos y cul- 
tivo del jardin* 

A poco tiempo, este jo ven indiferente hasta 
entonces, como criollo, a todo lo que pasa en 
el mundo, me suplico le ensenase a leer y 
escribir, para poder corresponderse por escrito 
eon Virginia ; y despues quiso instruirse en la 
geograf ia, para formar una idea del pais adon- 
de iba a desembarcar ; y en la historia, para 
conocer las costumbres de la sociedad en que 
habia de vivir. Sin duda que el origen del 
maravilloso arte de leer y escribir, se ha debido 
alafecto de dos amantes ausentes 6 imposibili- 
tados de comunicarse mutuamente sus ideas, 
por alguna dificultad insuperable. 

El estudio de la geograf ia no agrado mu= 
eho a Pablo, porque en lugar de describir la 
naturaleza de cada pais 9 solo trata de explicar- 
nos sus partes y divisiones, segun su respectivo 
estado politico. La historia, en especial la 
moderna, tampoco le parecio mas util; no 
hallando enella mas que desgracias generales, 
12 ype= 



102 PABLO Y VIRGINIA. 

y periodicas, cuyas causas no llegaba a pene- 
trar. Y asi, como no encontraba en su lee- 
tnra mas que guerras sin motivo ni objeto, 
intrigas secretas, y naciones sin caracter, pre- 
feria a los libros historicos, los de novelas y 
aventuras ; porque tratando con particularidad 
de los sentimientos e intereses de los hombres, 
le ofrecian algunas veces lances y situaciones 
parecidas a la suya,. Por este motivo ningun 
libro le agradaba tanto como el Telemaco, por 
sus descripciones y pinturas de la vida cam- 
pestre, y de las pasiones hijas del corazon hu- 
mano. Muchas veces leia a su madre y a 
madama de la Tour, los pasages del Telemaco 
que le hacian mas impresion ; y entonces, 
agitado de dulces memorias, se le turbaba la 
voz y Uoraba amargamente. Se le figuraba, 
que hallaba reunidas en Virginia la dignidad y 
virtud de Antiope, con las desgracias y la ter- 
nura de Eucharis. 

Pero por otra parte, quedo enteramente es- 
candalizado, leyendo las novelas del dia, Ue- 
nas de maximas perjudiciales y libertinas ; y 
quando supo que las tales novelas contenian 
una pintura fiel de los usos y costumbres de 
las naciones de Europa, temio, no sin alguna 
apariencia de razon, que el corazon de Virginia 
se corrompiera y olvidara su carino. 

En 



PABLO Y VIEGINTIA. 10 

En efecto, se paso mas de aiio y medio sin 
que madama de la Tour tuviese noticias de su 
tia ni de su hija, y solo por un medio extraiio 
se sabia que Virginia habia llegado felizmentc 
a Francia. Ultimamente, por una embarca- 
cion que pasaba a las Indias, recibio una car- 
ta escrita de propio puno de Virginia, por la 
qual conocio desde luego que vivia infeliz, sin 
embargo de la circunspeccion y disimulo con 
que su amable e indulgente hija seexplicaba 
en ella. Tengo tan presentes casi todas las. 
palabras de esta carta, por lo bien que pintaba 
en ella su situacion y caracter, que voy a re- 
ferkosla al pie de la letra. 

""Mi mas querida y estimada mama, 

" Despues de mi Uegada os escribi varias 
w cartas de mi puno, y coma a ninguna me 
" habeis contestado, me temo no hayan llega- 
4< do a vuestras manos. Con la presente ten- 
" go mejores esperanzas, en virtud de las 
44 precauciones que he tornado para daros no- 
"ticiade mi persona, y recibirla igualmente 
M dela vuestra, 

44 iQuantas lagrimas he derramado, amada 
44 madre mia, despues de vuestra separacion, 
44 yo que apenas habia Uorado sino por los 

44 males 



184 PABLO Y VIRGINIA. 

44 males de otros ! Mi tia se quedo muy ad- 
44 mirada a mi llegada, quando preguntandome 
44 las habilidades que tenia, le respondi que 
i4 no sabia leer ni escribir: y repiicandome 
44 ella, que era lo que habia aprendido en este 
44 mundo ? le conteste que solo sabia gobernar 
44 una casa, y hacer vuestra voluntad : a lo que 
44 me dixo, que me habian dado una educacion 
u de criada. 

44 Al dia siguiente de mi llegada, me puso^ 
44 en un gran colegio cerca de Paris, donde 
44 tengo maestros de todas clases^ que me en- 
44 senan, entre otras cosas, la historia, la ge- 
44 ografia, la gramatica, las matematicas y a 
44 montar a caballo ; pero tengo tan poca dis- 
44 posicion para todas estas ciencias. que no 
44 me prometo hacer progresos con estos ca- 
u balleros. Conozco que soy una pobre mu- 
44 ger de cortisimos alcances, como ellos suelen 
44 decir ; sin embargo de esto, mi tia no lo 
" lleva a mal, antes bien me asiste con todo 
44 lo necesario, enviandome trages diferentes 
" para cada estacion, y manteniendo dos don- 
44 cellas destinadas a servirme, que estan tan 
44 bien vestidas como las senoras de mas alto 
44 copete. Me ha hecho tomar el titulo de 
44 condesa, y dexar el apellido de La Tour r 
44 para mi de tanto aprecio como para vos, por 
" la relacion que me habeis hecho de los dis- 

44 gustos 



PABLO Y VIRGINIA. 105 

%i gustos que mi difunto padre sufrio por ca- 
44 sarse con vos ; y en lugar de aquel apellido, 
44 me ha mandado usar del de vuestra familia, 
u que tambien aprecio mucho, por ser el que 
44 vos usabais quando soltera. Viendome en 
44 una situacion tan brillante, le he suplicado 
n varias veces que os envie algun socorro ; 
44 mas, l como hare yo para significaros su 
u respuesta ? Pero vos me habeis encargado 
44 que os diga siempre la verdad : me respon- 
" dio, que un socorro moderado, para nada 
44 os alcanzaria, y que uno grande no haria 
" mas que serviros de estorvo en el estado sen- 
44 cillo de vida que habeis elegido. 

" Bien procure al prii^cipio daros iloticia de 
44 mi persona, valiendome de agena mano para 
" escribiros; pero como no tenia aqui sugeto 
" de quien poder fiarme, me he aplicado noche 
44 y dia a aprender a leer y escribir ; y Dios 
44 ha querido hacerme la gracia de conseguirlo 
44 en cortisimo tiempo. Mis prirneras cartas 
44 se las confie a las criadas que me asisten, 
44 para que os las dirigieran, y tengo sobrados 
44 fundamentos para sospechar que se las han 
44 remitido a mitia. Esta vez me he valido 
44 de una colegiala, amiga mia, y os suplico 
44 me respondais, dirigiendo a ella la carta, 
44 baxo del adjunto sobrescrito; pues mi tia 
44 me ha prohibido toda conespondencia fuera 

44 de 



0$ PABLO Y VIRGINIA. 

de casa, con el pretexto de que esto perjudi- 
caria, segun ella dice, a los altos pensamien- 
tos que tiene acerca de mi. No tengo mas 
visita que la suya y la de un caballero an- 
ciano, amigo de la tia, el qual, segun ella 
se explica, me profesa mucha aficion ; pero, 
a decir la verdad> yo no le profeso a el 
ninguna, aun quando yo fuese capaz de te- 
nerla a alguno. 

" Aunque vivo en medio de la opulencia, 
no puedo disponer de un maravedi. Dicen 
que el tener yo a mi disposicion oro y plata, 
me podria acarrear graves conseqiiencias ; y 
asi en el centro de las riquezas, estoy mu- 
cho mas pobre, que quando vivia en vues- 
tra compania, porque nada tengo para poder 
dar a otros. Mis mismos vestidos son mas 
de mis doncellas, que mios, pues se los dis- 
putan antes que yo los dexe. Luego que vi 
que las grandes habilidades que me ensena- 
ban, no me proporcionaban la satisfaccion de 
hacer el menor bien, me aplique a la. 
aguja, cuyo uso me habeis ensenado por 
dicha mia. 

" Ahi os envio varios pares de medias he- 
chas por mi mano, para vos y para mama 
Margarita, un gorro para Domingo, y uno 
de mis panuelos encarnados para Maria ; 
y en el mismo paquete van algunas semillas 

4< y pe- 



PABLO Y VIRGINIA. Iff? 

M y pepitas de las frutas de mis colaciones, con 
" la simiente de toda suerte de arboles, que en 
44 mis ratos de recreacion he podido recoger en 
44 el jardin y bosque de este colegio : y al mis- 
w mo tiempo, la gmna de violetas, margaritas, 
" azucenas, coquilicos y escabiosas, que he 
H cogido en los campos. En los prados de 
44 esta tierra hay flores mas bellas que en los 
44 nuestros, pero aqui no se hace ningun apre- 
44 cio de ellas. 

44 Estoy segura de que asi vos, como ma- 
" ma Margarita, recibireis mas gusto con ese 
" saquito de simientes, que con aquel grande 
<c de pesos, que ha sido la causa de nuestra se- 
" paracion y de mis lagrimas. Sera para mi 
44 de la mayor satisfaccion, el que tengais ma- 
44 nana u otro dia la complacencia de ver a los 
44 manzanos, crecer al lado de los bananos, y 
44 a las hayas entretexer sus ramas con las de 
" los cocoteros. Asi os parecera que estais 
14 en la Normandia, que tanto amais. 

44 Me encargasteis al partir os escribiera mis 
44 satisfacciones y mis pesares. Para mi no 
44 puede haber satisfaccion ni contento, ausen- 
44 te jle vos ; y por lo que toca a mis penas, 
44 procuro dulcificarlas acordandome que es- 
44 toy donde vos me habeis puesto por disposi- 
44 cion de la providencia. Pero lo que aqui 
46 mas me atormenta es que no oygo hablar 

de 



1-08 PABLO Y VIRGINIA, 

4i de vos, ni puedo hablar con nadie de cosa 
" vuestra; porque quando procuro sacar la 
•' conversacion sobre unos objetos que me 
" son tan preciosos, me dicen mis doncellas, 
" 6 por mejor decir, las de mi tia, pues son 
" mas suyas, que mias : Senorita, acordaos 
" de que sois francesa, y que debeis olvidar el 
H pais de los salvages. Ah ! antes me olvi- 
u dare de mi misma, que olvidar la tierra en 
" que naci, y donde vos vivis! Este si que 
u es verdaderamente para mi pais de salvages, 
*' porque vivo tan sola, que ni aun tengo una 
u persona a quien poder manifestar el amor 
" que invariablemente os conservara hasta 
" la sepultura, mi mas querida y adorada 
" mama. 

M Vuestra mas sumisa y amante hija, 

Virginia de la Tour. 

P. D. " Recomiendo a la bondad de vues- 
u tro corazon a Maria y Domingo, que se 
" han esmerado tanto en cuidar de mi niiiez ; 
" y haced por mi quatro caricias a Leal, que 
" me encontco en el bosque." 

Quedo Pablo muy admirado de ver que 
Virginia, acordandose hasta del perro, no 

hiciese 



PABLO Y VIRGINIA. m 

Jriciese mention de el en toda la carta ; pe- 
ro sin duda no sabia que por larga que sea la 
carta de una muger, jamas pone la cosa que 
mas tiene en la idea sino al fin.. En efecto, 
despues de la primera post-data, hablaba a par- 
te de Pablo, y le recomendaba particularmente 
las semillas de la escabiosa y de la violeta, ex- 
plicandole sus propiedades, y donde debian 
sembrarse. Acerca de lo qual hacia unas 
comparaciones muy analogas a la situacion de 
entrambos, con respeto a los caracteres y 
propiedades de estas dos plantas. Queria que 
sembrase la violeta en los bordes de la fuente, 
al pie de su cocotero, porque requiere hume- 
dad ; y la escabiosa, que crece siempre en 
parages asperos y combatidos de los vientos, 
en lapena donde se habian hablado la ultima 
vez ; mandandole, que en memoria suya le 
pusiese el nombre de Peiiasco de -la Despe- 
dida. 

La carta de esta sensible y virtuosa joven, 
hizo derramar muchas lagrimas a toda la fami- 
lia. Su madre le respondio en nombre de to- 
dos, que permaneciera en Francia, 6 volviera 
a esta isla, a su arbitrio, asegurandole que to- 
dos habian perdido la mej or parte de sufelici- 
dad con su partida, y que ella particularmente 
cstaba inconsolable. 

k Pablo 



110 PABLO Y VIRGINIA. 

Pablo le escribio una carta muy larga, tu 
que le prometia hacer todo lo que le prevenia ; 
y al mismo tiempo le enviaba cocos de su 
fuente, bien sazonados y maduros. Le ofre- 
cia hermosear el jardin, y entreverar las plan- 
tas de la Europa con las del Africa, " agregan- 
" doles, decia el, alguna otra semilla de esta 
" isla, para que el deseo de volver a ver sus 
" frutos, te -estimule a dar prontamente la 
" vuelta." Finalmente, concluia la carta su- 
plicandole condescendiese quanto antes con 
los ardientes deseos de su familia, y los suyos 
en particular, pues el no podria tener en ade- 
lante ningun gusto ausente de su vista. 

Sembro Pablo con el mayor esmero las si- 
mientes europeas, y particularmente las de la 
escabiosa y violeta, cuyas flores parecian tener 
alguna analogia con el caracter y situacion de 
Virginia ; pero fuese que se desvirtuasen en la 
travesia de Europa a aqui, 6 mas bien que el 
clima de esta parte del Africa no fuese favora- 
ble a su vegetacion, salieron muy pocas, y aun 
estas no Uegaron a punto de madurez. 

En este mismo tiempo, la envidia, (la qual 
hasta se anticipa a las dichas de los hombres, 
sobre todo en las colonias francesas, difundio 
en la isla ciertos rumores que daban mucha in- 
quietud a Pablo. La tripulacion del buque 
que traxo la carta de Virginia, aseguraba que 

quedaba 



PABLO Y VIRGINIA. Ill 

quedaba para casarse, y aim nombraban al se- 
nor de la corte que habia de ser su esposo ; 
propasandose algunos a decir, que la cosa era 
ya hecha, y que ellos mismos habian asistido 
al desposorio. 

Pablo desprecio al principio las noticias 
traidas por una* embarcacion de comercio, que 
regularmente las esparce falsas en todos los lu - 
gares de sutransito; pero como muchos ce- 
lonos de la isla se apresurasen a lamentarse de 
semejante caso, por una compasion mal enten- 
dida, comenzo a dar algun credito a la espe- 
cie. Porotro lado, como en algunas de las 
novelas que habia leido, veia la traycion tra- 
tada de juguete y pasatiempo ; y sabiendo que 
en semejantes libros se pintan fielmente las 
costumbres europeas, temio que la hija de 
madama de la Tour, pervertida en Francia con 
el exemplo, olvidase sus promesas antiguas. 
Las ideas que habia adquirido, le hacian ya 
infeliz. 

Pero lo que acrecento en extremo sus te- 
mores, fue que de quantas embarcaciones 
Uegaron a este puerto en el discurso de seis 
meses, ninguna ti'axese noticia de Virginia. 
En tan dolorosa situacion, el infeliz Pablo, 
entregado a las agitaciones de su corazon, iba 
a verme a menudo para confirmar 6 desechar 

sus 



112 PABLO Y VIRGINIA. 

sus recelos, por la experiencia que tengo del 
mundo. 

Yo vivo, como os he dicho, legua y media 
de aqui, a las orillas de un riachuelo, que cor- 
re a la falda de la Montana-Larga, donde paso 
mi vida, solo, sin muger, sin hijos y sin 
esclavos. 

Despues de la rara felicidad de encontrar 
una compaiiera que sea bien acomodada al ge- 
nio propio, el estado menos desgraciado de la 
vida, es, en mi opinion, el de vivir solo. To- 
do hombre que ha tenido muchos motivos 
para quejarse de las injusticias de los otros 
hombres, busca la soledad ; y es cosa muy 
digna de notarse, que las naciones desgraciadas ' 
por sus opiniones, por sus costumbres, 6 por 
sus leyes, han producido clases numerosas de 
ciudadanos absolutamente consagrados a la so- 
ledad y al ceiibato, como en otro tiempo 
los Egipcios en su decadencia, los Griegos del 
baxo Imperio, y en nuestros dias los Indios, 
los Chinos, los Griegos modernos, y la ma- 
yor parte de los pueblos orientales. La sole- 
dad restituye al hombre a la felicidad natural, 
alejandole de los males de la sociedad. En 
medio de tantos errores y preocupaciones, co- 
mo dividen a los mortales, el alma esta en 
perpetua agitacion, volviendo y revolviendo 
( ontinuamente dentro de si misma mil opi- 
niones 



PABLO Y VIRGINIA. 113 

niones turbulentas y contradictorias, con que 
procuran sojuzgarse unos a otros los miem- 
bros de una sociedad ambiciosa y miserable. 
Pero en la soledad se desnuda de estas Uusiones 
extranas que la perturban, y vuelve a adqui- 
rir el sentimiento intimo de si misma, de la 
naturaleza y de su autor : bien asi. como el 
agua cenagosa de un torrente que iaunda los 
campos* derramandose en alguna hoya apar- 
tada de su curso, depone alii en el fondo sus 
impurezas, recupera su primera claridad, y 
volviendose transparente, reflexa sus propias 
margenes,, el verdor de los campos y la luz 
de los cielos. 

Ademas la soledad restablece la harmonia 
del cuerpo, igualmente que la del alma. En- 
tre los solitarios de todos tiempos se encuen- 
tran hombres de edad muy avanzada, por ex« 
emplo, los Bracmanes de la India. En suma, 
yo la considero tan necesaria para la felicidad, 
aun en medio del mundo, que me parece im- 
posible lograr en el ningun placer durable, de 
qualquiera clase que sea, ni que el hombre 
arregle su conducta, conforme a algun princi- 
pio estable, si no se forma dentro de si mismo. 
un retiro, del qual no saiga sino muy rara vez 
su opinion, y donde la de otro tenga muy p&^ 
caentrada. < ■ 

K 2; No* 



IH PABLO Y VIRGINIA. 

No quiero decir con esto que el hombre ha- 
ya dp vivir absolutamente aislado y solo : esta 
unido con todo el genero humano por sus ne- 
cesidades, y por consiguente debe sus trabajos 
a los hombres, y se debe tambien el mismo a 
lo restante de la naturaleza. Quiero dar a en- 
tender unicamente, que habiendonos dado 
Dios a cada uno, organos perfectamente pro- 
porcionados a los elementos del globo que ha- 
bitamos, pies para la tierra, pulmones para el 
ayre y ojos para la luz, (sin que podamos no- 
sotros invertir el uso de estos sentidos) se ha 
reservado para si solo, como autor de la vida, 
el corazon, que es el principal organo de 
ella. 

Paso, pues, mis dias lejos de los hombres, 
a los quales he querido servir, y me han per- 
seguido. Despues de haber corrido una gran 
parte de la Europa, y algunas provincias del 
Africa y America, me he fixado en esta isla 
poco habitada, seducido de la benignidad del 
clima y de sus soledades. Una cabana que yo 
mismo he levantado al pie de un arbol, un 
huertecito desmontado y cultivado por mis 
manos, y un rio que pasa por delante de mi 
puerta, es todo lo que me basta para mis pla- 
ceres y mis necesidades. 

Agregase a estas satisfacciones la de tener 
algunos buenos libros que me ensenan a ser 

cada 



PABLO Y VIRGINIA 1J5 

cada dia mejor, haciendo por otra parte coiw 
tribuir a mi felicidad el mundo mismo que he 
dexado, con las pinturas que me presentan de 
las pasiones que tiranizan miserablemente a 
sus habitantes ; y por el cotejo que hago de su 
suerte con la mia, me proporcionan el deleyte 
de gozar de una felicidad negativa. Como un 
hombre que se ha salvado en un pefiasco de 
los peligros de un naufragio, contemplo desde 
mi soledad las borrascas que braman en lo res - 
tante de la tierra ; y aun se aumenta mi sere- 
nidad en razon de la distancia de sus bramidos* 
Desde que no trato a los hombres, ni sus in- 
tereses se cruzan con los mios, los compadez- 
co, en lugar de aborrecerlos ; y si encuentro 
a aigun desgraciado, procuro ayudarle con mis 
consejos, bien como aquel que pasando por las 
orillas de un rio, y viendo ahogarse en el a 
otro infeliz, le tiende la mano para que se 
salve. 

Pero yo no he encontrado sino a la inocen- 
cia atenta a mi voz. En valde llama la natu- 
raleza a todos los hombres a la inocencia : ca- 
da uno se forma una imagen de ella, y la reviste 
con sus propias pasiones : persigue toda la vida 
a esta fantasma de su imaginacion que le extra- 
via, y se complace despues en el cielo de las 
ilusiones que el mismo se ha foijado. . Entre 
\m mimero considerable de desgraciados a 

quienes 



lift PABLO Y VIRGINIA. 

quienes algunas veces he intentado reducir at 
camino de la naturaleza, ni uno solo he encon- 
trado que no estuviera embriagado con sus 
propias miserias. Me escuchaban al principio 
con atencion, esperando sin duda que mis lee- 
ciones les ayudarian a adquirir gloria 6 rique- 
zas; pero viendo que mi unico fin era ense- 
riarles a saber pasar sin estas dos cosas, me 
tenian a mi mismo por un miserable, porque 
no corria en pos de sus dichas cuitadas : vitu- 
peraban mi vida solitaria : pretendian persua- 
dirme que solo ellos eran utiles a los hombres, 
y se afanaban por arrastrarme al torbellino de 
sus proyectos vanos. 

Pero, aunque me comunico a todo el mun» 
do, no me entrego a nadie, porque me basta 
la propia experiencia para servirme de leccion 
en el estado en que me hallo. Repaso en la. 
tranquilidad presente las agitaciones pasadas de 
mi propia vida, a que he dado tanta estima, 
las protecciones, la fortuna, la reputacion, los 
placeres y las opiniones que se hacen la guerra 
por toda la tierra. Comparo tantos hombres 
como he visto disputarse con furor estas qui- 
meras, que ya no existen, a las olas de mi rio 
que se estrellan espumando contra las peiias 
de su canal, y desaparecen para no volver ja- 
mas. Por lo que a mi toca, me dexo llevar 
mansamente.de la corriente del rio del tiempo^ 

acia 



PABLO Y VIRGINIA. 117 

acia el oceano de la eternidad que no conoce 
playas ; y con el espectaculo de las harmonias 
actuales de la naturaleza, me elevo a suautor, 
y espero mas venturosa suerte en la vida per- 
durable que nos aguarda. 

Aunque desde mi cabana, situada en el cen- 
tro de un bosque, no se descubre tanta multi- 
tud de objetos como nos proporciona ver la 
elevacion del sitio donde nos hallamos, hay 
sin embargo situaciones deliciosas, particular* 
mente para el hombre, que como yo, prefiere 
reconcentrarse en si mismo, a disiparse acia 
fuera4 El rio que cone por delante de mi 
puerta pasa en linea recta por medio del bos- 
que, y presenta a la vista un largo canal som- 
breado de arboles de toda suerte de hojas. Alii 
hay tacamacos, olivos, ebanos, manzanos, 
silvestres y arboles de la canela ; sotos de pal- 
meras elevan aca y alia sus troncos pelados, y 
de mas de cien pies de elevacion, que rematan 
en un ramillete de palmas, y figuran, por enci- 
ma de los otros arboles, como una floresta 
plantada sobre otra floresta. A esto se juntaa. 
las lianas 6 enredaderas de diferentes generos 
de foliage, que enlazandose de un arbol en 
otro, forman aqui galerias de flores, y mas al- 
ia largos cortinages de verdor. Es tal la fra- 
grancia que sale de la mayor parte de estos 
arboles, y tan pegajoso el olor aromatico que 

exhalan, 



US PABLO Y VIRGINIA. 

exhalan, que el hombre que atraviesa la flores- 
ta, despide de si un perfume agradable, algu- 
nas horas despues de haber salido de ella. En 
la estacion en que se visten de flor, diriais que 
estaban medio cubiertos de nieve. Al fin del 
estio, varias especies de paxaros extrangeros 
vienen, por un instinto incomprehensible, de 
regiones desconocidas de la otra parte de los 
vastos mares, a recoger las simientes de los 
vegetales de esta isla, y oponen el brillo de sus 
colores, al verdor de los arboles, que comien- 
za a pardear con la fuerza del sol. De este 
genero son, entre otros, varias especies de pa- 
pagayos y las palomas azules, Uamadas aqui 
palomas olandesas. Los monos habitadores 
domiciliados de estas florestas, triscan y ju- 
guetean en sus sombrias ramas, de las quales 
solo se distinguen por su piel verde-gris y su 
eara enteramente negra : unos se suspenden de 
ellas por la cola, y se columpian en el ayr€ ; 
otros brincan de rama en rama con sus hijitos 
en los brazos. 

La escopeta matadora nunca ha amedrenta- 
do con su estruendo a estos apacibles hijos de 
la naturaleza ; ni se oyen mas que chillidos de 
alegria, trinos y gorgeos desconocidos de algu- 
nos paxaros de las tierras atistrales, que repi- 
ten a lo lejos los ecos de estos bosques. EI 
rio que corre borbotando sobre una madi^e de 

roca. 



PABLO Y VIRGINIA. 119 

roca, por media de los arboles, reflexa aca y 
alia en las cristalihas aguas sus venerables ma- 
sas de verdor, y sombra, igualmente que los 
retozos y juguetes de sus dichosos moradores ; 
y precipitandose a mil pasos de alii, por las 
diferentes alturas de un penasco, forma una 
cascada 6 tabla de agua tersa como el crista! 
que se divide al caer en cuajarones de espuma. 
Mil ruidos confusos salen de estas aguas tu- 
multuosas, que dispersados por los vientos en 
la floresta, ora se alejan, ora se acercan todos 
a un tiempo y aturden los oidos, como el so- 
nido de las camganas de una catedral. El 
ayre continuamente renovado con el movimi- 
ento de las aguas, conserva en las orillas de 
este rio, a pesar de los ardores del estio, una 
frondosidad y frescura que rara vez se encuen- 
tra en esta isla, aun en la cumbre de las mon- 
tanas, 

A cierta distancia de alii, hay una roca bas- 
tante distante de la cascada para que el ruido 
de sus aguas no aturda los oidos, y bastante 
inmediata para deleytarse con su vista, con su 
frescura y su murmullo. A la sombra de este 
penasco soliamos ir a comer alguna vez, en 
tiempo de los calores excesivos, madama de la 
Tour, Margarita, Virginia, Pablo y yo; y 
como Virginia dirigia siempre sus acciones, 
aun las mas comunes, al bien de otro, jamas 

comia 



i*0 PABLO Y VIRGINIA. 

comia una fruta en el campo, que no sembrara 
en la tierra su hueso 6 su pepita, diciendo : 
" De aqui naceran arboles que daran sus fru- 
i: tas a algun caminante, 6 i lo menos a un 
" paxarito." 

Un dia, pues, que comio una papaya al pie 
deaquella roca, enterro, segun costumbre, sus 
pepitas, de las quales salieron de alii a poci 
muchos papayos, entre ellos una hembra, que 
son las que lie van fruto. La altura de este ar- 
bol no excedia de la rodillade Virginia, quando 
se verified su partida; mas como crece mucho 
en corto tiempo, tenia ya veinte pies de alto al 
cabo de dos anos, y su tronco estaba coronado 
en la parte superior con vanos ordenes de pa- 
payas, perfectamente sazonadas. Acercose 
Pablo un dia por casualidad a aquel sitio, y 
se lleno de gozo al ver un arbol tan crecido, 
producido por una pepita que el habia visto 
sembrar a Virginia ; y al mismo tiempo le en- 
tro una tristeza profunda con este testimonio 
de su larga ausencia. 

Los objetos que vemos habitualmente na 
nos dan lugar a medir la rapidez de nuestra vi- 
da, porque envejecen con nosotros con una 
vejez insensible ; perolos que vemos de re- 
pente despues de algunos anos de ausencia, 
nos advicrteh a primera vista la velocidad con 
que coitc el rio de nuestros dias. La vista del 

papayo 



PABLO Y VIRGINIA. 121 

papayo cargado de fruta, causo en Pablo aquel- 
la sorpresa, que por lo comun experimenta un 
viagero, quando volviendo a su patria despues 
de muchos anos, no encuentra vivos a sus 
contemporaneos, y ve a los hijos de estos, 
que el habia dexado mamando, hechos pa- 
dres. Ya le daban impulsos de cortarle por el 
pie, porque su vista le hacia demasiado sensi- 
ble el largo tiempo que habia pasado desde la 
partida de Virginia ; y ya considerandole co- 
mo un monumento de su beneficencia, besaba 
su tronco y le dirigia palabras dictadas por el 
amor y la tristeza. 

_^-f0- arbol, cuya posteridad subsiste todavfa 
en mi floresta, yo mismo te he mirado con 
mas inter es y respeto que a los arcos triunfales 
de la antigua Roma ! i Permita el autor de la 
naturaleza, que destruye cada dia los monu- 
mentos de la ambicion mundana, se multiple 
quen en nuestras florestas los de la beneficencia 
de una doncella pobre y malhadada ! 

Estaba yo seguro de encontrar a Pablo al pie 
de este papayo, quando venia por mi posesion ; 
y habiendole visto un dia penetraclo de melan- 
colia, tuve con el una conversacion, que voy 
a referiros, si no os son demasiado enojosas 
mis largas digresiones, perdonables a mi edad 
y a mis ultimas amistades. 

i. " Estoy 



122 PABLO Y VIRGINIA. 

" Estoy muy pesaroso," me dixo Iuego que 
me sente a su lado, " porque hay ahora dos 
44 anos y dos meses que se marcho Virginia, 
44 y se han pasado ocho meses y medio sin que 
" nos haya escrito; como es rica y yo pobre, 
44 sin duda me ha olvidado. Deseo embarcar- 
44 me, y pasar a Europa, por ver si alii hago 
44 fortuna por algun camino, para pedirsela a 
44 su tia en matrimonio y vivir feliz en su 
44 compania." 

44 La Europa, hijo mia," le conteste, 44 esta 
44 abismadaen los vicios mas contrarios a su 
44 felicidad, y a ti te faltadineroy proteccion, 
44 para poder hacer figura en ella: eres pobre 
44 y no tienes ningun arrimo." 

44 Es verdad," me replico, 44 pero quiza 
44 hallare algun poderoso que quiera prote- 
44 germe y darme la mano." 

44 Para lograr la proteccion del poderoso, " 
le respondi, 44 es necesario contribuir a su am- 
44 bicion 6 a sus caprichos ; y tii a ninguna de 
44 estas dos cosas te avendrias." 

44 Teneis razon," me dixo; 44 pero portan- 
44 dome yo como debo, siendo fiel a mis pala- 
44 bras, exacto en mis obligaciones y constante 
44 en la amistad, me hare acreedor a que algu- 
4i no de ellos me adopte por hijo, como he 
" visto se usaba antiguamente en las historias 

44 de 



PABLO Y VIRGINIA. 123 

"de otros tiempos que me habeis dado a 
"leer." 

" No tiene duda," le respond!, u que asi 
" se usaba entre los Griegos y Romanos ; pero 
" ya no estamos en aquellas edades, en que 
" el merito merecia el respeto de los pode- 
" rosos." 

" Pues bien," me replico ; "en defecto do 
" un poderoso procurare agregarme a algun 
" cueipo cientifico, cuyas opiniones adoptare 
" en un todo, y me hare estimar de sus in* 
"dividuos." 

"En lugar de adquirirte estimacion," le 
dixe, " te grangearas odio y envidia, a no ser 
" que sufoques los gritos de tu conciencia por 
" trepar a la cumbre de la fortuna. Por otra 
" parte, los cuerpos se interesan muy friameru 
" te en el descubrimiento de la verdad. Para 
" los ambiciosos toda opinion es indiferente, 
" contal que a ellos les trayga utilidad y yen- 
" tajas." 

" Eso no lo hare yo jamas !" exclamo en- 
tonces : " todo mi conato sera buscar siempre 
" la verdad. Soy muy desgraciado," continuo, 
" pues se me cierran todos los caminos para 
" llegar a la posesion de lo que mas estimo, y 
" me veo condenado a pasar mi vida en un 
" trabajo obscuro, ausente de Virginia. 55 Y 
al decir esto, dio un suspiro muy profundo. 

"Sea 



134 PABLO Y VIRGINIA. 

" Sea Dios tu unico protector, hijo mio, y 
" elgenero humano tu cuerpo," le conteste con 
prontitud : " ama a los dos constantemente, y 
44 desprecia la proteccion de los particulars. 
" Las familias, los cuerpos y los pueblos, tie- 
" nen sus pasiones y sus preocupaciones, que 
" exigen vicios en quien las haya de contem- 
" plar. Dios y el genero humano no nos pi- 
" den sino virtudes." 

44 Pero £ por que quieres,"prosegui," distin- 
44 guirte del comun de los hombres ? Ese de- 
" seo no es natural, pues si lo fuese, cada 
" hombre estaria en estado de guerra con su 
4£ semejante. Contentate con cumplir con tus 
" obligaciones en el estado en que te ha colo- 
41 cado la providencia: bendice tu suerte, que 
" te permite.obrar conibrrne a tu conciencia, 
u y que note precisa, como a los grandes, a 
V poner su felicidad en la opinion de los infe- 
ifi feriores, como a los inferiores, a cometer 
46 baxezas y adular a los grandes para tener 
" que comer. Tu estas en un pais y en una 
" condicion en que no necesitas para subsistir, 
" ni engafiar, ni adular, ni envilecerte, como 
" lo hacen la mayor parte de los que en Europa 
44 aspiran a la fortuna ; en que no te ves preci- 
" sadopor razon de tu estado a ocultar la ver- 
44 dad ; en que puedes ser impunemente bueno, 
44 veraz, sincero, instruido, sufrido, moderado, 

44 casto, 



PABLO Y VIRGINIA. 1$5 

44 casto, indulgente y piadoso, sin que tu vir- 
" tud, que todavia comienza a florecer, se 
44 marchite con alguna flaqueza que te haga 
w ridiculo a los ojos del mundo y de la posteri- 
" dad. El cielo te ha concedido libertad, salud, 
44 una buena conciencia y amigos verdaderos : 
44 harto menos felices son los grandes de la 
44 tierra, cuyo favor deseas !?' 

" Ah !" exclamo, " todo me importapoco 
" faltandome Virginia! Pero I que hare yo 
" para lograr la posesion de lo que mas amo ? 
" Supuesto que su tia la quiere casar con un 
" hombre de merito y circunstancias, me pon- 
44 dre a estudiar para ser sabio y adquirir cre- 
44 dito : con el estudio y la sabiduria servire 
44 utilmente a mi patria, sin perjuicio de otro : 
44 me hare celebre por este camino, no depen- 
44 dere de nadie, y me debere a mi solo esta 
44 gloria." 

44 Ay ! hijo mio," le respond! : 44 los talen- 
n tos todavia son mas raros que las riquezas i 
44 y no tiene duda que son de una naturaleza 
44 superior, por quanto nadie nos los puede ro- 
u bar, y porque nos grangean ademas la esti- 
14 macion publica en toda la redondez de la 
14 tierra ; pero cuestan muy caros. Es nece- 
H sario privarse del sosiego y del reposo para 
14 adquirirlos, padecer las persecuciones de la 
f envidia, y vivir en cierto modo fuera del 
l 2 44 mundo, 



12G PABLO Y VIRGINIA. 

" Por otra parte, la celebridad de las letras es 
" demasiado tempestuosa y dif icil de adquirir. 
" Acuerdate de la suerte que han tenido la 
" mayor parte de los filosofos de la antigiie- 
* • dad. Homero, cuyos versos son tan divi- 
<c nos, anduvo pidiendo limosna de puerta en 
" puerta. Socrates, que con sus palabras y 
" exemplo predicaba la moral a los Atenien- 
M ses, fu& envenenado juridicamente por ellos. 
" Su discipulo Platon se vio reducido a la 
" clase de esclavo por orden del mismo prin- 
" cipe que le protegia ; y anteriormente a ellos, 
" el celebre Pitagoras fue quemado vivo por 
V sus paysanos los Crotonienses. Que digo 
" yo ! la mayor parte de estos nombres ilus- 
" tres han llegado desfigurados hasta nosotros 
u por los mprdaces tiros de la satira con que 
u la ingratitud humana se complace en carac- 
" terizarlos, y si entre tantos como ha habido, la 
41 gloria de algunos ha llegado pura y sin man- 
" cilia hasta nosotros, es porque vivieron lejos 
<( de sus contemporaneos en la abstraccion y 
" retiro de los negocios publicos, pareciendose 
M enestoa aquellas estatuas desenterradas en 
u los campos de la Grecia y de la Italia, que 
"por haber estado sepultadas en el seno de la 
" tierra, se han libertado del furor delos bar- 
" baros. A vista de estos exemplares, £ quien 
" se lisonjeara de ser litil a los hombres ilus- 

u trindolos, 



PABLO Y VIRGINIA, U7 

" trandolos ? < quien se prometera tcner todas 
y las calidades, todas las virtudes que son ne- 
" cesarias en la carrera de las letras, hasta estar 
" dispuesto a sacrificar los bienes de la fortuna 
" y aun la propia vida ?" 

" Pero, bien," me interrumpio, " vos que 
f ! teneis tanta sabiduria y experiencia de las co- 
" sas, l no me direis si Virginia y yo nos 
" casaremos algun dia? Quisiera ser sabio 
" por conocer lo venidero." 

" I Quien querria vivir, hijo mio," le con- 
teste, " si conociera lo que esta por venir? 
" Si una sola desgracia prevista nos causa tan- 
" tas inquietudes vanas, la vista de una cierta 
u emponzonaria todos los dias que la prece- 
ffl diesen. No conviene profundizar demasiado 
" lo que nos rodea ; y aun por eso el cielo que 
" nos da la reflexion para preveer nuestras ne- 
" cesidades, nos ha dado las mismas necesi- 
" dades para que pongamos coto a nuestm 
" reflexion." 

44 Pues l que hare yo," me pregunto, " pa- 
'/ ra obtener riquezas, y con ellas las dignida- 
44 des y distinciones que puedan hacerme 
5 J acreedor a la mano de Virginia, segun las 
* 4 ideas de suparienta ? Ire a enriquecerme a 
" Bengala, y despues pasare a Paris, a pedir » 
11 la en matrimonio a su misma tia." 

" Como ? 



128 PABLO Y VIRGINIA. 

"Como!" exclam£ yo : " I tendrias en- 
M traiias para abandonar a tu madre y a la 
"suya? 5 * 

" Vosmismo," me replico, "me aconse- 
44 jasteis que me embarcara para la Indian* 

44 Entonces estaba aqui Virginia," le con- 
tests y " pero en el dia eres el \inico apoyo de 
M su madre y de la tuya." 

44 Virginia, 55 me replico, 44 las socorrera por 
" medio de su parienta rica." 

44 Los ricos, Pablo, 55 le dixe, 44 solamente 
44 reconocen por parientes a los que les dan 
14 honor y timbre en el mundo. 55 

44 iQue pais tan perverso la Europa! 55 ex~ 
elamo : 44 i que necesidad tenia Virginia de ir 
44 a buscar una parienta rica ? Aqui vivia feliz 
44 y contenta, y alia sabe Dios si sera desgra- 
44 ciada." Y diciendo esto, comenzo a llorar 
con la mayor amargura. 

Volviendo en si al cabo de un buen rato, 
cxclamaba como si la tuviera presente : " Tor- 
14 na, torna, Virginia, al pais donde has naci- 
14 do, abandona tus palacios, tu fausto y tu 
14 grandeza s vuelve a estas brenas a la som- 
44 bra de estas florestas y de nuestros cocote- 
* 4 ros : dexa esos trages de senora, y vuelve 
44 a estas cabanas engalanada con tu vestido de 
44 coton, tu panuelo encarnado al rededor de 

44 la 



PABLO Y VIRGINIA. 120 

" la cabeza, y tus flores bellas cogidas por mi 
" mano en estas praderias." 

Despues de estas exclamaciones, quedo co- 
mo enagenado y en una especie de abatimiento 
de animo que a mi mismo me hizo enterne- 
cer ; y saliendo de el repentinamente como 
quien despierta de un sueno inquieto y turbu- 
lento, se encaro a mi y me pregunto con ayre 
de sorpresa. 

" ,: Que necesidad hay de ser rico, para ca- 
" sarse ? \ no bastaba que hubiera union de 
44 voluntades, conformidad de genios y dispo- 
W sicion en el hombre para ganar de comer 
" con el trabajo de sus manos ? I en que se 
44 ocupan los ricos ?" 

" En vivir en la opulencia," le respondi, 
44 sin que hagan nada la mayor parte de los que 
u poseen muchos bienes de fortuna. El tra- 
u bajo de manos no tiene en Europa todo el 
" aprecio que merece, y que el mismo Dios 
" le dio quando condeno al hombre a vivir del 
" sudor de su rostro ; y aun se le da el nom- 
y bre de trabajo mecanico. Conforjne a este 
" modo de pensar, los europeos suelen apre- 
44 ciar mas a un artista que a un labrador, sin 
44 embargo de que la agricultura es el arte que 
44 sustenta aloshombres." 44 No esposible que 
44 comprehendas tamana contmdiccion, ,? que- 
rido Pablo, 4C opuesta a los principios de la 

44 razon, 



130 PABLO Y VIRGINIA. 

" razon, y conseqiiencia forzosa de la depra- 
44 vacion del hombre civil, Es facil formar 
44 una idea exacta del orden, mas no del de- 
" sorden : la belleza, la virtud y la felicidad 
" tienen proporciones ; la fealdad, el vicio y la 
44 infelicidad no tienen ninguna." 

" Segun eso," me interrumpio, " I seran 
" muy felices los ricos, no eneontrando nin- 
44 gun obstaculo para el logro de sus capri* 
#< chos, y pudiendo colmar de gustos y satis- 
44 facciones al objeto de su carino ?" 

44 No por cierto," le respondi : 44 bien lejos 
* 4 de eso la mayor parte de los ricos no gozan 
44 deningun placer, por lo mismo que no les 
" cuesta la menor diligencia. I No has expe- 
l4 "rimentado que el placer del descanso s£ 
" compra. con la fatiga, el de comer con el 
44 hambre, y el de beber con la sed ? Pues asi 
44 sucede en el de amar y ser amado, que solo 
44 se adquiere a costa de mil privaciones y sa- 
" crificios. Las riquezas privan a los ricos de 
44 todos estos placeres, porque se anticipan a 
44 sus necesidades, Al disgusto, companero 
44 de su ahito y saciedad, se agrega el oi gullo 
* 4 que nace de su opulencia, y que la menor 
44 pri vacion incomoda, al mismo tiempo que 
44 no los mueven, ni lisonjean las mayores sa- 
44 tisfacciones. La fragrancia de mil flores no 
44 agrada mas que un instante •> pero el dolor que 

44 causa 



PABLO Y VIRGINIA. 131 

4i causa una de sus espinas, dura mucho tiem- 
11 po despues de la picadura. Un mal en me- 
44 dio de las delicias, es para los ricos una 
44 espina eritre las flores; y por el contrario, 
44 un bien en medio de los males, es para los 
44 pobres una flor entre las espinas, que ellos 
44 gozan con grande ansia y deleyte. La natu- 
44 ralezatodolo ha contrapesado en este mun- 
44 do, y los efectos de una causa se aumentan 
44 en proporcion de su contraste. I Que esta- 
44 do, habiendo de escoger, te parece preferi- 
44 ble, eldetemer todoslos males y no tener 
44 casi ningun bien que esperar, 6 el de no te- 
" mer casi ningun mal y esperar todos los 
44 bienes ? Pues el primero es el de los ricos, 
44 y el segundo el de los pobres. Pero los 
44 hombres con dificukad pueden soportar es- 
44 tos extremos ; y asi la felicidad consiste en 
44 un estado de mediania y de virtud ; el tuyo 
44 es de esta clase, pues mantienes a tus padres 
44 con el trabajo de tus manos, por agradar a 
44 Dios unicamente." 

Con estas ideas quedaba tan complacido y 
sosegado, que ya daba por hecho el regreso de 
Virginia, y disculpaba su dilacion en escribir, 
suponiendola ya en cammo para la isla. La 
vuelta le parecia que podria verificarse en poco 
tiempo con un viento fresco, y contaba las na- 
ves que habian hecho la travesia de tres mil y 

quinientas 



132 PABLO Y VIRGINIA. 

quinientas leguas de Europa a aqui, en me- 
nos de tres meses ; ponderaba lo adelantado 
que estaba en este siglo el arte de la navega- 
cion, y la destreza de los marineros : hablaba 
de las disposiciones que iba a tomar para reci- 
birla, y de la nueva cabana que pensaba con- 
struir para habitacion de los dos : me decia 
que en llegando Virginia rica y poderosa, ya 
podia yo vivir descansado y sin trabajar, sino 
para mi recreo, pues con su dinero compra- 
ria muchos negros que cultivarianla tierra para 
todos nosotros, y viviriamos juntos, sin tener 
yo otra cosa en que pensar, mas que en diver- 
tirme y recrearme a mi gusto. Y fuera de si 
de contento con estas esperanzas, iba a comu- 
nicar a su familia la alegria de que estaba pe- 
netrado su corazon. 

En esta vida, los grandes temores se suce- 
den de un instante a otro a, las grandes espe- 
ranzas, y las pasiones violentas ponen siempre 
al alma^n extremos opuestos. Regularmente 
volvia Pablo al dia siguiente a mi cabana, su- 
mamente triste y pensativo, y me decia : " Vir- 
" ginia no me escribe : si se hubiera embarca- 
" do para esta isla, me hubiera avisado de an- 
■" temano el dia de su partida de Europa. Ah] 
" demasiado fundadas son las noticias que han 
" corrido ! Sin duda la ha casado su tia con 
" un gran senor, y el amor de las riquezas la 

"ha 



PABLO Y VIRGINIA. 133 

" ha perdido a ella, como a otras muchas. En 
" estos libros, que pintan tan al vivo a las mu- 
" geres europeas, la virtud no es mas que un 
" asunto de novela. Si Virginia hubiera sido 
" virtuosa, no hubiera abandonado a su pro- 
" pia madre y a todos nosotros. Mientras yo 
" paso la vida pensando en su venida, y me 
" aflijo por su ausencia, ella se divierte y me 
" olvida. Ay de mi ! este pensamiento me tras- 
" torna el juicio ! Todo trabajo me fastidia, y 
" la conversacion y trato con las gentes me es 
" enojoso. Oxala se declarase la guerra en la 
" India, para ir a exponer mi vida en ella !" 

" Hijo mio ;" le conteste yo, M el valor que 
" nos ileva a la muerte, no es mas que el valor 
" de un instante, comunmente excitado por los 
" vanos aplausos de los hombres. Otro hay 
[ " mas raro y necesario, que nos hace sobrelle- 
u var sin testigos ni aplausos los males ordi- 
i4 narios de la vida : la paciencia, quiero decir. 
i; Esta se funda, no en la opinion de otros 6 en 
41 el frenetico furor de nuestras pasiones, sino 
44 en la conformidad con la voluntad de Dios, 
4< La paciencia, querido Pablo, es el valor de 
u la virtud. " 

" Ay de mi!" exclamo a esto : u con que 
" tampoco tengo virtud ! todo contribuye a 
44 afligirme y Uenarme de desesperacion." 

m " La 



m PABLO Y VIRGINIA.' 

" La virtud, " le interrumpi, " siempre igual, 
" siempre constante e invariable, no es el pa- 
" trimonio del hombre despues de la caida 
" original. En medio de tantas pasiones como 
" nos agitan, nuestra razon se perturba y ob- 
" scurece muchas veces; pero hay dosfanales 
" donde podemos encender su antorcha : la re- 
" iigion y las letras. La religion, hijo mio, nos 
" enseiia a dirigirnos a Dios en nuestras aflic- 
" ciones, y esperar de su mano el remedio, 
" por medio de la conformidad y paciencia 
" Christianas, que el mismo nos recomienda 
" en su evangelio." 

" Las letras son un don del cielo, y como 
" un destello de aquella sabiduria que gobier- 
" nael universo: semejantes a los rayos del 
iC sol, iluminan, alegran y calientan, a manera 
" de un fuego divino, y a imitacion del fuego, 
" hacen servir toda la naturaleza para nuestros 
n usos. Por ellas reunimos al rededor de no- 
" sotroslas cosas, los lugares, los hombres y 
u los tiempos : ellas son las que nos ensenan 
" a conformarnos a las reglas de la vida huma- 
<c na, las que caiman las pasiones, reprimen los 
" vicios y excitan a las virtudes por medio de 
u los augustos exemplos de los heroes, cuyas 
iC acciones celebran, presentandonos la imagen 
u y memoria de sus virtudes, siempre en ve- 
" neracion y acatamiento. En suma son las 

" hijas 



PABLO Y VIRGINIA. 135 

" hijas del cielo, que baxan a la tierra, para 
44 dulcificar los males del genero humano ; y 
44 en los tiempos de la mayor barbarie y depra- 
44 vacion, siemprehan aparecido graades escri- 
" tores inspirados por ellas para consuelo de 
44 sus semejantes. Las letras han consolado a 
" una infinidad de hombres mas desgraciados 
" que tu ; a Xenophonte, desterrado de su 
" patria, despues de haber conducido a ella 
M diez mil Griegos victoriosos ; a Scipion, el 
44 Africano, cansado de las calumnias de los Ro- 
"manos; a Luculo, de sus partidos e intri- 
" gas; a Catinat, de la ingratitud de su corte. 
44 Lee, pues, hijo mio. Los sabios que 
" han escrito antes de nosotros, son como 
4< viageros que habiendonos precedido en las 
44 sendas del infortunio, nos alargan la mano, 
44 y nos convidan a que nos unamos a ellos, 
44 quando todo nos abandone. Un buen libro 
44 es un buen amigo, cuya funcion augusta de 
44 hacer que resplandezca la virtud escondida, 
44 de consolar a los disgraciados, iluminar al 
44 mundo, y decir la verdad a todos sin dis- 
44 tincion, es siempre digna de su celestial ori- 
44 gen, y el destino mas sublime con que el 
44 cielo puede honrar a un mortal sobre la tier- 
44 ra. I Que hombre habra que no se consuele 
44 de la injusticia 6 desprecio de los que dispo- 
44 nen a su arbitrio de la fortuna, quando con- 

44 sidere 



136 PABLO Y VIRGINIA. 

" sidere que sus obras iran de siglo en siglo, y 
" de nacion en nacion para servir de barrera al 
" error y la corrupcion de los mortales ; y que 
" del seno mismo de la obscuridad en que ha 
" vivido, # resaltara una gloria queborrara la 
" de la mayor parte de los poderosos de la 
" tierra, cuyos monumentos perecen en el ol- 
" vido, a pesar de los aduladores queloselevan 
" y ponderan ?" 

Me oyo Pablo con toda la atencion que yo 
deseaba, aunque daba de quando en quando 
tristes y profundos suspiros ; y conociendo yo 
que el continuar hablando seriamente de seme- 
jante asunto seria inhabilitarle cada vez mas 
para que se dedicara al cultivo del campo, le 
distraxe todo lo posible, diciendole, que quan- 
do volviese Virginia extranaria mucho no hal- 
lar el jardin bien cuidado, siendo asi que ella 
no habia pensado mas que en hermosearle, a 
pesar de las persecuciones de su parienta y a 
tan larga distancia de su familia. 

Este ardid y la idea del proximo regreso de 
Virginia, renovaron el valor de Pablo, y le 
estimularon a entregarse a sus ocupaciones 
campestres, las quales divertian sus penas re- 
presentandole el objeto de su pasion, como el 
termino inmediato de sus fatigas ; y mien- 
tras conservaba esta ilusion, era feliz traba- 
jando. 

Levantandose, 



PABLO Y VIRGINIA, f-67 

Levantandose, pues, una manana al rayar el 
alba, que era el 24 de Diciembre de 1744, vio 
tremolar una bandera blanca sobre la montana 
de la Atalaya ; lo qual era serial de que se des- 
cubria una embarcacion en el mar, e inmedia- 
tamente que la avisto, corrio al puerto para 
saber si traia alguna noticia de Virginia, i El 
practico, que segun costumbre, habia ido a 
reconocer el buque, no volvio hasta por la 
tarde, y habiendole esperado Pablo, supoque 
el navio senalado era el San Gerando, de porte 
de 700 toneladas, mandado por un capitan 11a- 
mado Mr. Aubin : que estaba quatro leguas mar 
adentro, y no fondearia en Puerto-Luis hasta 
el dia siguiente por la tarde^ si el viento sopla- 
ba favorable, pues a la sazon reynaba una pro- 
funda calma. Entrego el practico al goberna- 
dor las cartas que traia de Francia el San Ge- 
rando, entre las quales habia una con el sobre 
para madama de la Tour, de letra de Virginia. 
Apoderose Pablo de ella al instante, besola con 
una especie de enagenamiento, metiola en el 
seno, y corrio a la posesion sin detenerse un 
minuto ; y desde lo mas lejos que pudp avis- 
tar a los suyos, que le estaban esperando so- 
bre el penasco de la Despedida, levant 6 la 
carta en alto sin poder articular palabnu 

Virginia decia en resumen a su madre y en. 

dicha carta, "que habia experimentado: muy 

m £ u malos* 



138 PABLO Y VIRGINIA. 

" malos tratamientos de parte de su tia, la qua], 
" despues de haberla querido casar contra su 
" voluntad, la habia desheredado por ultimo, 
" echandola de casa en un tiempo en que no 
" se podia aportar a la isla de Francia, sino en 
" la estacion de los huracanes ; que ella habia 
" procurado, aunque en valde, ablandar su 
" dureza, represent andole lo que debia a su 
" madre, y a los dulces recuerdos de la ni- 
" nez ; pero que la tia la habia tratado de loca 
" y mentecata, anadiendo que tenia la cabeza 
" pervertida con las novelas. Finalmente, con- 
" cluia la carta diciendo, que a la sazon nada 
u le interesaba tanto como la dicha de volver a 
" ver y abrazar a su amada familia, cuyo ar- 
" diente deseo hubiera satisfecho aquel mismo 
Ci dia, si el capitan le hubiera permitido trans- 
*' bordarse a la lancha del practico ; pero que 
" se habia opuesto a ello, a causa de la distan- 
u cia de la tierra y de la marejada, que no ob- 
ifr stante la calma, comenzaba a correr en alta 
44 mar." 

Leida que fue esta carta, toda la familia 
enagenada de gozo, comenzo a gritar : " Con 
<4 que ha llegado Virginia ! ha Uegado Virgi- 
u nia !" Y dandose mutuos abrazos amos y 
criados, dispuso madama de la Tour, que 
fuera Pablo a darme parte sin tardanza de la 
venida de su hija* En efecto, encendio Do- 
mingo 



PABLO Y VIRGINIA. 139 

mingo una hacha de viento, y se encaminaron 
los dos a mi posesion. 

Serian como las diez de la noche quando 
llegaron, a tiempo que yo acababa de apagar 
la luz y acostarme ; pero al punto percibi a lo 
lejos el resplandor del hacha por entre las ren* 
dijas de mi cabana, y de alii a poco oi la voz 
de Pablo que me Uamaba, Apenas me habia 
levantado y vestido, quando Pablo, sin ^liento 
y fuera de si, se me echo al cuello, diciendo : 
" Vamos, vamos que ha llegado Virginia, va- 
u mos a prisa al puerto, donde fondeara la em* 
' ■ barcacion al apuntar el dia." 

Inmediatamente nos pusimos en camino ; y 
como atravesasemos el bosque de la Montana 
Larga para tomar en el camino que va de las 
Pamplemusas al puerto, senti pasos detras de 
mi, y volviendo la cabeza, vi que era un ne- 
gro que venia acia nosotros en mucha diligen- 
cia. Habiendole preguntado adonde iba con 
aquella apresuracion, nos respondio, que le 
enviaban desde la punta de la isla, Uamada los 
Polvos de Oro, a dar parte al gobernador de 
que un navio frances habia anclado en la ense- 
nada de la isla de Ambar, y tiraba canonazos 
pidiendo socorro, porque el mar estaba bas- 
tante alterado. Y sin detenerse mas, prosiguio 
su camino con la misma celeridad. 

Yo 



140 PABLO Y VIRGINIA. 

Yo entonces mude de direccion, y dixe a 
Pablo que nos encaminaramos a la punta de 
los Polvos de Oro, distante de alii poco mas 
de tres leguas, para salir al encuentro a Virgi- 
nia ; y en efecto, echamos a andar los tres acia 
la parte del norte de la isla. 

Hacia un calor bochornoso e inaguantable, 
y la luna que acababa de salir, tenia en rede- 
dor tres cercos negros. El cielo presentaba un 
aspectti triste y horroroso ; y al continuo res- 
plandor de los relampagos, se distinguian lar- 
gas hileras de nubarrones espesos, negros y 
poco elevados, que se apiiiaban acia el centra 
de la isla, y venian de la parte del mar con ex- 
traiia velocidad, aunque no se sentia en la tier- 
ra el menor ayre. Yendo nosotros caminando, 
nos parecio que oiamos tronar de quando en 
quando ; pero habiendo aplicado con mas aten- 
cion el oido, conocimos que eran canonazos 
repetidos por los ecos. Estos canonazos a 
lo lejos, y el aspecto de un cielo tempestuoso, 
me llenaron de horror, no quedandome ya du- 
da de que eran seiiales de socorro de alguna 
embarcacion que naufragaba. De alii k media 
hora ya no oimos mas canonazos ; y aquel si- 
lencio me pai^ecio mucho mas espantoso, que 
el lugubre estruendo que le habut precedido. 

Nosotros acelerabamos el paso sin hablar 
palabra r ni atravernos a comunicarnos mutual- 

mente 



PABLO Y VIRGINIA, HI 

mente nuestra zozobra ; y a las doce de la 
noche, poco mas 6 menos, llegamos muy su- 
dados a la ribera del mar, donde esta la punta 
de los Polvos de Oro. Las olas se estrellaban 
en la playa con horroroso estrepito, cubriendo 
las rocas y arrecifes de una espuma tan blanca 
que deslumbraba la vista, y despidiendo de si 
chispas de fuego ; de modo que en medio de 
las tinieblas, distinguimos, a favor de tantos 
fuegos fosforicos, las piraguas de los Pesca- 
dores retiradas por ellos tierra adentro. 

A poca distancia, vimos una hoguera en el 
bosque, al rededor de la qual se habia juntado 
mucha gente, y nosotros fuimos a descansar 
alii, mientras llegaba el dia. Estando senta- 
dos ccrca de la lumbre, nos conto uno de los 
concurrentes, que despues de medio dia habia 
visto en alta mar una embarcacion, arrastrada 
por las corrientes acia la isla, y que la obscuri- 
dad de la noche se le habia ocultado por algun 
tiempo ; que dos horas despues de puesto el 
sol habia oido caiionazos en demanda de so* 
corro ; pero que estaba el mar tan alborotado, 
que ninguna lancha habia podido salir del 
puerto ; que de alii a poco le parecio que ha- 
bia visto encendidos los faroles de la nave, en 
cuyo caso me temo (decia el) que atraida por 
la corriente sobre la costa, se haya metido en- 
tre la tierra y la isleta del Ambar, equivocando 

esta 



442 PABLO Y VIRGINIA. 

esta con la punta de Mira, por donde pasan las 
embarcaciones que arriban a Puerto-Luis ; y 
que si sus sospechas eran fimdadas, lo que sin 
embargo no podia asegurar, el buque corria el 
mayor riesgo, 

Tomo otro la palabra, y dixo que habia atra« 
vesado muchas vt ces el canal que separa la isle- 
ta del Ambar de la co.ta, y aun le habia son- 
deado ; y que teniendo un anclage excelente, 
estaba libre el buque de peligro, y tan seguro 
como en el mejor puerto : " Yo depositaria en 
" el," anadio, "todo quanto tengo, y dormiria 
" a bordo con tanto sosiego como en tierra." 

El tercero dixo que era imposible que aquel 
buque hubiese entr do en el canal, donde ape- 
nas podian navegar las chalupas; y aseguro 
que le habia visto dar fondo de la parte de alia 
de la isleta del Ambar, de suerte que si se le- 
vantaba viento por la mariana, podria hacerse 
a la mar, 6 tomar puerto como quisiese. Otros 
de la comitiva fueron de diierentes dictame- 
nes ; y mientras que altercaban entre si, segun 
la costumbre de los criollos ociosos, guarda- 
bamos Pablo y yo un profundo silencio.. 

PenBanecimos alii hasta la punta del dia, 
pero el cielo estaba tan obscuro y el mar tan 
nebuloso, que no pudimos descubrir en el nin- 
gun objeto, y solo columbramos a lo largo 
como una nube opaca, que nos dixeron era la 

isleta 



PABLO Y VIRGINIA. 143 

isleta del Ambar, situada a un quarto de legua 
de la costa. En suma, el dia era tan tenebro- 
so, que no se percibia mas que el extremo de 
la playa, donde nosotros estabamos, y algunos 
picachos de las montanas de la isla, los quales 
se dexaban ver de quando en quando por en- 
tre las nubes que giraban sin cesar en torno de 
ellos. 

A eso de las siete de la manana, oimos en 
el bosque ruido de tambores, y de alii a poco 
vimos venir a caballo al gobernador Mr. de la 
Bourdonais, con un destacamento de tropa ar- 
mada, y seguido de un gran mimero de criollos 
y negros ; y colocando a los soldados en la 
playa, les mando hacer una descarga general 
de fusileria. Apenas se hizo la descarga, quan- 
do advertimos en el mar una llamarada, seguida 
inmediatamente de un caiionazo ; lo que nos 
liizo juzgar que el buque estaba a corta dis- 
tancia de nosotros. Corrimos todos veloz- 
mente acia el parage donde se habia oido el 
caiionazo, y descubrimos, por entre la niebla, 
el casco y arboladura de un gran navio, del 
qual estabamos tan cercanos, que sin embargo 
del ruido de las olas, oimos el pito del contra- 
maestre, que mandaba la manlobra y las voces 
de la tripulacioii, que griio por tres veces : 
Viva el Rey ; porque este es el grito de los 

Franceses 



144 PABLO Y VIRGINIA, 

Franceses en los mayores apuros, igualmente 
que en los grandes regocijos. 

Desde el punto que el navio San Gerando 
nos vio en situacion de poderle socorrer, no 
ceso de disparar caiionazos de tres en tres mi- 
nutos. Mr.de la Bourdonais hizo encender 
grandes hogueras de trecho en trecho por toda 
la playa, y envio a buscar a casa de todos los 
colonos de las inmediaciones, vi veres, tablones, 
cables y toneles vacios. Bien pronto vimos 
llegar una multitud de ellos, acompanados de 
sus negros, con provisiones, xarcia, y otros 
utensilios de esta naturaleza, que venian de las 
habitaciones de los Polvos de Oro, del arrabal 
del Frasco y del rio del Baluarte. 

Acercose en esto uno de los mas ancianos 
al gobernador, y le dixo : " Senor-goberna- 
" dor, toda la noche se ha oido un ruido sordo 
4 4 en las montanas : las hqjas de los arboles se 
4< menean en los bosques, sin que se sienta 
44 ningun viento, las aves maritimas se refu- 
44 gian a la tierra : sin duda que todas estas se- 
M Sales anuncian un huracan. 5> u Como ha de 
* 4 ser!" respondio el gobernador : " venga lo 
iC que Dios quiera, que a todo estamos dis- 
44 puestos, y los del navio tambien lo estaran 
44 por su parte," 

Enefecto, todo presagiaba la proxima ex- 
plosion de un huracan. Las nubes que se 

distinguian '* 



PABLO Y VIRGINIA. 14J 

distinguian en el zenith, eran en su centro de 
un negro horrible, y de color de cobre en 
la circunferencia, y el ayre resonaba con los 
graznidos de los cuervos, de las fragratas, de 
los patos y de una infinidad de aves maritimas, 
que a pesar de la obscuridad de la atmosfera, 
Uegaban, de todos los puntos del orizonte, a 
buscar asilo en la isla. 

Cerca de las nueve de la manana se oyo en 
la ribera del mar un ruido formidable, como 
si torrentes de agua acompanados de truenos, 
se despenasen de la cima de las montanas. 
Todos gritaron a una voz : " El huracan, el 
"huracan !" e inmediatamente un torbellino 
impetuoso de viento disipo la niebla que cu- 
bria la isleta del Ambar y su canal. 

Descubriose entonces claramente el San 
Gerando con toda su tripulacion encima de 
cubierta, baxadas las vergas y masteleros de 
las gavias, su pavellon ondeante y hecho giras, 
con quatro cables por la proa y uno de reserva 
a la popa, entre la isleta del Ambar y la tierra, 
de la parte de aca de la cadena de rocas que 
circundan la Isla de Francia, por cuyo parage 
ningun otro navio habia pasado hasta entonces, 
Presentaba la proa a las olas que venian de mar 
adentro, y a cada montana de agua que entra- 
ba en el canal, se levantaba su proa de tal for- 
ttia, que se descubria toda la quilla, y za- 
n bulliendose 



146 PABLO Y VIRGINIA. 

bulliendose con este movimiento la popa, de- 
saparecia a nuestra vista hasta las galerias, 
como si hubiera sido sumergida en las aguas. 
En esta posicion en que el viento y la mar le 
arrojaban sobre la costa, era igualmente impo- 
sible volver a salir por donde habia entrado, 6 
barar, picando cables, en la playa, de la qual 
estaba separado por grandes arrecifes. Cada 
ola que venia a estreliarse contra la costa, se 
adelantaba bramando hasta las rias y ensenadas 
de las inmediaciones, llevando los guijarros mas 
de cincuenta pies tieiTa adentro ; y retirandose 
xiespues, dexaba descubierta una gran parte de 
la ribera, a cuyas piedras hacia rodar con un 
ruido bronco y espantoso. El mar sublevado 
por el viento, se embravecia por instantes, y 
todo el canal comprehendido entre la isleta del 
Ambar y esta isla, no era mas que un vasto 
campo de espumas blancas, surcado de negras 
y profundas olas ; cuyas espumas se apinaban 
en los recodos de las ensenadas hasta la altura 
de mas de seis pies, y el viento, que barria su 
superficie, las llevaba por encima del repecho 
de la playa, a las tierras apartadas mas de me- 
dia legua de ella. Al ver sus blancos e inume- 
rables copos, arrojados orizontalmente hasta 
la falda de los montes, qualquiera diria que era 
una nevada que salia del mar. El orizonte 
ofrecia todas las senates de una tempestad du-* 

radera> 



PABLO Y VIRGINIA. U7 

radera, y el mar parecia que estaba confundido 
con el cielo. Continuamente se veian despren- 
derse del orizonte nubes de un aspecto horri- 
ble, que atravesaban el zenith con la velocidad 
de las aves, mientras que otras permanecian 
inmo biles en el, a manera de enormes peiias- 
cos. Por ningun lado se descubria el azul del 
firmamento, y solo iluminaba los objetos de la 
tierra, del mar y de los cielos, una luz fune- 
bre y parada. 

Con los terribles balances del navio, suce^ 
dio lo que se temia. Faltaronle los cables de 
proa ; y como quedo a una sola ancla, fue 
arrojado contra las penas a medio cable de la 
playa. No se oyo entonces mas que un gri- 
to general de dolor entre nosotros. A este 
tiempo iba Pablo a arrojarse al mar, quando le 
detuve por el brazo, y le dixe " Hijo mio ? . 
" i quieres ir a perecer ?" A lo que exclamo : 
" Muera yo mil veces antes que dexar de ir a 
u socorrerla!" 

Como el sentimiento le privaba la razon, 
discurrimos Domingo y yo, para evitar su 
muerte, atarle a la cintura una soga larga, y 
tenerla nosotros cogida por el otro cabo. En- 
caminose entonces Pablo acia el San Geran- 
do, nadando una veces, y yendo otras a gatas 
por los penascos, hasta tener en varias oca- 
siones valor para llegar a su bordo ; pues el 

mar 



US PABLO Y VIRGINIA. 

mar en aquellos movimientos irregulares, dex- 
aba el navio casi en seco, de modo que se po- 
dia andar a pie todo al rededor de el. Pero 
volviendo inmediatamente con nueva furia so- 
bre la playa, la cubria de enormes rollos de 
agua, que levantando hasta las nubes la proa 
del buque, arrojaban mucho mas aca de la 
libera al infelice Pablo, con las piernas todas 
ensangrentadas, magullado el pecho y casi sin 
aliento. 

Apenas recobraba el miserable joven el uso 
de los sentidos, quando se levantaba y volvia 
con nueva intrepidez acia el navio, que los 
golpes de mar iban abriendo por instantes con 
horribles cruxidos. Toda la tripulacion de- 
sauciada ya de poder salvar la vida en el buque, 
se precipitaba en tropel al mar, los unos en los 
gallineros, los otros en las vergas ; y la mayor 
parte en toneles y tablones. 

Viose entonces el objeto mas digno de eter- 
na compasion, que fue presentarse en la gale- 
ria de popa del San Gerando, una joven con 
los brazos tendidos acia aquel que hacia tantos 
esfuerzospor llegar a ella. Esta joven era la 
infeliz Virginia, quien desde luego conocio a 
Pablo por su intrepidez y denuedo. 

La vista de esta amable criatura, expuesta 
a tan inminente peligro, acabo de consternar a 
todos los expectadores, particularmente quan- 
do 



PABLO Y VIRGINIA. H& 

do advertimos que nos hacia serial con la ma - 
no, aunque con cierto ayre de nobleza y tran- 
quilidad, como diciendonos, a Dios para 
siempre. Todos los marineros se habian echa- 
do al agua, menos uno que se conocia inten- 
taba persuadirla a que se desnudara y salvara 
la vida por este medio, arrojandose con el al 
mar ; mas ella resistiendplo con dignidad, le- 
vant 6 los ojos al cielo y huyo de alii. Grita- 
ron entonces todos los concurrentes : " salva- 
" la, salvala; no la desampares !" Pero en 
aquel mismo instante, una montana de agua 
se introduxo entre la isleta del Ambar y la cos- 
ta, y se abalanzo bramando acia el navio, al 
qual ainenazaba con sus flancos negros, y sus 
cimas espumosas y encrespadas. A tan terrible 
aspecto, el marinero se arrojo solo al mar; y 
Virginia,, viendo la muerte inevitable, se ciiio 
con una mano los zagalejos, puso la otra sobre 
el corazon, y levantando al cielo sus ojos sere- 
nos, se mostro como un angel que remonta sa 
vuelo acia el empireo- 

O dia espantoso! ay de mi ! todo fue su- 
mergido. La ola liizo retirar muy tierra aden- 
tro a una parte de los espectadores, que por un 
sentimiento de humanidad : se habian acercado 
a socorrer a Virginia, igualmente que al mari- 
nero que la quiso salvar a nado,. Aquel hom- 
bre caritativo, viendose libertado de una muer- 
n 2. te- 



i50 PABLO Y VIRGINIA. 

te casi cierta, se arrodillo en la arena, y excla- 
mo : " O Dios mio ! vos me habeis salvad9 
" la vida ; pero la hubiera dado muy contento 
" por esta modesta y virtuosa doncella que ja- 
44 mas ha querido desnudarse como yo." 

Domingo y yo retiramos de las aguas al des~ 
graciado Pablo, privado de sentido, y arrojan- 
do sangre por boca y oidos. El gobernador 
mando entregarle a los cirujanos ; y entretanto 
nos pusimos a buscar por toda la playa el cuer- 
po de Virginia* Pero cambiandose repentU 
namente el viento, como sucede de ordinario 
en los huracanes, tuvimos el dolor de creer que 
ni aun podriamos tributar a esta malograda jo- 
ven los ultimos honores de la sepultura. Con 
esta zozobra nos alejamos de aquel sitio llenos 
de la mayor consternacion y pena, no solo no- 
sotros, sino todos los que fueron testigos de 
un naufragio tan lastimoso, en que perecieron 
muchas personas, y particularmente una mu- 
chacha como Virginia, digna de mejor suerte 
por sus virtudes. Pero los decretos ocultos de 
la Providencia son siempre adorables para el 
hombre religioso. 

En este intermedio fuimos a ver a Pablo 
que ya empezaba a recobrar el uso de los sen- 
tidos en una habitacion inmediata, donde le 
depositaron mientras volvia en si, y se ponia 
en estado de ser conducido a la de su madre. 

Pero 



VABLO Y VIRGINIA. 151 

Pero yo tuve que volverme desde alii con Do- 
mingo, a fin de preparar a la madre de Vir- 
ginia yasu amiga, a recibir la primera noticia 
de un fracaso tan inesperado como infausto. 

Quando llegamos a la entrada del valle del 
rio de los Lataneros, nos dixeron unos negros 
que el mar arrojaba muchos despojos del San 
Gerando en la playa de enfrente. Baxamos al 
instante a ella, y uno de los primeros objetos 
que descubri en la libera, fue el cuerpo de 
Virginia, medio enterrado en la arena, y en la 
misma actitud en que aeababamos de verla 
perecer. Sus facciones no estaban sensible- 
mente alteradas: los qjos los tenia cerrados, 
aunque resaltaba todavia en su frente la se- 
renidad, y solamente se veian confundidas 
en sus mexillas las palidas violetas de la 
muerte, con las rosas del pudor. Tenia una 
mano sobre su ropa y la otra sobre el 
corazon ; pero tan fuertemente apretados 
los dedos, que me costo mucho trabajo 
quitarle una caxita que tenia en ella, Mas 
i qual fue mi sorpresa quando vi que era el 
retrato de Pablo, a quien habia prometido no 
desprenderse de el hasta la muerte ! Con este 
ultimo testimonio de la constancia y amor de 
la infeliz Virginia, Uore amargamente ; y Do- 
rningo golpeandose el pecho, penetraba el ayre 
con dolorosos ayres. Llevamos el cadaver a 

una 



152 PABLO Y VIRGINIA, 

una choza de Pescadores, y se le dimos a guar 
dar entretanto a unas pobres mugeres^ de la 
costa de Malabar, que cuidaron de lavarle. 

Mientras ellas se ocupaban en tan triste mi- 
nisterio, subimos nosotros temblando a la ca- 
bana de madama de la Tour, a quien encon- 
tramos rezando con Margarita, y esperando 
noticias del San Gerando. Luego, que me 
avisto madama de la Tour, exclamo : 4i I Don- 
" de esta mi hija, la hija querida de mis en- 
" tranas ? i donde esta mi Virginia?" Y no 
pudiendo dudar de su desgracia, por mi silen- 
cio y mis lagrimas, le asalto repentinamente 
una mortal congoja, que embargandole la voz, 
no le permitia mas que soilozar. Margarita 
exclamo ai mismo tiempo : u e Donde esta mi 
" hijo ? yo no veo a mi hija !" y en esto se 
acor.gojo* Corrimos a socorrerla, y habiendo 
contribuido por nuestra parte a que volviera 
en si y le asegure que Pablo vivia, : y quedaba 
al cuidado del gobernaclor ; con cuya noticia 
recupero sus sentidos, y solo se ocupo en la 
asistencia de su amiga, a quien asaltaban largas 
congojas. Por fin, madama de la Tour paso 
todala noche en aquellas crueles agonias, que 
por su mucha duracion me acabaron de con* 
firmar que no hay dolor igual al dolor mater- 
no* Quando recobraba el conocimiento, fixa- 
ha sus ojosturbios y desconsolados en el cielo.; 

ypor 



PABLO Y VIRGINIA. 153 

y por mas que su amiga y yo la apretaba- 
mos las manos entre las nuestras, dandole los 
nombres mas carinosos y tiernos, se mostraba 
insensible a estos testimonios de nuestra anti- 
gua amistad, y solo salian de su pecho oprimi- 
*Io sordos gemidos. 

Por la manana fue conducido Pablo a la ha- 
bitacion de su madre, recuperados ya sus sen- 
tidos, aunque sin poder proferir una palabra. 
La primera vista con su madre y madama de 
la Tour, que tanto temia yo al principio, pro- 
duxo mejor efecto que todas las precauciones 
tomadas por mi hasta entonces. Un rayo de 
consuelo se dexo ver en los semblantes de 
aquellas infelices madres, las quales arriman- 
dose a el, le besaron y dieron muchos abra- 
zos, comenzando a correr abundantemente 
sus lagrimas, que el exceso del dolor habia 
tenido embargadas hasta aquel momento. No 
tardo Pablo en mezclar las suyas con las de el- 
las ; y habiendose desahogado asi la naturale- 
za en aquellas tres victimas de la desgracia, un 
largo sopor se sucedio al estado convulsivo de 
su pena, que les proporciono una especie de 
reposo letargico, semejante, en cierto modo, 
al d^ la muerte. 

/tyr. de la Bourdonais me envio a decir re- 
servadamente, que el cuerpo de Virginia ha- 
bia sido conducido por orden suya a Puerto- 
Luis, 



154 PABLO Y VIRGINIA. 

Luis, desde donde pensaba trasladarlo a la 
Iglesia de las Pamplemusas, Baxe al bistante 
al puerto, donde haiie corgregados colonos de 
todos los puntos de la isla para asistir al entier- 
ro, como si todo el pais hubiera perdido la 
prenda de mas subido precio. Las naves de 
la bahia con las vergas cruzadas, y los pavel- 
lones tremoiantes dispan bin canonazos de 
tiempo en tiempo ; los granaderos abrian el 
camino del acompaaamiento lugubre con los 
fusiies a la funerala ; sus tambores cubiertos 
de arriba abaxo de crespon negro sonaban sor- 
da y melancolicamente, y se veia retratada la 
imagen de la tristeza en los semblantes de 
aquellos guerreros, que tantas veces habian 
arrostrado la muerte en la pelea, sin inmutar- 
seles el color. Ocho doncellas de las mas 
principals de la isla, vestidas de bianco y con 
palmas en las manos, lievaban el cuerpo de su 
virtuosa compafiera cubierto de flores. Se- 
guialas un coro de nifios que entonaban him- 
nos y canticos de alabanzas ; y en pos de ellos 
iban las gentes mas distinguidas de la isla, y el 
estado mayor de la plaza, presidido por el go- 
bernador, que cerraba el acompanamiento, y 
una infinidad de personas del pueblo* 

Esto fue lo que el gobernador dispuso para 
tributar los debidos honores a la virtud de 
Virginia ; pero quando llegaron con el cuerpo 

al 



PABLO Y VIRGINIA, 155 

al pie de esta montaiia y a la vista de estas ca- 
banas (que tanto tiempo habia hecho felices 
con su presencia, y ahora despues de su muerte 
cansan mi mayor tormento), toda la pompa 
funebre se desordeno : los himnos y canticos 
cesarbn repentinamente, y no se oia mas que 
los gritos y lamentos de todos los concurrentes. 
Las madres pedian a Dios una hija como ella : 
las hijas una modestia y obediencia igual a la 
suya : los pobres una amiga tan tierna ; los 
esclavos una ama tan bondadosa y benefica •*: 
finalmente todos, todos, jovenes y ancianos 
padres e hijos, ricos y pobres, grandes y pe- 
quenos, Uoraban sobre su feretro la suerte de 
Virginia. 

Quando llego al lugar de su sepultura, las 
Negras de Madagascar y las Cafres de Mo- 
zambique, presentaron en su entierro canas- 
tillos de frutas, y colgaron de los arboles cer- 
canos, telas y estofas de diferentes generos, 
segun la costumbre de su pais ; y las Indias de 
Bengala y de la costa de Malabar, lle\^aron 
jaulas con muchos y diversos paxarillos, a los 
quales dieron libertad sobre la misma tumba 
de Virginia. } Quan cierto es que todas las 
naciones se interesan en rendir homenage a la 
virtud desgraciada, reuniendose de comun 
acuerdo al rededor de su sepulcro ! 

Fu^ 



166 £ablo y vxrgixia. 

Fue enterrada cerca de la iglesia de las Pam- 
plemusas, al pie de un grupo de bambiies, 
donde gustaba descansar, sentada al lado de 
aquel que ella ilamaba hermano, quando iba a 
misa con su madre y Margarita. 

Acabada la pompa funebre, Mr. de la Bour- 
donais subio a estas cabanas, acompaiiado de 
una parte de su numerosa comitiva, y ofrecio 
a madama de la Tour y a su amiga todos los 
auxilios que estuviesen de su parte, expre- 
sandoles en breves, pero energicas paiabras, 
la indignacion que le habia causado el proce- 
der de su inhumana tia. Despues se dirigio a 
Pablo, y 16 dixo quanto juzgo 'mas oportuno 
para consoiarle en tan lastimosa situacion. Y 
animandole a que se embarcara quanto antes 
para Francia, donde le prometia toda su protec- 
cion en la corte, y cuidar entretanto de su ma- 
dre, como de la suya misma, le alargo le 
manodeamigo; mas Pablo retiro la suya, y 
volvio la cara a otro lado por no mirarle. 

Yo, pues, en semejantes circunstancias de- 
termine quedarme para hacer compania a mis 
desgraciadas amigas, y darles, igualmente que 
a Pablo, todos los consuelos que me fuesen 
posibles. Pasadas tres semanas se hallo Pablo 
en estado de poder andar ; pero parecia que se 
aumentaba su tristeza a medida de que su 

cuerpo 



PABLO Y VIRGINIA. 157 

cuerpo iba adquiriendo vigor. Mostrabase 
insensible a todo ; sus ojos estaban amorti- 
guados, y no respondia a nada de lo que se le 
preguntaba. Madama de la Tour, mas muerta 
que viva, le decia muchas veces : " Hijo mio, 
" jamas te veo, que no me parezca ver a mi 
" amada Virginia." Al oir Pablo el nombre 
de Virginia se estremecia y se alejaba de ella, 
a pesar de las voces e instancias de su madre 
para que no se apartara de alii, y encaminan- 
dose al jardin se sentaba al pie del cocotero de 
Virginia, y fixaba los ojos en su fuente. 

£1 cirujano del gobernador, que con el may- 
or esmero le habia asistido, nos dixo un dia, 
que para quitarle la negra melancolia que le 
atormentaba, era necesario dexarle hacer todo 
lo que quisiera, sin contradecirle en nada ; y 
que este era el linico medio que habia de ven- 
eer el silencio en que se obstinaba : cuyo con- 
sejo resolvi seguir en lo sucesivo. 

En efecto, luego que Pablo se sintio mas 
restablecido, lo primero que hizo fue alejarse 
de la posesion ; mas como yo no le perdia de 
vista, le fui siguiendo, y dixe a Domingo, que 
nos acompaiiara y Uevara provisiones para al* 
gunos dias. A medida de que Pablo baxaba 
esta montana, parecia que renacian sus fuer^ 
zas y alegria. Tomo desde luego el camino 
de las Pamplemusas, y quando llegamos cerca 
o de 



158 PABLO Y VIRGINIA. 

de la iglesia y del grupo de bambues, se fue en 
derechura al parage donde vio la tierra recien- 
temente movida : arrodillose alii, y levantando 
los ojos al cielo, hizo una larga oracion. 

Este paso me parecio de muy buen agiiero 
para el recobro de su razon, pues semejante 
senal de confianza en el Ser supremo, mani- 
festaba que su alma cqmenzaba a recuperar el 
exercicio de sus funciones naturales. Domin- 
go y yo nos arrodillamos, a exemplo suyo, y 
oramos con el, despues se levanto, y se enca- 
mino acia la parte del norte de la isla, sin ha- 
cer mucho caso de nosotros. Como yo estaba 
cierto de que ignoraba donde se habia deposi- 
tado el cadaver de Virginia, y aun si le habian 
sacado del. mar, le pregunte porque habia ido a 
rezar al pie de los bambues, y me respondio 
suspirando: " Hemos estado alii tantas veces 
" Virginia yyo!" 

Continuo caminando hasta la entrada del 
bosque, donde nos cogio la noche. Alii le 
excite con mi exemplo a tomar un poco de 
alimento, y despues nos recostamos sobre la 
verba al pie de un "arbol, persuadido yo de que 
al dia siguiente resolveria volverse a casa. 
Enefecto, luego que amanecio, estuvo mi- 
rando bastante tiempo acia la llanura de la igle- 
sia de las Pamplemusas, y aun hizo algunos 
movimientos como para retroceder ; pero de 

alii 



PABLO Y VIRGINIA. 159 

alii a un instante se interno repentinamente en 
el bosque, dirigiendo siempre sus pasos acia 
el norte. Conociendo yo su intencion, pro- 
cure distraerle de ella ; pero fueron inn tiles 
mis esfuerzos. Llegamos finalmente cerca de 
medio dia a la punta de los Polvos de Oro, y 
baxo precipitadamente a la playa del mar, en- 
frente del parage donde naufrago el San Geran- 
do ; y a vista de la isleta del Ambar y de su 
canal, entonces terso y apacible como un 
cristal, exclamo : " Virginia ! amada Virgi- 
" nia !" y en esto se desmayo. 

Domingo y yo le conduximos en hombros 
a lo interior del bosque, donde nos vimos muy 
apurados para hacerle volver en si ; y habien- 
dole conseguido, se empeno de nuevo en vol- 
ver a las orillas del mar, hasta que habiendole 
suplicado que no renovara nuestro dolor y el 
suyo con tan crueles memorias, tomo otra di- 
rection. Finalmente, por espacio de ocho dias, 
no ceso de andar de una parte a otra, recor- 
. riendo uno por uno los lugares donde habia 
estado con la compaiiera de su infancia; la 
senda por donde habia ido a pedir el perdon 
para la esclava de Rio-negro ; las margenes 
del rio de los Tres Pechos, donde Virginia se 
sento por no poder andar, y la parte del bosque 
donde los dos se extraviarom Todos los sitios 
que le recordaban las inquietudes, los entrete- 

nimientos. 



160 PABLO Y VIRGINIA. 

nimientos, los banquetes, la beneficencia de su 
querida Virginia ; el rio de la Montaiia-larga, 
mi cabana, la cascada inmediata, el papayo 
plantado por su mano, los cruzeros de la flo- 
resta donde ella se complacia en cantar, la era 
6 explanada inmediata a su casa donde gustaba 
de correr ; todos estos sitios, repito, le hicie- 
ron derramar sucesivamente lagrimas de aflic- 
cion ; y los mismos ecos que tantas veces ha- 
bian resonado con los gritos comunes de su 
mutua alegria, no repetian entonces mas que 
estos acentos deloridos : " Virginia !.,. amada 
''Virginia!" 

Con aquella yida errante y salvage, se le hun- 
dieron los ojos, cubrio su rostro una mortal 
palidez, y su salud se deterioro considerable- 
mente. Persuadido yo de que el sentimiento 
de los males presentes se duplica con el re- 
cuerdo de los placeres pasados, y que las pa- 
siones crecen y se fortifican con la soledad, 
resolvi apartar a mi infeliz amigo de los lu- 
gares que renovaban la memoria de la perdida 
de la prenda de su amor, y trasladarle a otro 
parage de la isla donde encontrase mas distrac • 
cion y variedad de objetos. 

A este efecto le lleve a las alturas habitadas 
del distrito llamado de Williams, donde no ha- 
bia estado nunca, y en cuya parte de la isla, la 
agricultura y el comercio estaban a la sazon en 

su 



PABLO Y VIRGINIA. 161 

su mayor auge y actividad, pucs por todas 
partes habia quadrillas de earpinteros, que cor- 
tabaii maderas, y otros que las serraban en 
tablones ; carretas que iban y venian de una 
parte a otra, por todos sus caminos ; grandes 
manadas de bueyes y de caballos, que pasta- 
ban en su fertil campina, y una infinidad de 
easas distribuidas por los campos. Por otro 
lado la elevacion del suelo permite plantar alii 
en muchos parages diversas espeeies de vege- 
tales de la Europa, y se veian aqui y alii 
mieses doradas en la Uanura, verdes tapetes de 
fresales en los descampados de los bosques, y 
a lo largo de los caminos setos de rosales, 
Ademas de esto, la frescura. del ayre que alii 
se respira, dando tension a los nervios, es, 
por consiguiente, favorable a la salud, aun de 
los mismos blancos. 

Desde aquellas alturas, situadas casi en el 
centro de la isla> y rodeadas de grandes bos- 
ques, no se descubre ni el mar,, ni Puerto-Luis, 
ni la iglesia de las Pamplemusas, ni otro obje- 
to que pudiera excitar en Pablo la memoria de 
Virginia. Las mismas montaiias que se pre- 
sentan a la vista en diferentes graduaciones por 
el lado de Puerto Luis, no ofrecen, miradas 
desde las llanuras de Williams, mas que un 
promontorio en linea recta y perpendicular, en. 
o 2 el 



162 PAB.LO Y VIRGINIA, 

el qual sobresalen varios picachos muy eleva- 
dos, donde se apiiian las nubes. 

A aquellas Uanuras, pues, conduxe yo a 
Pablo, trayendole en continuo movimiento de 
una parte a otra, de noche y de dia, al agua y 
al sol, y aim extraviandole de proposito en los 
bosques, prados y campos, con el fin de dis- 
traer su animo con la fatiga del cuerpo, y de 
hacerle mudar de reflex Jones con la ignorancift 
del lugar donde nos hallabamos, y del camino 
que habiamos perdido. Pero el alma de un 
amante encuentra en todas partes los vestigios 
del objeto amado : la noche y el dia, el bullicio 
y la soledad, el tiempo mismo, que se lleva 
tras si tantas memorias, nada puede apartarle 
de el,bien asi como la aguja magnetizada, que 
por muchas agitaciones que padezca, se vuelve 
acia el polo que la atrae, inmediatamente que 
la dexan en reposo. Y asi, quando yo le pre- 
guntaba a Pablo, extraviado en medio de un 
bosque ; CI | Adonde iremos ahora?" se volvia 
acia el norte, y me decia : " Alii estan nues- 
" tras montanas: volvamonos a ellas." 

Bien pronto conoci que todos los medios, 
discurridospormi paradistraerle, eran inu tiles, 
y que no me quedaba otro recurso que comba- 
tir su pasion con sus mismas armas, valien- 
dome para esto de todas las fuerzas de mi debil 

razon ; 



PABLO Y VIRGINIA. 1G3 

razon ; y asi le respond! : " Si ; aquellas son 
" las montanas donde vivia tu querida Virgi- 
" nia, y este el retrato que le diste junto a la 
44 fuente de los cocoteros, y que ella conservo 
"hasta el ultimo instante de su vida." Al 
punto que Pablo vio el retrato, me le arranco 
de las manos con una especie de furia, comen- 
zo a temblar, y se inflamaron los ojos, dete- 
nidas en ellos las lagrimas, sin poder correr. 
Yo entonces viendole tan inmutado, le hice 
las reflexiones siguientes : 

" Escucha mis razones, querido Pablo, que 
" soy tu amigo, y lo he sido igualmente de 
" Virginia, y no ignoras que he procurado 
4i siempre, en medio de vuestras esperanzas, 
44 fortificar vuestra razon contra los accidentes 
44 imprevistos de la vida. £ De que te lamen- 
" tas con tanta amargura ? de tu desgracia, 6 
" de la de Virginia ? 

44 I Te lamentas de tu desgracia ? sin duda 
iC que es muy grande, pues has perdido la me- 
_"jor de-las mugeres, que habiendo sacrifica- 
" do sus intereses a los tuyos, te prefirio a los 
u bienes de la fortuna, como el unico premio 
4( digno de su virtud. Pero I que sabes tu si 
u el objeto de quien podias esperar una felici- 
4C dad tan pura, tal vez seria para ti la causa de 
" una infinidad de males ? Virginia era pobre y 
4 estaba desheredxida ; y tu unicamente la po- 
dias 



164 PABLO Y VIRGINIA. 

" dias mantener con el trabajo de tus manos. 
" Habiendose criado con mas delicadeza que 
" tu, y adquirido mas valor con su misma 
44 desgracia, la hubieras visto desmejorarse de 
* 4 dia en dia, esforzandose en partir contigo el 
" peso de tus fatigas. i Quanto no se acrecen- 
" tarian tus penas y las suyas, si teniendo hi- 
" jos manana u otro dia, os vierais precisados 
44 a mantener, con solo tu trabajo, a vuestras 
44 ancianas madres, y una dilatada familia ! 

" Tu me diras que el gobernador os ayuda- 
* ria, pero I quien sabe si en una colonia, 
16 donde se mudan tan amenudo los goberna- 
" dores, hallariais otro como Mr. de la Bour- 
u donais ? I quien te asegura a ti que el que 
" venga despues de el, no sea hombre de ma- 
" las costumbres, y peor modo de pensar ? Y 
u en este caso, 6 vivirias pobre toda tu vida, 
" 6 te expondrias a las asechanzas de su cor- 
14 rupcion por conservar tu honor y el de tu. 
M esposa, siendo perseguido por aquellos mis- 
u mos de quienes espenibas proteccion y am- 
M paro. 

" Me podras decir que a lo menos go^arias. 
Cfr de la felicidad independiente de la fortuna, 
w esto es, de proteger al objeto amado, que se 
" estrecha con nosotros en proporcion de su 
" misma debilidad ; de consolarle con tus pro- 
H pias inquietudes ; de alegrarle con tu misma 

" tristeza,, 



PABLO Y VIRGINIA. 16> 

u tristeza, y de aumentar el amor con vuestras 
M penas mutuas. No hay duda que la virtud 
" y el amor, en los matrimonlos bien avenidos, 
" gozan de estos placeres amargos. Pero Vir- 
" ginia ya no existe, y te quedan los dos ob- 
" jetos, que despues de ti ha amado mas en 
" este mundo, que son su madre y la tuya, a 
" quienes tu dolor inconsolable hara descen- 
" der al sepulcro. Pon, pues, tu dicha en 
" ayudarlas, como la tenia puesta ella misma, 
" La beneficencia, hijo mio, es la felicidad de 
" la virtud, y no hay otra mayor ni mas segura 
" que ella sobre la tierra* Los proyectos de 
fc placeres, de tranquilidad, de delicias, de 
u abundancias y de gloria, no estan hechos 
u para el hombre debil por naturaleza, y pa- 
u sagero en esta vida. Observa como un paso 
" dado hacia la fortuna, nos ha precipitado a 
41 todos de abismo en abismo. Verdad es que 
" tu te opusiste al viage de Virginia ; pero 
" l quien diria que no habia de ser para su 
" mayor bien y tuyo ? Las instancias de una 
" parienta anciana y rica, los consejos de un 
" gobernador prudente, los aplausos de una 
" colonia, las exhortaciones y autoridad de un 
" ministro de Dios, han decidido de la suerte 
" de Virginia. Asi regularmente corremos a 
i4 nuestra perdicion, deslumbrados con las es- 
44 peranzas de un mundo engaiiador. Pero al 

" cabo. 



106 PABLO Y VIRGINIA. 

u cabo, de tantos hombres como vemos tan 
" afanados en estas Uanuras, de tantos como 
" van a buscar fortuna a las Indite, 6 que sin 
44 salir de su casa disfrutan tranquilamente en 
" Europa de los sudores de estos, ni uno solo 
44 hay que no este destinado a perder un dia lo 
" que mas estima, grandeza, fortuna, muger, 
4 ' hijos y amigos. La mayor parte tendran 
44 que aiiadir a esta perdida la memoria de su 
" propia imprudencia ; mastu, entrandoden- 
" trode ti mismo, nada tienes de que repre- 
44 henderte, pues siempre has tratado a Vir- 
44 ginia con las miras mas legitimas, mas puras 
44 y mas desinteresadas. Es verdad que la has 
44 perdido ; pero no ha sido por imprudencia, 
u avaricia u otra falta tuya, sino porque Dios 
" ha querido valerse de las pasiones de otros 
14 para quitarte el objeto de tu amor : Dios, 
" digo, de quien tienes todo lo que eres, que 
u ve todo lo que te conviene, y cuya sa- 
44 biduria no te dexa ningun lugar a la deses- 
" peracion y al arrepentimiento, companeros 
u inseperables de los males de que nosotros 
" hemos sido los autores. 

" Lamentaste de la desgracia de Virginia, de 
" su triste fin y de su estado presente ; y por~ 
" que ? Ella ha padecido la suerte reservada a 
14 la grandeza, a la hermosura y a los imperios 
4< mismos. La vida del hombre, con todos 

sus 



PABLO Y VIRGINIA. Ifi7 

V sus proyectos, se eleva como una torre, ctr- 
44 yo coronamiento 6 remate, es la muerte. 
" Estaba condenada a morir desde el instante 
44 de su nacimiento. i Dichosa ella en haberse 
44 desatado de los lazos de la vida, antes que 
r su madre, que la tuya y que tu mismo, 
44 quiero decir en no haber muerto muchas 
" veces antes de la ultima ! 

M La muerte, hijo mio, es un bien para el 
44 hombre justo ; es la noche de este dia in- 
11 quieto que se llama vida, y el termino de 
44 las enfermedades, pesares, aflicciones y te- 
11 mores que contmuamente agitan a los mise- 
44 ros mortales* Fondea a los hombres que 
44 parecen mas dichosos, y veras quan cara- 
" mente han comprado su pretendida felici- 
%i dad ; la opinion publica a costa de mil males 
" domesticos ; las riquezas a costa de la per- 
fC dida de la salud ; el placer tan raro de ser 
44 amado a costa de continuos sacrificios ; y re- 
44 gularmente al fin de una vida sacrificada a 
44 los intereses de otro, no ven al rededor de 
44 si, mas que amigos falsos y parientes in- 
44 gratos. Pero Virginia ha sido feliz hasta el 
14 ultimo momento : lo fue en nuestra compa- 
44 iiia con los bienes de la naturaleza, y lejos 
ii de nosotros con los de la virtud ; y aun en 
44 el instante terrible en que la vimos perecer 
44 fue igualmente feliz ; porque ya echase los 

44 ojos 



168 PABLO Y VIRGINIA. 

" ojos sobre toda una colonia, en cuyos habi- 
" tantes causaba una desolacion universal, ya 
44 los echase sobre ti, que con tanta intrepidez 
44 volabas a su socorro, tuvo el consuelo de 
44 ver quan amada era de todos. Fortificada 
44 enaquel momento con el testimonio de la 
44 inocencia de su vida, recibio entonces el 
44 precio que el cielo reservaba a su virtud, un 
44 valor superior a los riesgos : en una palabra, 
44 presento a la muerte un rostro sereno. 

" Dios, hijo mio, da en que merecer a la 
" virtud en los varios lances de la vida, para 
" manifestar que ella sola es la que puede hal- 
" lar felicidad y gloria en los acontecimientos 
" mas terribles. Quando le reserva una repu- 
" tacion ilustre, la eleva sobre el gran teatro 
64 del mundo y la pone en combate con la 
" muerte ; entonces su valor sirve de exem- 
•• plo, y la memoria de sus desgracias recibe 
u para siempre un tributo de lagrimas de la 
" posteridad, Ve aqui el monumento inmor- 
" tal que esta reservado para la virtud, en una 
" tierra en que todo pasa, y hasta la memoria 
44 de la mayor parte de los grandes, es sepultada 
44 en eterno olvido. 

44 Pero Virginia vive todavia. El mismo 
44 Dios que la crio la hace feliz, premiando 
44 sus virtudes. Ya sabes, hijo mio, que hay 
" 4 un Ente supremo, a quien toda la natura- 

44 leza 



PABLO Y VIRGINIA. 15/ 

leza anuncia, y cuya existencia te dicta tu 
mismo corazon, penetrado de la grandeza 
de sus obras, que estan a la vista de todos. 
El es el que premia las virtudes, 6 castiga 
severamente los vicios, sin que ningun mor- 
tal pueda frustrar los decretos de su justicia. 
La religion te lo ensena, y no necesito de- 
tenerme ahora en probarte una verdad de 
que estas bien convencido. Ah ! si Virgi- 
nia ha sido feliz con nosotros, lo sera actual- 
mente mucho mas con la posesion de su 
criador. Asi es de esperar de la infinita 
bondad de Dios, y de la justicia con que 
juzga a sus criaturas. Vuelvo a repetir : 
Virginia es feliz en el cielo : y si desde la 
morada de los angeles pudiera comunicarse 
a ti, te diria como por ultima despedida : O 
Pablo ! la vida no es mas que una continua 
prueba, Yo atravese los mares por obede- 
cer a mis padres ; renuncie las riquezas por 
conservar mi fe, y prefer! la muerte a la 
violacion del pudor. El cielo me ha liberta- 
do, en premio, de la pobreza, de la calum- 
nia y de todos los males, que afligen al 
linage humano en ese globo de miserias, 
donde la vida esta en continua lucha con la 
muerte, y la inocencia con. la injusticia ; y 
i tu me lamentas ! Aqui gozo de una dicha 
etema e inefable ; sin mezcla de disgustos 
p ni 



158 PABLO Y VIRGINIA. 

" ni zozobras que la perturben. Sufre, pues, 
" el estado de prueba, en que te ha puesto la 
" providencia en ese mundo, para ser feliz 
" conmigo en este por toda una eternidad, 
" Aqui tendran fin tus penas, y se enjugaran 
" tus lagrimas. O Pablo ! Pablo ! eleva tu al- 
<£ ma a lo infinite, para soportar los trabajos 
" de un instante." 

Al llegar a aqui, mi propio acaloramiento 
puso fin a mi discurso. Pero Pablo miran- 
dome de hito en hito, exclamo.: " Pero el- 
■ ' la no vive ! ella no vive V* y una larga con- 
goja se siguio a estas dolorosas expresiones. 
Despues, volviendo en si, me dixo : " Ya 
M que la muerte es un bien, y Virginia feliz, 
" quiero morir quanto antes para juntarme con 
"ella." De modo que las mismas razones 
con que yo procuraba consolarle, solo sirvie- 
ron para fomentar mas su pena ; y me vi en- 
tonces en el mismo caso de un hombre que 
intenta salvar a su amigo, que se sumerge en 
un rio, sin querer nadar. El dolor tenia su- 
jnergido a Pablo, Ay de mi ! las desgracias 
de la primera edad disponen al hombre para la 
entrada de la vida ; y Pablo no habia experi- 
mentado ninguna. 

Volvimos, por fin, a su cabana, donde en- 
contre a su madre y a madama de la Tour en 
peor estado que antes de nuestra salida ; pero 

particularmente 



PABLO Y VIRGINIA. 159 

p^rticularmente Margarita era la que se hallaba 
mas abatida de animo. Los genios vivos, en 
los quales hacen poca mella las penas ligeras, 
son los que menos resisten a las grandes pesa- 
dumbres. 

Consolelas del modo posible, y Margarita 
me conto lo siguiente : " Sabed, vecino, como 
' esta noche me parecio ver a Virginia vestida 
4 de bianco en medio de florestas y jardines 
4 deliciosos, que me decia : Yo gozo de una 
4 felicidad digna de envidia. Despues se acer- 
* co a Pablo con semblante muy risueno, y 
4 se le Uevo consigo ; y como yo hiciese es- 
4 fuerzos para detener a mi hijo, experimente 
4 que yo misma dexaba la tierra, y le seguia 
4 con un gusto indecible. Quise entonces 
4 despedirme de mi amiga, mas vi que nos 
4 seguia con Domingo y Maria. Pero lo que 
4 me parece mas extrano (continuo) es que 
4 madama de la Tour ha tenido un sueiio es- 
4 ta noche, acompanado de las mismas cir- 
4 cunstancias." 

Como ellas no eran supersticiosas, me per- 
suadi desde luego, que el sueno podria tener 
alguna analogia con otros de que nos hablan 
las historias, que han sido mirados como in- 
spiraciones del cielo. Pero sea como quiera, 
lo cierto es que el de estas infelices mugeres, 
tardo bien poco en realizarse. Pablo murio 

dos 



160 PABLO Y VIRGINIA. 

dos meses despues de su amada Virginia, cu- 
yo nombre no cesaba de pronunciar. Marga- 
rita vio acercarse su fin ocho dias despues de 
la de su hijo, con una alegria, que solo la vir- 
tud es capaz de experimental despidiendose 
con la mayor ternura de madama de la Tour, 
con la esperanza, como ella decia, de una dul- 
ce y eterna reunion en la otra vida. 

El gobernador se encargo de la subsistencia 
de Domingo y Maria, que ya no se hallaban 
en estado de servir, y no sobrevivieron mucho 
tiempo a susamas. El pobre Leal tambien 
murio de pur a vejez, casi al mismo tiempo 
que su amo. 

La que se sostuvo, en medio de tantas des- 
gracias, con increible grandeza de alma, fue 
madama de la Tour, a quien yo lleve a mi 
compania. Esta valerosa muger, despues de 
haber consolado a Pablo y Margarita, como si 
ella no tuviese otros males que Uorar mas que 
los de estos, me hablaba todos los dias de ellos, 
como de unos amigos estimados que vivian en 
las inmediaciones. Pero tampoco les sobrevi- 
vio sino un mes. 

Por lo que mira a la tia de Paris, lejos de 
atribuirle madama de la Tour sus males, pedia 
a Dios la perdonara, y libertara su espiritu de 
las horribles inquietudes, que segun supimos 
despues, la agitaron desde que tuvo la inhu- 

manidad 



PABLO Y VIRGINIA. 1*1 

manidad de despedir de su casa a Virginia. 
Pero esta tia desapiadada, no tardo en experi- 
mentar el castigo de su dureza, pues por varias 
embarcaciones que posteriormente llegaron a 
estaisla, se supo que estaba poseida de una 
especie de melancolia, que le hacia igualmente 
insoportables la muerte y la vida» Tan pronto 
se achacaba a si misma el fin prematura de su 
sobrinita, y la muerte de su madre, que a ella 
se habia seguido ; tan pronto se aplaudia de 
haber desterrado de su vista a dos infelices 
que por su baxo modo de pensar, como ella 
decia 5 habian deshonrado su casa y familia. A 
veces volviendose furiosa a vista de tantos po- 
bres como hay en Paris : " I Porque no los 
" envian," exclamaba, "a estos haraganes a 
44 perecer en nuestras colonias ?" A tempora- 
das daba en ser devota, y otras por el extreijio 
opuesto, sin acertar jamas a guardar el justo 
medio de una virtud sincera y constantemente 
seguida. En suma, lo que mas acelero el ter- 
mino de su miserable vida, fue el remordi- 
miento que la devoraba de haber sacrificado 
los sentimientos naturales de la sangre, a la 
avaricia de su corazon y a la vanidad de su fa- 
milia ; y aim tuvo el desconsuelo de ver pasar 
sus bienes a unos parientes que aborrecia. Y 
habiendo intentado, en venganza, enagenar lo 
p 2 mas 



162 PABLO Y VIRGINIA. 

mas pingiie de su patrimonio, porque no re- 
cayera todo en ellos, los mismos parientes, 
aprovechandose de la especie de mania a que 
estaba sujeta, la hicieron encerrar como loca, 
y pusieron sus bienes en administration. Asi 
que sus mismas riquezas fueron la causa de 
su perdition ; y como ellas habian empeder- 
nido el corazon de la que las poseia, por la 
misma razon endurecieron el de los que las 
deseaban. En suma, para colmo de su des- 
gracia, murio con bastante conocimiento para 
verse despojada y ultrajada por aquellos que la 
habian dirigido durante su vida. 

Cerca del supulcro de Virginia, al pie del 
grupo de bambues 6 canas, fue enterrado su 
amigo Pablo ; . y al rededor de ellos sus tiemas 
madres, y los fides criados Domingo y Maria. 
Sobre sus humildes sepulturas no se elevaron 
marmoles, ni se grabaron inscripciones en 
loor de sus virtudes ; pero en recompensa de 
estos vanos aparatos, ha quedado indeleble su 
memoria en los corazones de aquellos, a 
quienes tienen obligados con beneficios. Sus 
sombras no tienen necesidad del esplendor, de 
que huyeron quando vivian ; prefieren al con- 
trario, andar errantes debaxo del pajizo techo 
de las humildes chozas donde habita la virtud 
laboriosa, consolando a la pobreza no contenta 

con 



PABLO Y VIRGINIA,' Ifia 

con su suerte, e inspirando a todos el gusto de 
los bienes naturales, el amor al trabajo y el 
temor de las riquezas. 

La voz del pueblo, que calla sobre los mo- 
numentos elevados a la gloria de los potenta- 
dos y conquistadores de la tierra, ha dado 
nombres a algunos parages de esta isla que 
eternizaran la perdida de Virginia, Se ve cer- 
ca de la isleta del Ambar, en medio de los ar- 
recifes, un sitio llamado el paso del San Ge- 
rando, del nombre del navio en que naufrago 
Virginia. La extremidad de aquella larga pun- 
ta de tierra que veis, a tres leguas de aqui> 
medio cubierta con las olas del mar, y que el 
San Gerando no pudo doblar, la vispera del 
huracan, para entrar en el puerto, se llama el 
Cabo desgraciado ; y ved alii en frente de no- 
sotros, en los confines de ese valle, la bahia 
del sepulcro, donde se encontro entre la arena 
el cadaver de Virginia, como si el mar hubiese 
querido restituirle a su familia, y tributar los 
ultimos homenages a su pudor, en las mismas 
playas que ella habia honrado con la inocencia 
de su vida. 

Jovenes tan tiernamente unidos! madres 
desgraciadas ! amadas familias ! estos bosques 
que os daban su sombra, estas fuentes que 
manaban para vosotros, estos oteros donde 

reposabais 



164 PABLO Y VIRGINIA. 

reposabais todos juntos, lloran todavia el ha- 
beros perdido. Nadie, despues aca, se ha 
atrevido a cultivar esta tierra desolada, ni a 
reedificar estas humildes cabanas. Vuestras 
cabras se han hecho montaraces ; vuestros ver- 
geles estan destruidos ; vuestros paxaros han 
huido ; y solo se oyen los silbidos de los 
gavilanes y aves de rapina que vuelan en torno 
de este recinto de pefiascos. Yo, desde que 
no os veo, soy como un amigo que ya no tiene 
amigos, como un padre que ha perdido a sus 
hijos ; como un viagero que anda errante sobre 
la tierra, donde ha quedado solo, triste y 
afiigido. 

Al acabar estas palabras, echo a andar el 
buen anciano, derramando abundantes lagri- 
mas, y las mias habian corrido mas de una 
vez, durante esta funesta relacion. 



fi*\: 



LAMENTACION DE UNA MUCHACHA QUB 

IMPAGIENTE ESPERA A SU 
AM ANTE. 



" Ya es de noche y me encuentro sola en 
u la colina de las tempestades. El viento so- 
"■pla en la montana, el torrente gime en lo 
" baxo de esta roca, ningnna cabana me 
" ofrece asilo contra la llubia, estoy abando- 
4C nada en la colina de las tempestades. 

"'Sal, 6 Luna, dexa el seno de las nubes ! 
' - Apareced Estrellas de la noche ! J No habra 
Ci alguna luz que me guieal lugar en que re- 
" posa mi amante fotigado de los trabajos de la 
" caza, su arco suelto a su lado, yjadeando 
" sus perros al rededor de el ?....Me veo obli- 
" gada a detenerme aqui, sola en medio de 
" estas rocas, sobre la yerba de las orillas de 
14 este arroyo ! Oigo el murmullo del viento y 
" de las aguas; pero no oigo la voz de mi 
* 4 amante ! 

"Por 



( 178 ) 

" Por que no vienes, J oh Shalgar mio i 
" i Por que tarda el hijo de la colina en cum- 
" plir su promesa ? He aqui el arbol, la roca > 
" y el arroyo murmurador. Tu me prome- 
" tiste estar aqui antes quefuese de noche..., 
11 i Ah ! donde has ido Shalgar mio ! Por tf 
4< he dexado la casa de mi padre, y hui conti- 
" go. Nuestras familias han sido mucho tiem- 
" po enemigas ; pero Shalgar y yo no somos 
" enemigos, 

" i Oh, viento, cesa un momento ! Arroyo, 
" suspende un instante tu murmullo ! Resuene 
" mi voz en todo el monte, llegue a los oidos 
" del cazador que espero, Shalgar ! ; oh aman- 
4i te mio ! Heme aqui : l por que tardas en 
" parecer ? Ay ! nada me responde ! 

<c Al fin la Luna aparece, las aguas brillan 
u en el valle, las rocas pardean en la colina, 
" pero no le veo en lo alto ; sus perros adelan- 
" tandose no me anuncian su presencia ; me 
" quedare, pues, aqui sola y abandonada ? 

" I Pero quienes son los que veo tendidos 
" entre las xams ?...,; Si seran mi amante y mi 
" hermano ?...habladme, amigos mios....Ay ! 
" nada me responden ! El temor hiela mi co- 
" razon....Jah ! estan muertos! Sus espadas 
" estan tenidas en sangre. i Oh, hermano 
" mio ! hermano mio ! Porque has muerto a 
" mi Shalgar? i Oh, Shalgar! Por que has 

" muerto 



( m ) 
H muerto a mi hermano ? i Ay quan caros me 
" eran uno y otro ! I Que dire para celebrar 
" vuestra memoria ? Tu eras bello en la coli- 
ff na entre la multitud de tus companeros ; el 

" era terrible en los combates Habladme, 

" escuchad mi voz, hijos de mi ternura....pe- 
" ro i ay de mi ! callan para siempre : el frio 
r< habita en su seno. 

" i Oh, vosotras sombras de los muertos ! 
" haced oiros desde lo alto de esta roca de la 
" cima del monte de los vientos, hablad y no 
" estare temerosa ! 

";A donde habeis ido a reposar ? c ' en qual 
c< caberna de la colina os encontrare ? pero el 
u viento no me trae respuesta ; no distingo en 
u las tempestades de la colina los debiles soni- 
" dos de la voz de los muertos. 

" En medio de mi dolor voy a sentarme 
" aqui, aguardare la manana Uorando* Eri- 
" gid un sepulcro, j oh vosotros amigos de los 
" muertos ! pero no le cerreis antes que yo 
" Uegue ; siento mi vida huirse de mi como 
" un sueiio. l Por que vivire yo despues de 
" mis amigos ? Mejor es que repose con el- 
" los en la orilla de este rio, Quando descien- 
i ' da la noche sobre el collado, quando sople 
" el viento en las xaras, mi sombra se sentara 
a sobre las nubes, y llorara la muerte de mis 

44 amigos. 



( **> ) 

" amigos. El cazador me escuchara desSe 
"Jo interior de su cabana, temera mi voz, 
" pero la amara, porque mi voz sera dulce 
t: para mis amigos, pues eran caros a mi 
" corazon." 



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